Cuando un país debe ajustar sus tuercas

Beatriz Boza

Escribe: Luis Felipe Gamarra / Foto: Marco Garro
Para que un reloj funcione de forma correcta, sus engranajes deben estar sincronizados. Si una pieza falla, por más minúscula que esta sea, el reloj no sirve. Para Beatriz Boza, socia de la consultora Ernst & Young, si el Estado no cumple su rol regulador, ni las empresas se enfocan exclusivamente en su sector, eso mismo sucede con el Perú a la hora de encaminarse al desarrollo. ¿Cuál es el papel que corresponde a los empresarios en esta nueva etapa?
enfoque_003

Faltan menos de dos meses para que se desarrolle Cade Ejecutivos 2013. En esta cita, que se volverá a realizar en Paracas después de cincuenta años, los empresarios se sentarán a debatir lo que ellos llaman la agenda de largo plazo; un compromiso del sector privado para proponer salidas concretas a retos en educación, salud, infraestructura, seguridad, entre otros desafíos. Beatriz Boza, socia de la consultora transnacional Ernst & Young, conoce el tema. No solo es una protagonista relevante del sector privado, sino que también conoce al Estado por dentro. Tras renunciar a una prometedora carrera en un bufete de abogados en Nueva York, regresó al Perú para ocupar altos cargos en entidades como el Indecopi y PromPerú, y roles protagónicos en el MEF y el BCR. Según su punto de vista, la gran empresa construye la agenda de futuro día a día haciendo mejor lo que ya sabe hacer. Lo demás –advierte– es más caro de lo que parece.

Frente a sucesivos gobiernos que no plantean una agenda de largo plazo, ¿deben los empresarios responsabilizarse de aterrizar un conjunto de propuestas de cara al futuro?

El compromiso del empresariado se traduce a través de su propia actividad: creyendo en el Perú, en la gente, arriesgando su capital, emprendiendo nuevos negocios. ¿Cómo puede aportar más? Haciendo lo que ya hace y mejor, siendo el mejor empleador, pagando sus impuestos, a sus proveedores y a los bancos que lo financian. Siendo además el mejor proveedor de bienes y servicios de calidad, el mejor socio estratégico, el mejor vecino de la comunidad.

Eso es el ideal pero en la práctica, en un país en el que existen 10 millones de personas calificadas como pobres, no es suficiente.

Si eres el mejor en lo que te toca, contribuyes a crear país. Si eres el mejor empleador y no te dedicas a sacar la vuelta al Estado, a la Sunat (contratando al margen de la planilla, pagando sueldo mínimo), venderás confianza a largo plazo. Esos trabajadores, esas familias se sentirán más confiados y apostarán con la misma convicción por el país con su trabajo o con un emprendimiento. El cliente se sentirá más satisfecho y será un consumidor fidelizado con la marca. El vecino sabrá que es posible confiar y sumar. Hacer bien lo que nos toca no es poco.

La informalidad, las trabas para la inversión, la inseguridad ciudadana y el narcotráfico limitan el crecimiento económico. ¿Qué se debe hacer como empresarios ante eso, quedarse callados?

Hay que tener una visión a largo plazo con una visión estratégica aterrizada para cada sector. Pero, sobre todo, establecer diálogo y consenso con la autoridad. Hemos dado pasos enormes en el manejo macroeconómico y en la capacidad reguladora del Estado, que deben fortalecerse aún más. Pero, en el interior del país, existe una reforma de Estado pendiente. Falta un shock de capacidades, y profesionalización en los gobiernos regionales y municipales, donde más hace falta un Estado eficiente. Pero esta carencia no significa que las empresas deban asumir roles que no les corresponde.

«Las empresas pueden generar las capacidades que faltan; pero sustituir al Estado no es una respuesta estratégica. Los empresarios deben participar desde el ámbito de sus negocios. Los que creen que el sector privado lo resolverá todo se equivocan»

enfoque2

¿Diría que algunas empresas, en el afán de corregir las deficiencias del Estado, han tergiversado el concepto de ‘responsabilidad social’?

Existen algunos empresarios, sobre todo en el sur, que quieren poner la marca de su compañía en todo lo que hacen. Entras al colegio y está el enorme letrero con el logotipo de la empresa. Y, en cada acto de responsabilidad social, está su marca. ¿Qué le queda a la población? La sensación de que la empresa es gigante, todopoderosa. Esa es una visión miope y cortoplacista. La mirada de largo plazo está en comprender que el que debe resolver estos problemas es la autoridad. Si le falta capacidad, la empresa puede contribuir generando las capacidades que faltan; pero sustituir al Estado no es una respuesta estratégica.

Los empresarios, en Cade Ejecutivos 2013, que quieren hacer propuestas a largo plazo, o los que buscan intervenir en la política, según su parecer, ¿están equivocados?

El rol gravitante del empresario debe ser la empresa. Pero, desde la crisis del 2008, se manifestó que los esfuerzos de los gobiernos no son suficientes para resolver la recesión ni la codicia desmedida de algunos. Se necesita la participación de la empresa y los empresarios, pero desde el ámbito exclusivo de sus negocios. Los que creen que el sector privado lo resolverá todo se equivocan. Eso ha pasado en algunos lugares donde la falta de Estado obligó a las personas a imaginar a la empresa como el todopoderoso. Eso acabó con conflictos sociales el día en que la empresa trató de explicarles que no fue así.

Pensar en soluciones, partir de una labor concertada entre el sector público y privado, se debería expresar a través de los gremios empresariales pero no ha sucedido así, ¿qué ha pasado?

En el Perú estamos repensando la representación no solo de los partidos políticos y los sindicatos, sino también de los gremios privados. El principal rol de estos es ser la voz de sus representados, pero también es parte de su responsabilidad asesorar, capacitar, promover valores, estándares y, sobre todo, ser garantes de la reputación de sus agremiados. Ha faltado planeamiento estratégico con una visión amplia, no desde la empresa, sino desde la actividad respecto a la sociedad, con una actividad más dinámica para meterse en temas que vayan más allá de sus representados.

¿Están preparados los gremios para dar este salto?

Este es un desafío pendiente. Pero se comienza a ver que una nueva generación entra a asumir roles gremiales. Pasa en la Confiep, en la Sociedad Nacional de Industrias [SIN], donde el liderazgo ha pasado a la siguiente generación. Son ejecutivos con una perspectiva de futuro diferente, con otro ADN, ya no de protegerse de la autoridad, sino de establecer puentes de beneficio mutuo. Son personas que se hicieron empresarios en un mundo de libre mercado, con otra mirada. Pero debemos dejar de pensar que la responsabilidad es solo del gran empresario formal porque aquellos que emprenden la deforestación de la Amazonía también son empresarios, al margen de la legalidad, a los que la autoridad no controla ni exige deberes.

Precisamente el gran empresariado, el formal, es el que la gente identifica como el malo de la película.

Es un tema de prejuicios. En el Perú tenemos la tradición de haber satanizado el éxito, de pensar que si alguien ha salido adelante con su propio esfuerzo, y termina siendo grande, es porque algo hizo mal, porque no lo merece.

UN MEJOR ESTADO

Beatriz Boza trabajó en el sector público porque creyó que la palanca para dar el gran salto al desarrollo estaba en el Estado. Pero el mundo y el Perú cambiaron, y ella también. Ahora, desde su oficina en la torre de Ernst & Young, ubicada en el centro empresarial de San Isidro, cree que para que el país alcance un nivel de progreso pleno se necesita un Estado más eficiente. Pero la clave está dentro de los directorios de las empresas, más que en los pasillos de una entidad pública. Considera que si cada individuo cumple con el rol que le corresponde, sin intervenir en campos que no le tocan, nos acercaremos más al Perú que queremos.

Temas claves para el desarrollo, como salud, educación, seguridad, infraestructura, justicia e innovación, ¿deben quedar al margen del foco de atención de las empresas?

La idea de que los servicios públicos debe prestarlos solo el Estado es un anacronismo. Hemos vivido tiempos en los que era así, en los que solo los que tenían dinero accedían a mejores servicios. Pero ahora que el sector privado participa en sectores como educación o salud las personas pueden elegir pagar una educación privada bilingüe de calidad a precios razonables. Eso no significa que el Estado no tiene un rol, sino que este es diferente. No presta sino regula.

¿Imaginar escuelas públicas de mejor calidad que las privadas es absurdo?

No hace mucho, veinte años atrás, el teléfono, la electricidad y los aeropuertos eran estatales, y crecimos pensando que eso iba a ser siempre así. Pero al ingresar el sector privado la realidad nos demostró el abaratamiento de sus costos y la elevación de su calidad. El Estado debe regular la actividad privada con profesionalismo, en forma sutil, ágil pero contundente, con más fortaleza. Sin embargo, el rol regulador también significa confiar. Es curioso: los peruanos desconfiamos del Estado, lo creemos corrupto, ineficiente. Sin embargo, ante cualquier problema, exigimos que dé más leyes. Es como dar las llaves y el mazo al que sabemos que no lo hace bien.

Pero existen motivos para haber llegado hasta este punto.

Sucede que desconfiamos de aquel que tiene poder porque no nos sentimos empoderados, con derechos. Y, como no nos sentimos empoderados, tomamos las carreteras para que nos escuchen. No somos conscientes de que existen canales y mecanismos para hacer valer nuestros derechos, para que la autoridad nos escuche. En una economía que sigue robusta pero que se desacelera, en un mundo que ya no es color de rosa sino gris, dependerá de que cada persona se sienta más ciudadana, incluidos los empresarios.