Cuando salvar al mundo es un negocio rentable

Por Manuel Eráusquin / Fotos de Santiago Barco
La posibilidad de hacer negocios y cuidar nuestro ecosistema es una realidad que algunos empiezan a avizorar. Antonio Brack, ex ministro del Ambiente, tiene diversos argumentos para demostrar que la rentabilidad y la conservación ambiental pueden conformar una sociedad compatible. Una muestra son los resultados auspiciosos en el ecoturismo, la acuicultura o en los proyectos de energías renovables.
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Hace mucho tiempo que Antonio Brack tiene las cosas bien claras sobre la conservación ambiental. Cree que es un ámbito donde las oportunidades de negocio, manejadas con criterios responsables, pueden alcanzar logros muy importantes para la comunidad. El desarrollo de la acuicultura o el avance en el campo de las energías renovables son ejemplos puntuales sobre cómo una sociedad prospera sin necesidad de contaminar el entorno natural. Un impacto positivo que demuestra otra visión de hacer negocios.

Durante el segundo gobierno de Alan García, Brack se convirtió en el primer ministro del Ambiente del país. Una cartera que había sido creada con entusiasmo pero con muy poco presupuesto. Sin embargo, él hizo de la docencia su mejor arma en el Consejo de Ministros: explicaba de manera didáctica que si el Estado invertía más en las reservas naturales, se atraerían a más turistas y más divisas. Argumento suficiente para obtener mejoras presupuestarias en su ministerio.

En la actualidad conforma el staff de profesores de la flamante Facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad ESAN. Desde la cátedra transmite conocimientos que revelan las distintas oportunidades de negocios que se pueden desarrollar desde el medio ambiente. Negocios que no solo persiguen obtener utilidades monetarias sino también de calidad de vida. El siglo XXI –profetiza– será una época en que la conservación ambiental será protagonista. Afirma que tiene que ser así. Nuestra existencia depende de ello.

La posibilidad de hacer negocios altamente rentables y ser responsables ambientalmente es una opción que todavía varios empresarios no están viendo.
Los líderes políticos y los empresarios están empezando a entender algunas cosas respecto al medio ambiente. Sin embargo, todavía muchos perciben este tema como resultados negativos o de impactos tóxicos. Pero en los últimos años ha comenzado un viraje que se dirige a otro tipo de enfoque, en que se está entendiendo la conservación del medio ambiente como la fuente de buenos negocios, negocios con un alto nivel competitivo en los mercados internacionales. El futuro se encuentra allí, y es el camino a seguir en el siglo XXI.

¿Actividades como la acuicultura, el ecoturismo o las energías renovables pueden ser ideales para ese despegue?
El Perú tiene las condiciones propicias para convertirse en una potencia en acuicultura, ecoturismo, camélidos andinos y energías renovables. Es más, el Perú posee una reserva energética inmensa y podemos darnos el lujo de exportar. Además, tenemos otras áreas para trabajar, como la pesca responsable. El país también dispone de importantes posibilidades en bosques. Tenemos un 60% de territorio en bosques que apenas genera el 1% del PBI nacional. Nunca hemos desarrollado nuestra capacidad forestal. Todavía no está en nuestro chip mental, y eso hay que cambiarlo.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que tenemos como parte de nuestra visión de conservación ambiental y qué nos impide realizar importantes negocios desde ese rubro?
Que la conservación ambiental recién ha ingresado como materia en la educación y que no forma parte del conocimiento masivo. Ni de los políticos ni tampoco de los empresarios. Y no es que sean malos, sino que nadie les ha enseñado la importancia que implica ser responsable en el ámbito de la conservación ambiental. Eso demuestra que la educación tuvo un largo vacío durante mucho tiempo, pero ahora las cosas han empezado a cambiar un poco. Pero otro aspecto que ha jugado en contra es la formación profesional limitada de ingenieros agrónomos, zootécnicos o economistas. Ellos han sido formados para la minería o los servicios, y la visión de los negocios ambientales no ha ingresado. Eso tiene que cambiar, y estos profesionales tienen que incorporar esta nueva opción que existe y que es muy rentable.

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¿Qué proyecciones de despegue económico puede esperar el país invirtiendo en este sector?
En una investigación que hice para el PNUD en 1998 que se llama Desarrollo y biodiversidad hago un cálculo con ecoturismo, acuicultura, pesca responsable, cultivos forestales, camélidos andinos, reciclaje y energías renovables. La proyección de aumento en las exportaciones anuales del Perú se disparaba a diez mil millones de dólares y generaba dos millones de empleos. Cifras muy atractivas y sólidas. Lo que hay que hacer es atraer la inversión para llevar a cabo este tipo de actividades.

Sin embargo, aquí el valor agregado es clave.
Nosotros exportamos madera, pero no exportamos muebles. En ese sentido, el Estado tiene que estimular este tipo de actividades comerciales con incentivos a los empresarios que invierten en dar un valor agregado a nuestras maderas tropicales. Por ejemplo, que se les libere del impuesto a la renta durante diez años. Así han hecho muchos países para que se desarrollen estas actividades. Otra área importante es la acuicultura, donde hace veinte años estábamos en cero y hoy estamos exportando 280 millones de dólares al año. Una vez que se vea que esto es económicamente rentable habrá una explosión.

Usted fue el primer ministro del Ambiente y creó las bases de esa cartera ministerial. ¿Hasta qué punto se pudo avanzar?
Primero se tenía que abordar estos temas con mucha pedagogía con los ministros y con el presidente. Había que tener paciencia porque este tipo de visión no estaba en el conocimiento general de las personas. Entonces había que explicar que teníamos 19 millones de hectáreas de áreas protegidas, de parques nacionales o reservas nacionales. El presupuesto destinado para su cuidado inicialmente fue miserable. Pero cómo convencimos al ministro de Economía y al presidente para obtener un presupuesto mayor. Sencillamente les explicamos con proyecciones económicas que esas áreas podían ser rentables si invertíamos más. Nada de pajaritos u ositos de anteojos. El sustento tenía que ser económico.

¿De qué manera se podía generar rentabilidad en esas áreas naturales?
Explicamos en el Consejo de Ministros que estábamos invirtiendo en las áreas protegidas, como el Manu, Huascarán o Paracas, diez millones de soles. Sin embargo se les expuso que el ecoturismo en esas zonas estaba ganando mil millones de dólares al año, y eso se debía al millón de turistas que visitaba esos sitios. Divisas nada desdeñables para el país. Pero formulamos la pregunta de cuánto se ganaría si el Estado mejoraba los servicios e invertía el cuádruple. El crecimiento de la rentabilidad era innegable y nos dieron cuatro veces más de presupuesto sin hablar del oso de anteojos o las especies en peligro de extinción.

El caso de la reserva de Paracas es bastante interesante. Han logrado conservar el medio ambiente y obtener rentabilidad.
Paracas dispone de cuatro hoteles de seis estrellas y ahora la playa Chaco tiene nuevo embarcadero, restaurantes y todos los servicios para ir a las islas Ballestas y para hacer excursiones. Con estas condiciones, la reserva de Paracas recibe a 160 mil turistas extranjeros al año y deja para la provincia de Pisco más de doce millones de dólares, que están repartidos entre los que tienen restaurantes, hoteles o transportes. Ese es el impacto del buen negocio ambiental: lograr que un área genere actividad económica conservándola.

Otros rubros de importancia se identifican en el reciclaje y en la emisión de bonos de carbono.
El reciclaje es otro de los ámbitos que las empresas han podido identificar como rentables. Por ejemplo, Kimberly-Clark está reciclando papel y ha organizado a todos los ministerios para que reciclen todos sus papeles. Ellos recogen todo este material y obtienen una ganancia considerable. De otro lado, existen 237 proyectos de bonos de carbono o de certificados de emisiones reducidas. Lo importante que su compra por las empresas significaría en los próximos diez años un ingreso al país de 12 mil millones de dólares, y lo interesante está en que ya existen 46 proyectos funcionando.

En la Universidad ESAN, usted forma parte de la plana docente de la flamante Facultad de Ingeniería Ambiental. Estos futuros profesionales asumirán un rol protagónico en el siglo XXI.

El siglo XIX fue el momento de la química, el siglo XX fue de la energía nuclear y el siglo XXI es el de la conservación del medio ambiente; no hay otra posibilidad porque nos estamos jugando nuestra permanencia en el mundo. Y estos profesionales aprenderán cómo funcionan estos negocios y estarán en capacidad de implementar su propia empresa y llevar a cabo labores de asesoría. Harán buenos negocios conservando el medio ambiente. Esa es la visión.

En el país se tiene que entender que la responsabilidad ambiental es un camino también de rentabilidad y salud.
Se tiene que asumir que los negocios hoy no solo deben ser rentables a nivel económico, sino también tienen que serlo a niveles ambientales. En mis clases, los alumnos me escuchan asombrados sobre la multiplicidad de posibilidades que hay en este ámbito. Empiezan a ver que se les abre un mundo. Nunca habían escuchado la posibilidad de estos negocios. Ahora lo empiezan a saber y el futuro se muestra alentador.