Cómo ganar la más grande de las batallas

Escribe: Luis Felipe Gamarra / Fotos: Marco Garro
En octubre la Liga Peruana de Lucha Contra el Cáncer se viste de rosa para advertir los peligros de no detectar en fase temprana el cáncer de mama. No obstante, para Adolfo Dammert, presidente de esta institución y publicista de carrera, también se trata de alzar la voz sobre la falta de cultura que existe en el Perú para hacer chequeos regulares y prevenir el cáncer en otros órganos. Es una oportunidad para recordar a todos que en esta lucha no están solos. Dammert sabe muy bien de eso.
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Adolfo Dammert Ludowieg descubrió que tenía cáncer de casualidad. Una mañana se ajustó el nudo de su corbata y sintió que tenía un pequeño bulto. Dejó pasar ese detalle por unos días, hasta que visitó a un médico. Tras algunos análisis le detectaron un nódulo en la tiroides. Entonces –a finales de 1981– no se podía saber si el tumor era canceroso o no, salvo por una operación. Dammert tenía 32 años. Era esposo, padre de dos niños y se proyectaba como uno de los publicistas más talentosos; la publicidad era una industria que empezaba a crecer aceleradamente. Cuando le diagnosticaron cáncer, sus alternativas no eran muchas. Solo tenía dos: morir o vivir. Tomó la segunda. Lo operaron otras dos veces. La última vez le extirparon la glándula. Dammert se quedó un año sin voz. Para un publicista, en una época en la que la palabra reemplazaba las cifras en las presentaciones con los clientes, era como el fin de su carrera. No sabía si renunciar, abandonar su oficina, comprar una chacra para dedicarse a la agricultura. Dammert decidió aprender a hablar de nuevo.

Hoy, cada vez que recuerda aquella época, sonríe. Tal como entonces, no ha perdido el optimismo, pese a que la enfermedad contra la que él luchó se lleva a miles de personas día a día. Hoy es casi imposible no conocer a un amigo o familiar con cáncer. El abuso de grasas o azúcares, la pésima alimentación, la falta de ejercicio, las ondas electromagnéticas, las antenas, los celulares, los focos ahorradores, la contaminación en el aire, el exceso de sol, el humo del tabaco… respirar: es como si vivir produjera cáncer. ¿Qué hacer para que este diagnóstico no se transforme en una condena a muerte? Adolfo Dammert encontró la respuesta hace mucho.

«Soy un caso que demuestra que es posible salir adelante si uno decide no dejarse vencer por la enfermedad. La medicina ha avanzado mucho. Existe un sinnúmero de tratamientos médicos al alcance de mucha gente. Hace treinta años, mis chances eran mínimos, pero ahora es diferente»

¿Cuán graves son las cifras de cáncer en el Perú?

Cada año existen 45 mil casos nuevos de cáncer. Desgraciadamente 30 mil personas no tienen ninguna posibilidad [económica] para enfrentar esta enfermedad. ¿Qué va a pasar con ellas? Todos tenemos la respuesta. Es importante tomar conciencia de que el cáncer es una enfermedad que, si se descubre a tiempo, es posible evitar que la persona fallezca. Tratar a una persona con cáncer, y con pocas posibilidades de sobrevivir, es sumamente costoso.

¿El Plan Esperanza, implementado por este gobierno para combatir la enfermedad, cumple las metas que se propone?

Los fondos de este programa son muy bajos, sobre todo para el objetivo que se propone. Pero es una valiosa iniciativa para enfatizar en la lucha contra el cáncer. No seamos tan negativos; habrá quinientas mejoras que se le debe hacer [al Plan Esperanza] por la poca plata y el poco alcance. Celebro este primer esfuerzo; que se tome conciencia a nivel gubernamental de que es un caso de salud pública.

¿La reforma de salud toma en cuenta estos elementos con el fin de enfocar mejor sus esfuerzos para luchar contra el cáncer?

No sé exactamente cuáles serán los lineamientos [de esta reforma]. Pero lo que sí podría decir es que aún hace falta comprender la real dimensión de esta enfermedad. Cada día mueren de cáncer alrededor de cincuenta personas; es un número inmenso de pérdidas humanas. Porque cuando se enferma una persona, se enferman su familia, la sociedad. Evitar que una persona fallezca por un cáncer avanzado es costoso desde todo punto de vista. No existe nada como una detección temprana, acostumbrarnos a hacernos un chequeo cada año.

«Como Liga Contra el Cáncer, tenemos tres grandes centros para detección temprana, así como cuatro unidades móviles y diecisiete filiales a nivel nacional. Atendemos a cerca de 300 mil personas cada año.
El número ha crecido, pues existe más conciencia.»

¿Qué posibilidades tienen de tratarse los que no poseen dinero ni las citas a tiempo en los hospitales públicos?

No es caro. Con veinte soles tienes acceso al control clínico. Otros análisis, que demanden un costo mayor, también, a precios sumamente bajos. Si detectas el cáncer temprano, te costará menos tratarlo y salvarás tu vida. Como Liga Contra el Cáncer, tenemos tres grandes centros para detección temprana, así como cuatro unidades móviles y diecisiete filiales a nivel nacional. Atendemos a cerca de 300 mil personas cada año. El número ha crecido, pues existe más conciencia.

Hace algunos años los casos de cáncer eran aislados. Ahora es casi imposible no tener un familiar en primer o segundo grado con esta enfermedad. ¿Qué ha pasado?

En 1981, cuando me detectaron el cáncer, era una sentencia de muerte. Si te encontraban cáncer, se consideraba que tus oportunidades eran mínimas. Te señalaban en la calle, la gente tenía miedo de saludarte porque creía que era contagioso. Pero ahora se trata de algo más común. ¿Por qué? Por diversos factores, pero, sobre todo, la mala alimentación. Hay un estudio sobre la migración japonesa a Estados Unidos de cómo por reemplazar comidas ricas en pescado y bajas en condimento por más grasas y azúcares se elevaron los casos de cáncer del estómago.

Se podría afirmar que la vida moderna provoca cáncer.

No podemos evitar los celulares. Nos quejamos de la mala señal, pero no queremos más antenas. Sin embargo, mientras no se defina si las señales que emiten estos aparatos provocan cáncer, es mejor utilizar los teléfonos con precaución. Hagamos nuestra vida, pero con mejor dieta y más ejercicio.

Hay personas que dejan de comprar frutas porque suben algunos céntimos; pero si se trata de comprar el último teléfono celular, no importa el costo. ¿Deberíamos empezar a revaluar nuestras prioridades?

Existe gente que se preocupa más por tener el carro de último modelo y comprarle los últimos accesorios o complementos que manda el folleto, pero, a la hora de elegir qué alimentos se lleva al cuerpo, es detallosa si las frutas subieron uno o dos centavos. Así como le dedicamos esfuerzo a vernos bien por fuera, debemos preocuparnos por estar bien por dentro. No dejemos de divertirnos, pero comamos bien, durmamos nuestras horas y reduzcamos el nivel de estrés.

En su calidad de publicista, ¿cómo hace para lidiar con el estrés?

En publicidad el estrés es constante. Todo es para ayer. Los clientes esperan soluciones rápidas para sus problemas de comunicación con el mercado. Pero debemos aprender a manejar el apuro sin olvidarnos de ser buenos profesionales. Se trata de entender que podemos dejar para mañana lo que es posible hacer mañana. Comprender que durante el día debes encontrar momentos para relajarte. En mi oficina no existen cortinas porque me gusta ver los árboles que están al frente; me relajo cuando miro correr a las ardillas por los cables de luz. Son instantes en los que la mente se distrae.

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¿Cómo pudo sobrevivir un año sin hablar si usted es publicista?

Casi tenía que hablar a señas. Pero me dieron un consejo que hasta ahora aplico: no te esfuerces por hacerte escuchar; que los demás se esfuercen por escucharte. Así tuve que hacer porque yo era casi un murmullo. Traté de hacer más mímica; de ser un poco más emotivo para que la gente me prestara más atención. Así pasó un año. No fue fácil. Pero, como con el cáncer, no tenía otra salida que salir adelante.

¿Qué dice a las personas que están en este proceso de luchar contra la enfermedad para que no se desmoronen?

Primero, que me tienen a mí como ejemplo de vida. Yo soy un caso vivo de que es posible salir adelante si uno decide no dejarse vencer por la enfermedad. La medicina ha avanzado mucho. Existe un sinnúmero de tratamientos médicos al alcance de mucha gente que los salvará. Hace treinta años, mis chances eran mínimos, pero eso ahora es diferente. Conozco a gente que deja de ir a la quimioterapia porque le cae mal, porque no le gusta. Pero dejar para mañana lo que podemos hacer ahora no combate la enfermedad, sino al revés. Con todo respeto lo digo: no podemos ser cobardes ante el enemigo.

Si la persona tiene un cáncer avanzado, ¿puede seguir siendo tan optimista?

Si la persona no pudo detectar la enfermedad a tiempo, es comprensible que tome otra decisión. Yo tuve un amigo al que le detectaron cáncer al cerebro, que es uno de los más difíciles de tratar. Su caso ya era avanzado, sus posibilidades eran mínimas. Él decidió no hacer ningún esfuerzo por tratar su enfermedad, con tratamientos que le reducirían aún más la calidad de vida, para pasar más tiempo con sus hijos, sus nietos. No quería desaprovechar el poco tiempo que le quedaba. Lo abracé, lo comprendí y lo respeté. Salvo casos excepcionales, nunca recomiendo tirar la toalla.

Existen personas que se desmotivan con mucho menos.

El cáncer no se puede negar, mirar para otro lado, taparlo. Eso no lo evita, por el contrario, lo agrava. Lo primero es tener motivos para vivir, lo segundo es enfrentarlo. Mis hijos eran chiquitos. ¿Cómo los iba a ayudar muerto? Tenía que hacer hasta lo imposible para vivir.

Si su amigo se hacía un chequeo para que le detectaran la enfermedad a tiempo, ¿estaría aquí?

Todo cáncer detectado en sus fases iniciales es posible tratarlo con éxito.

¿El cáncer enseña?

Sí. Ahora no arriesgo mi salud por nada.