Cicco el Kamikaze

Ahora lee el Corán

Escribe: Manolo Bonilla
Cicco, el argentino que fundó el periodismo border, es un kamikaze. Fue actor porno, sepulturero y asistente de un campeón de box. Porque la máxima del border es experimentar lo que uno escribe. Sus textos, plagados de humor e insolencia, tenían una frescura inusitada, violenta y original. Hoy se ha entregado al sufismo, la versión mística del Islam, en su casa de campo a dos horas de la ciudad. ¿Cuán al borde estuvo Cicco? O lo que es más inquietante, ¿será su última inmersión para un próximo libro sobre la religión musulmana?

Su barba es un enjambre y el gorrito no lo abandona nunca. Tiene la pinta de un profeta místico, alucinado, o de un poeta beatnik en la efervescencia de los setentas en Estados Unidos. Pero Emilio Fernández Cicco (el nombre completo de Cicco) está sentado en un café de Buenos Aires en la avenida Santa Fe un domingo por la noche y no está bajo el efecto de ninguna droga y no ha tomado un solo trago de alcohol. Sus maneras son calmadas, generosas y algo torpes.

Llevaba en el bolsillo dos tabletas de dulce de leche (una para mi) y pidió un capuccino que bebió con tres cucharadas de azúcar. En el local nadie adivina quien es. Aunque tiene el aura de un rockstar en el mundo del periodismo, nadie se ha acercado a saludarlo. Nadie sabe que las tres primeras líneas de un texto suyo sobre la actriz Leticia Brédice es considerado el arranque más polémico que la revista Rolling Stone ha publicado. Allí consigna un placentero y peculiar medidor de la sensualidad de las famosas: masturbarse. Pero nadie se inmuta. Incluso dista mucho del chico de la portada de su libro, Yo fui un porno star y otras crónicas de lujuria y demencia. Entonces no asomaba la barba a lo Bin Laden ni el gorro. El mozo que se acerca con vasos de agua tampoco tiene idea que es el escritor que sabe casi todo acerca del norteamericano Hunter Thompson. Pero es cierto. El creador del periodismo border, ese acercamiento crudo y descarnado a la realidad, el mismo que ha narrado orgías, efectos de drogas psicotrópicas y oficios bizarros no es el escritor desquiciado o maldito que uno podría imaginar.

Tres días después, en su casa de campo a dos horas de la capital, se lo preguntaría y mencionaría a Sacha Baron Coen, el tipo de BORAT, uno de sus ídolos. «Es un loco pero es judío practicante. Todos los sábados hace el shabat, no toca electricidad y come carne kosher, pero ves sus películas y es un degenerado total. Pero lo hace porque es un tipo normal», explica Cicco. «Si uno es un loco las 24 horas al día pierde foco, el registro. Es lo que le pasa a Charly García y a otros locos del rock. El personaje te come la mirada».

Pero volvamos al domingo del café en Santa Fe. Cicco acababa de visitar a su hija, que ahora vive con su madre. Me dice que también había comprado dulces de leche para ella. Entonces le suelto la idea que tenía para el titular de este artículo: ese impulso suicida del border.

El periodista border se parece más a un kamikaze.

La idea no es ser el periodista estrella, sino el que explota la escena, la tira por el aire y trata de descubrir en los restos lo que hay de verdad. Como la caja negra del avión: tiene que explotar para ver lo que tiene.

A veces existen las cosas antes de nombrarlas. Digamos, ¿cuándo empezaron tus experiencias proto border?

Con la serie de Oficios Malditos en la revista Noticias. Fui actor porno, enterrador de cementerio y asistente de un campeón de box. Quería contar un oficio que tenía mucho prejuicio y mística pero contarlo desde dentro. Así nació la idea de vivir la nota.

Pareciera que un apetito transgresor ha sido el combustible de tu oficio.

Mi idea fue vivir y sacarme todas las curiosidades. Y el periodismo fue la manera de descubrirlas. Si quería probar una droga rara, la vivía por el periodismo. Si quería ir a una orgía, luego lo justificaba con una nota. Si quería conocer a un escritor maldito, hacía otra nota. Me gustaba experimentar y salir. Ese es el rol del periodista. El budismo zen dice que te tienes que meter en el agua y salir sin mojarte. Te metes pero no te involucras. Para ver qué onda y seguís tu camino. Trato de verlo todo como un marciano, viendo la humanidad sin prejuicios, con curiosidad.

¿Alguna vez te quemaste por curioso?

No, pero soy consciente que si quisiera hacerme el serio y hacer una carrera como político, cualquiera puede recuperar la escena que hice para la película porno y derrumbarme.