Briscila Degregori

«Los cuentos me enseñan de la vida»

Escribe: Javier Wong Q. / Foto: Fernando Criollo
«Escribir es un acto complementario al placer de fumar», decía Julio Ramón Ribeyro. Briscila Degregori, actriz, narradora de cuentos y lectora apasionada del autor de Solo para Fumadores, le rinde tributo en una puesta en escena. Entonces, estudió sus gestos, aprendió sus entrevistas, leyó sus cuentos y prendió cigarrillos, una tras otro. Solo para Ribeyro, en el teatro El Olivar, es una narración oral que muestra el universo cínico del genial escritor que fumaba dos cajetillas diarias cuando vivía en París.

Ribeyro me hace reír mucho. Leí La Palabra del Mudo a los doce años y quedé embobada, me encantó. Lo acabé de un porrazo. Luego vino Solo para Fumadores y todas sus demás obras. Paso las páginas feliz.

Nosotros, los narradores de cuentos, nos consideramos marginados dentro de las artes escénicas. Ves a una persona en escena, normalmente. Aquí no hay escenografía. Lo único que necesitas es la palabra. Todo ocurre en la mente del espectador. Lo demás, distrae. Piensan, entonces, que es un arte menor.

Para pararme al frente de un escenario, la historia debe haber pasado por una fábrica. Imaginación, palabras, edición, probar el ritmo, ver cómo entrar y salir. Es tan laborioso como hacer una obra de teatro.

Cuando uno actúa, interpreta. Cuando uno narra, evoca. Con palabras, expresiones. El personaje no está ahí, viene a tu imaginación. Yo no hago la escena, yo te cuento cómo va pasando. Es otro lenguaje.

En televisión, puedes grabar hasta cuarenta escenas en un solo día. Entonces el público se confunde, se aburre, no imagina bien las cosas. Su mente se va. La idea es atrapar y captar la atención del oyente. Que despierte dentro de él una pantalla de cine.

Leyendo cuentos aprendes. Puedo leer cuentos japoneses y aprendo más que en libros de Historia. Los cuentos me abren las puertas de mundos desconocidos, fantásticos: las leyendas, los mitos, las historias de duendes.

He contado cuentos en Cuba, Argentina, México, Bolivia, Estados Unidos. El público más difícil fue el de la primera función de este unipersonal. Estaba la familia de Ribeyro, mi mamá, mi esposo. Tuve nervios.

Los cuentacuentos somos pocos. No hacemos muchos espectáculos. Espero que crezcamos en número. Se trata de tener a más narradores profesionales porque hay que trabajar cada narración. Tiene que haber una escuela.