Andres Neumann

Idas y vueltas de un escritor hiperactivo

Escribe: Rafael Robles Olivos / Foto: Ricardo Guzmán
Beatlemaniaco, cantante amateur, hincha del fútbol y autor frenético. Neumann es uno de los argentinos disidentes que quiso ver a su selección eliminada del Mundial de Sudáfrica. El egocentrismo de Maradona y los beneficios a largo plazo de una catarsis albiceleste, cuenta, lo llevaron a hinchar por España, país del que también es ciudadano. Confiesa sentir una culpa judeocristiana cada vez que se toma un día libre. Para alguien que ha publicado 18 libros antes de los 35 años, y que es contado entre los escritores jóvenes más talentosos de Latinoamérica, la absolución parece asunto arreglado.

No es un secreto que los mejores conversadores –paradójicamente, pues su oficio es callar para escribir– son los escritores. Uno puede empezar hablando con ellos sobre literatura y música, para luego descender por los oscuros senderos de la política y terminar redondeando la charla como si se tratara de una pelota de fútbol. Con Andrés Neumann pasa exactamente eso. Con simpleza y alejado de cualquier pose de intelectual, el escritor de Patio de locos (Estruendomudo, 2011) se revela como un observador del mundo al que no se le escapa una. Estuvo de visita en Lima para el Festival Eñe de Literatura. Y esto fue lo que nos dijo, en exclusiva, para AS.

¿Cómo has encontrado al Perú luego de dos años de tu primera visita?

Cuando vine aquí estaban en el ecuador de la legislatura de Alan García, en un periodo de pseudoestabilidad. Había una sensación de tranquilidad, no sé hasta qué punto justificada.

El Perú, hasta este proceso, ha elegido solo a tres presidentes en veintiséis años.

Es una constante latinoamericana: la sensación de estirpe. Todo esto da una sensación de feudalismo.

En Estados Unidos pasa lo mismo con los Bush y los Clinton.

En Estados Unidos estaba Bush, que era una versión estúpida del hijo de puta de su padre, una involución genética; pero no se puede decir que la constante en Estados Unidos sea mantener una estirpe en el poder. En Latinoamérica es demasiado frecuente que ex presidentes o familiares de presidentes lleguen al gobierno. Yo todavía estoy esperando que un ciudadano de clase media sea presidente.

Aquí tenemos al hermano, a la hija y ahora hasta al hijo menor de Fujimori en la vida política.

Es intolerable. Sean malos o buenos gestores los que vengan después de su siniestro padre, es algo que no se puede soportar. Aunque bueno, eso habla de la estructura de los países. Hay un ejercicio negligente, que nos encanta a los ciudadanos latinos, que es el de hablar mal de los políticos sin hacerse cargo en absoluto de que esos políticos puedan representar algún tipo de corrupción y de defecto ciudadano. Los empresarios, los periodistas, los abogados, los médicos, muchas veces forman también feudos familiares. La estructura política puede ser la cima de la pirámide de la sociedad. En los países donde hay continuismo familiar, muchas veces tienen una clase política oligárquica también.