Un restaurador que sueña con casona propia

Arquitecto Augusto de Cossio

Escribe: César Ochoa / Foto: Marco Garro
Ha restaurado el Teatro Municipal de Lima, la Casa de las Trece Puertas, el Hotel B de Barranco y la casona MATE, asociación cultural de Mario Testino. Si devolver la vida a las casonas de Lima fuera un acto de amor, Augusto de Cossio sería un romántico que cree en la segunda vida de aquellos espacios que alguna vez fueron habitados
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A sus 34 años, Augusto de Cossio, un joven arquitecto que se dedica a restaurar casonas viejas, no acepta el «mañana lo acabo» de uno de sus trabajadores. «Pero ese trabajo tiene que terminarse hoy, es el plazo normal», le dice. Falta una hora para que finalice el día laboral durante la obra de restauración de una gran casona en la esquina de la cuadra dos de la calle Pérez Roca, cerca al acantilado de Barranco, y hay más trabajo que nunca. Sin perder el tono amical, Augusto lo persuade sobre finalizar a tiempo una refacción en madera. Para él, devolver el esplendor de antaño a esas casas carcomidas por el tiempo es como «curarles la enfermedad». Y por eso, dice, cuanto antes es mejor.

En el Cercado de Lima, Barranco y el Centro Histórico del Callao, todavía se ven viviendas antiguas construidas en adobe y quincha en las que se lucen esos clásicos balcones virreinales desde donde uno puede ver sin ser visto. Augusto de Cossio no sabe bien de dónde viene su obsesión por ellas, pero intuye que debe ser por su amor al arte y la nostalgia que le produce al recordar la mueblería antigua que llenaba su casa de la infancia, en Surco. Aunque no era una casona, guardaba antigüedades traídas desde la hacienda tarmeña que su padre había construido luego de migrar desde Italia. Por eso, cuando terminó la carrera de Arquitectura buscó su desarrollo profesional allí, donde otros solo veían madera apolillada, polvo y olvido.

Así, en 2006, Augusto ingresó a trabajar a la Empresa Municipal Inmobiliaria de Lima [Emilima]. Uno de los proyectos más grandes que tuvo a su cargo fue la restauración del Teatro Municipal de Lima en el que, en medio de molduras neoclásicas que resucitaban de las cenizas, también luchaba contra el tiempo. Supervisó la obra desde las siete de la mañana hasta las tres de la mañana todos los días, religiosamente, casi sin dormir, durante dos años.

Su siguiente gran tarea fue la restauración de un antiguo rancho barranquino construido en 1898, ubicado en la avenida Pedro de Osma. Se trataba del lugar que albergaría a la Asociación Mario Testino, el centro cultural del famoso fotógrafo peruano que reside en Londres. Fue un trabajo pensado al detalle, supervisado por el propio Testino. Augusto aún recuerda la cara de felicidad del retratista de Lady Di el día de la inauguración, en medio de top models y flashes. Para realizar la obra, Augusto tuvo que formar su empresa –Il Restauro SAC– que hoy gestiona en sociedad con el ingeniero Franco Jabiles.

Augusto de Cossio recorre Lima enamorado de esas casonas, a veces entrando sin permiso a las que están abandonadas, solo para ver qué tan fastuosas fueron e imaginarlas restauradas. Cree en lo que dijo su viejo profesor de historia, Bruno Roselli: que los balcones son para Lima lo que la torre Eiffel es para París, la Estatua de la Libertad para Nueva York y los leones del Trafalgar Square para Londres. La clave, asegura, está en reciclar las casonas dándoles nuevos usos, desde oficinas hasta centros culturales, siempre respetando la esencia original.

Sentado en su oficina de la casona de Pérez Roca, que en unos cinco meses ya no tendrá esa facha verde sino la amarilla original que encenderá toda la esquina, dice que su mayor anhelo es tener su propia casona, no importa dónde. Mientras sigue en su búsqueda, está concretando nuevos proyectos, como el que entregó hace poco: la fachada del Hotel B, también en Barranco.

Augusto de Cossio no es un hombre del pasado. Él reconoce que no le habría gustado vivir siglos atrás. Lo que sí busca es rescatar la belleza de estas casonas señoriales, las que pueden contar con todo el glamour de una era a la que solo recurre para imaginar un futuro más elegante, salvando un poco de historia en el camino.