Titi Guiulfo

Escribe: Javier Wong Q. / Foto: Fernando Criollo
Diseños, colores, textiles, ideas. De todo eso se puede conversar con Titi. Su casa, una construcción del siglo XIX, es la puerta de entrada a miles de creaciones de moda, un espectáculo a los ojos: diversos espacios y ambientes llamativos que rememoran aires antiguos. Allí, Titi relata su discurrir en el mundo de la moda y la agitada vida que tuvo (y tiene).

La inventiva nunca estuvo exenta en sus ocupaciones. «Crear es la mayor satisfacción de mi trabajo», dice Guiulfo. En todas sus labores existe eso, creación. El empirismo es la mejor arma de Titi. Su vida y experiencia conforman el mejor estudio que tiene. Ha sido parte de innumerables trabajos: desde tener participación en una agencia de publicidad hasta hacer polos con estampados. Titi admite, sin embargo, que estaba un poco cansada de los muchos trabajos que realizaba. Todavía no encontraba su centro.
Y hace quince años, Titi viajó a la sierra y tuvo una revelación. Comenzó a trabajar con las comunidades y decidió utilizar telas peruanas. Trabajó mucho con los pobladores locales. Les enseñó diseño, propuso que se formalicen y vendan su producto. Esto la llevó a inaugurar La Casa de Titi, en Lima. Una ventana para que artesanos y artistas muestren sus obras en la capital. Ha hecho el primer outlet de diseñadores peruanos. Roger Loayza, Fátima Arrieta y Giuliana Testino son algunos nombres estampados en las creaciones que se encuentran en la tienda.
Titi valora mucho su relación con las comunidades. Ellas son quienes plasman y tienen el conocimiento interno para dar luz a sus creaciones. Lo que hace Titi es guiarlas y llevarlas a puerto estable. Ahora muestra un especial interés en el hilado artesanal. Está inmersa en un proyecto que busca un mejor pago a los criadores de alpaca y también diversificar más esta fibra generosa. Guiulfo afirma que la moda peruana se está abriendo paso en el mundo. Cada vez son más los turistas que vienen a Perú para comprar textiles y prendas.
Titi no solo pasa su tiempo inmersa en el mundo de los diseños y textiles. Le encanta ir a Pucusana, playa al sur de Lima, a nadar y cambiar de aire. En el mar puede relajarse, escapar un poco de su rutina habitual.
A veces, Guiulfo se desanima. Siente miedo. Es allí cuando piensa en su nieto de dos años. Sus facciones cambian cuando lo recuerda y habla de él. Se puede decir que al evocarlo es feliz.