Nelly García

Escribe: Carlos Fuller M. / Foto: Macarena Tabja
Nació entre el desierto y el mar. En Piura. Nelly García es fotógrafa profesional y por más de ocho años ha trabajado en la muestra PARALELO 12. Un compendio de paisajes tomados en altamar, en distintos puntos del Perú y el mundo. Hasta ahora tiene grabados los colores y texturas que veía en su ciudad natal.

Cada día de Nelly García comienza tomando un café que nunca termina, escuchando la ópera STABAT MATER en versión de Pergolesi y leyendo los poemas de Blanca Varela. Todas las mañanas sin falta. Pero la mañana ya pasó y ahora toma un café con un chorro de Baileys, en la sala de su casa. Hace unos minutos estaba empacando los libros de su muestra fotográfica PARALELO 12, para ser enviados a amigos y conocidos. En menos de media hora preparó tres empaques con libros, pósters y mensajes personales escritos a mano.
Hace diez años que Nelly García no hacía una muestra individual. PARALELO 12, presentada en la galería Vértice, es una compilación de paisajes de mar. Horizontes, nubes, las texturas del cielo en blanco y negro. Comenzó el proyecto cuando trabajaba en fotografía de alto riesgo para diversas empresas portuarias. Brincaba de barco en barco, de madrugada o anocheciendo; nadie entendía por qué no tenía miedo. En sus viajes llevaba siempre un GPS. En la muestra, cada fotografía está acompañada de las coordenadas del lugar en que la tomó. Hay fotos de Sudáfrica y de la India; de distintas regiones del litoral peruano. La fotografía que le da nombre a la muestra fue tomada en el Callao. Un horizonte con barcos pesqueros, en el paralelo 12.
Nelly García nació en Piura. Una ciudad árida, de paisajes sin mucha vegetación. Lo que sí hay son algarrobos. Nelly recuerda el camino en auto a Colán, donde estaba su casa, y ver los algarrobos pasar a su lado. A toda velocidad, en la carretera, parecía que ellos eran los que la pasaban. Nada más. Arena, algarrobos y mar. Nunca usaba zapatos, lo único que se cambiaba era la ropa de baño. El agua pasaba por debajo de su casa y a su espalda, el desierto.
Esa casa ya no existe. Solo quedan escombros. Pero, para la muestra, volvió a Piura y volvió al cuarto de su niñez. Destruido. Todo era irreconocible salvo las mayólicas verdes del cuarto de su madre. Alguna vez, por un trabajo, pudo elevarse en helicóptero por la costa de Colán. Logró mirar abajo, el desierto, los bosques de algarrobo; la tierra seca a un lado, el mar inmenso al otro.
–Llegar a la línea media siempre me toma mucho trabajo –dijo Nelly.
–¿En qué sentido?
–Es que siempre he sido muy extrema. En mis aficiones, en mi forma de ser, de hablar, de vestir, en mi lenguaje corporal. Ser súper simpática con todos no me va. A mis amigos los adoro, a los que no lo son, no me importa.
Se detuvo un momento, bebió un sorbo de café.
–Puede tener relación con el lugar en donde nací. No se muy bien el porqué, pero me sale muy natural.