Carolina Bazo

De niña se maravilló con la acuosidad y transparencia de una malagua, tiempo después redescubriría esas propiedades en la resina

Escribe Inés Patrón, Foto: Macarena Tabja

En su trabajo, divide su tiempo entre su taller de Chorrillos, donde hace grabado; y su taller del Cono Norte, donde maneja las resinas. Estudió pintura en la PUCP y al terminar se fue un año a Nueva York. Vivió en Lower East Side, maravillada por su gente y el movimiento en las calles. Luego, después de dos años, se mudó lejos, a Munich, a la Kunste Akademie. En esa escuela, aprendió a fusionar el grabado (técnica que ejecutaba desde la universidad), con el trabajo con resina, que aprendió en Alemania. También vivió en las Islas Canarias, en Las Palmas, un tiempo que admiro el arte canario y gozó de las playas de ese paraíso volcánico.

En su obra, Carolina quiere mantener un registro, hablar de verdades sobre la mujer y sus objetos cotidianos, hacer alusión a un mundo sistemático, a un orden fractal, a un orden automatizado. Estéticamente, sus piezas son hermosas y coloridas. Le interesa cómo la luz pasa a través del color, como rodea esa imagen-silueta del grabado, la singulariza y la conserva, como un ámbar, en el tiempo.

En Lima ha presentado dos veces su obra de manera individual. En ‘Esencia Doméstica’ (2009) exploró mediante una serie de resinas como la modelo es unida al producto. Y en ‘Rutilantes’, (2011) su serie de personajes son un patrón que alude a la repetición visual que es la rutina, de la que no se puede escapar ni al dormir, puesto que también dormir es rutina.

Vive ahora en Barranco con su marido, sus dos hijos pequeños y su Jack Russell, que se llama Jack Russell, en un departamento frente al mar. Tiene una exposición planeada para el 2014, de temática doméstica también, en la que se verá entre otras cosas, como la limpieza irónicamente contamina y borra nuestras huellas, nuestro olor y nuestra esencia.