Andrea Sambra

Apasionada del catering

Escribe: Inés Patrón / Foto: Sergio Zúñiga
En una ciudad glotona como Lima, donde las banqueteras y organizadoras de eventos abundan, Andrea Sambra escapa de lo común no solo por su atención al detalle, sino porque el catering es más que su trabajo: también es su pasión

Todo empezó cuando Andrea tenía 14 años y solía hacer alfajores, pastelillos y galletas en sus vacaciones de colegio. Sin dejar esa afición por la pastelería, estudió Publicidad. Al final de su carrera, cuando aún vendía alfajores, se reencontró con una amiga que le propuso organizar cumpleaños infantiles. Tenía 20 años cuando se inició en esta actividad, hasta que al cabo de un año ingresó como practicante a uno de las mejores empresas de catering de Lima, donde pasó otros cinco años. Allí aprendió todo sobre la organización y realización de eventos. De los buenos eventos.

Estaba muy concentrada en este trabajo cuando sufrió la muerte de su padre. La pérdida del hombre que tanto admiraba le produjo conflictos internos que la obligaron a replantearse muchas cosas. Decidió renunciar al catering. Pero su pasión era más fuerte: no pudo mantenerse alejada de este mundo que ya le había cautivado, así que se juntó con una amiga para crear Verango: una empresa organizadora de eventos que tuvo mucho éxito durante 4 años. Luego de esta experiencia, Andrea por fin tuvo la iniciativa de crear su propia compañía. Han pasado 10 años desde este emprendimiento y se puede decir que no ha aminorado ni su dedicación ni su preocupación por los detalles. Su catering es conocido por su excelente servicio, por la calidad de sus insumos y por la versatilidad de sus soluciones.

Al celebrar los primeros 10 años, Andrea está ampliando su negocio con la adición de una factoría en Surquillo, donde realizará toda la producción de pastelería y comida para el catering. Este año también realizará uno de sus sueños de toda la vida: abrir un pequeño café al lado de su casa. Llena de ilusión, quiere que el estilo refleje su personalidad: ecléctica, animada, detallista y relajada. Usará los muebles que ha coleccionado durante toda su vida, los heredados de su padre, que era anticuario, y otros comprados por ella alrededor del mundo.

Tan obsesionada era por su trabajo, que a veces tenía pesadillas. Soñaba que llegaba a un evento y que faltaban las sillas. Se despertaba sudando. Ahora dice que esos miedos los tiene más controlados. Si se despierta en medio de la noche repasa todo mentalmente y se vuelve a dormir.

En su día a día Andrea empieza trotando por el malecón con sus cuatro perros malteses, a los que adora como si fuesen sus hijos. Luego ve locales y toldos, se reúne con sus clientes hasta la noche y siempre lee revistas de diseño y moda. Ello le sirve como una suerte de termómetro para ver las tendencias que se vienen. Coge muchísima inspiración de allí, tal vez al aplicar detalles arquitectónicos a los toldos, o al estudiar la paleta de colores de los arreglos florales. Con toda esa entrega y dedicación, su éxito está garantizado.