ALTER EGO
Manongo Mujica Manongo Mujica

Manongo Mujica

63 años. Percusionista / Pintor

Por Alejandro Guzmán / Fotos de César Campos
Manongo siente que pintar y hacer música son una misma pasión que se manifiesta con materiales diferentes. Trata de pintar música y tocar paisajes sonoros. Cree que vivir en Lima es una equivocación porque la ciudad lo distrae del silencio necesario para que se abra la visión del escuchar, pero siente que en su casa de Chorrillos ha logrado formar una isla donde puede encontrar ese silencio.

Me interesa improvisar intencionalmente, hacer música del instante. Creo que el jazz y los grandes improvisadores están abiertos al ahora, y ese es el nacimiento de la secuencia del arte, que uno no sabe cuál será; no es mental. Lo que interesa es abrirme a lo que yo no sé.

Mi disciplina esencial es estar en uno mismo; es la disciplina más grande y la más difícil. Trato de tocar cuatro horas ininterrumpidas en la mañana y cuatro en la tarde, aunque ahora trabajo solo dos horas en la mañana y dos en la tarde.

Decidí buscar una música que estuviera vinculada con la naturaleza. El Perú es un paisaje que hay que aprender a absorber y transformar. He hecho la película Autorretrato sonoro, que demoró cuatro años y se estrenó en Buenos Aires. Es la síntesis del proceso de aprender a escuchar el paisaje.

La pintura la descubrí de niño. Mi padre era un gran aficionado, coleccionaba arte contemporáneo y precolombino. Tuvo una influencia decisiva en mí; me llevó a conocer a Picasso cuando yo tenía 16 años. Ese encuentro me marcó tremendamente.

Yo creo que el arte es un acto solitario. Para sentir que estás haciendo arte tienes que estar en una situación de mucha atención y concentración; no puedes pasar de lo cotidiano al arte. El arte es de otro nivel. En algún momento pintaré más de lo que tocaré, y ese momento ya se está acercando.

Estoy haciendo experimentos en los que mi mano dicta sola el dibujo, exactamente igual a cuando toco. Me interesa sorprenderme de ver cómo sale lo que tengo adentro. Cada vez que puedo me escapo a espacios donde no hay seres humanos; ahí me descubro.