ALTER EGO
Alfonso Simpson Alfonso Simpson

Alfonso Simpson

26 años / Torero - Médico

Por Rodrigo Alomía / Fotos de César Campos
«Algún día voy a estar ahí», le dijo a sus padres, mientras veía cómo El Juli, torero español de solo quince años, salía cargado en hombros por la puerta grande de la Plaza de Acho. Era un domingo de 1996, y sus padres se rieron al escucharlo. Dieciséis años después, Alfonso Simpson cumplió ese sueño de la infancia y salió entre aplausos por la misma puerta. Cuando no está jugándose la vida en el ruedo, se viste de blanco para servir a quienes confían sus vidas en él.

Al día siguiente de ver a El Juli, fui a visitar a mi abuelo. Él había sido torero aficionado, así que le pedí que me entrenara. La belleza de la tauromaquia reside en cómo un hombre domina a una bestia fiera y la obliga a hacer lo que él quiere, exponiendo su vida. Mi madre se enojó cuando en el 2003 supo que torearía con el traje de luces, lo que significaba el inicio de mi carrera profesional. El año pasado me convertí en el único peruano de la historia en conseguir que indulten a un toro en Acho. Es lo más grande que le puede suceder a un torero. Mis metas a corto plazo son ganar el Escapulario de Oro de la Feria del Señor de los Milagros y regresar a la Plaza de Toros de Las Ventas en Madrid, la más importante del mundo.

Era niño cuando un día, de casualidad, le disparé un balín a un cernícalo. La bala le cogió un huesito del ala, así que decidí curarlo y cuidarlo durante un mes hasta que se recuperó. Nunca pensé en ser veterinario, pero siempre me gustó ayudar y curar. Recuerdo que en sexto de primaria un test vocacional indicaba que sería médico. He sabido llevar mis dos profesiones bien separadas desde que me gradué el año pasado. Soy médico cirujano por una vocación de ayuda y de servicio. La considero un arte porque los médicos vertimos nuestros conocimientos para curar y salvar a las personas.