Mamá para dos

Escribe: María Jesús Zevallos / Foto: Marco Garro
Uno de cada ochenta embarazos en el mundo resulta en mellizos. En una casa repleta de biberones y coches dobles, Maruja Tirado y Cristine Gray se juntaron para conversar sobre la locura que supone tener a dos bebés de la misma edad y que exigen atención al mismo tiempo. ¿Cuán duro puede ser convertirse en madre por partida doble?

mama por dos

En esta sala hay dos mamás, tres nanas y cuatro bebés. Cristine Gray ‒empresaria‒ y Maruja Tirado ‒ama de casa‒ se conocen desde el colegio y hoy, a sus treinta años, son las madres orgullosas, esforzadas y cansadas de dos pares de mellizos. Cristine tiene tres hermanas y siempre quiso tener un hijo. Maruja tiene tres hermanos y siempre soñó con una hija. Cristine tiene a María y Abril, de tres meses. Maruja tiene a Estefano y Emilio, de diez meses ‒y también a Eduardo, su hijo mayor de cinco años‒. Estamos en la casa de Cristine. Maruja tiene a Estéfano en brazos, el pequeño que se carcajea cada vez que alguna de las nanas se le acerca a hacerle muecas. Emilio está con otra nana y llora porque quiere salir al jardín. Maruja le da su Blackberry para que deje de llorar. Cristine ha llegado corriendo del trabajo. Saluda a todos rapidísimo y sube a ver a sus hijas. María está despierta. Abril duerme. Cristine baja con María en brazos y a los pocos minutos la niña se queda dormida.

Maruja quedó embarazada primero. Siete meses después, Cristine le siguió los pasos. Ambas se encontraron en el ginecólogo: Maruja iba a hacerse uno de sus chequeos finales; Cristine había tenido su chequeo inmediatamente antes que Maruja. Al salir, se saludaron en el lobby de la clínica. Cristine le dijo a Maruja: «Yo también voy a tener mellizos». Maruja le contestó: «Prepárate».

Mutaciones esperadas

Cristine: Lo primero que hice cuando me avisaron fue buscar en Google «Barriga de mellizos». Me asusté, Maru. Veía unas barrigas gigantes. Yo decía «No, luego cuando des a luz, ¿a dónde se va a ir todo?».
Maruja: Claro, es la gravedad. Todo lo que sube, baja. Todo lo que yo tenía bien parado se me chorreó, de todas maneras.
Cristine: Pero al final no fue tan grave, ah. Todo regresó casi a su sitio. Casi.
Maruja: Yo todavía espero que siga regresando. Pero mira, para sentirme mejor, iba más a la peluquería.
Cristine: Claro, por lo menos estabas de siete meses, gigante, pero bien arreglada.
Maruja: Sí. Embarazada he ido más a la peluquería que en los dos años anteriores. Me arreglaba el pelo, me hacía las manos. Para sentirme al menos arreglada. Ya no es la embarazada que va por ahí, hecha un mamarracho.

Al esposo con cariño

Cristine: Al principio, durante el primer mes y medio, primero que no puedes tener vida íntima. Pero la verdad, ni te provoca. Y creo que a él, a mi esposo, tampoco le provocaba tanto. No sé si te pasó a ti.
Maruja: Claro. Pero después, con el tiempo se reactiva. A mí, Eduardo ‒esposo de Maruja‒ me decía «Ya ya, bótalos».
Cristine: Siempre es importante darse el tiempo para tener relación de pareja. Aunque ahorita, como mis hijas están chiquitas, no hay mucho problema. Pero cuando ya duerman en cama, abran la puerta, se levanten en la noche, ahí va a ser el gran reto.
Maruja: A mí me pasa ahorita con Eduardito. Ya tiene cinco años, ya ve películas y ya le entra miedo. Todas las noches quiere que lo acueste. Me paso una hora haciéndolo dormir. Y a veces me quedo dormida con él y viene Eduardo, mi esposo, y me dice «¿Vienes?» y yo «Sí, sí. Ahí voy».
Cristine: A mí me decían que las lleve a la cama a las once de la noche para que duerman de corrido hasta las cinco de la mañana, pero ni hablar. Si las acuesto a las ocho, tengo desde esa hora hasta las once para estar con Tato, mi esposo. Para cenar juntos, conversar, tener vida de pareja. Yo les doy todo mi día a las bebes, pero también debo tener tiempo para mi esposo.
Maruja: Y para ti también.

Dos son compañía

Cristine: La logística de tener mellizos también es bien maleada.
Maruja: Cuando dices «Ya, en diez minutos salimos», es mentira. Media hora después recién sales. Porque comienzas a cambiar a uno y tienes que cambiar al otro. Cambias al otro y el otro vomitó, entonces hay que volver a cambiarlo.
Cristine: O se hace la pila y tienes que cambiarle el pañal. Y mientras cambias el pañal el otro se queda dormido. Fatal. La logística es complicada. Ir a la playa, por ejemplo, es un campamento.
Maruja: Ah no, yo los instalé. Por suerte, mi mamá se muda a la playa todo el verano. Se fueron el 26 de diciembre y no regresaron hasta el fin de semana de semana santa. Yo regresaba, pero ir y venir con ellos era demasiado. Lo hice un día. De ahí, nunca más.
Cristine: Yo viajé con las bebés a México [mi esposo es de allá] cuando tenían dos meses, para bautizarlas. No sabes lo que era. Nunca había cargado tanto. Sentía que me iba con todas las maletas que existían. Aparte era uno con uno: yo cargaba a una y Tato ‒esposo de Cristine‒ cargaba a otra. No puedes intercambiar para descansar un rato los brazos. No pude ir al baño en todo el vuelo.
Maruja: Yo me fui a la chacra que queda en Pisco cuando ellos tenían entre cuatro y cinco meses. Me tuve que ir en dos carros.
Cristine: Claro. Si el coche nomás es gigante. Pero igual creo que cuando tienes la chamba de dos te vuelves práctica. Mis hijas comparten todo: mamá, cuna, juguetes. Eso como que «¿de quién es este chupón?». No sé, de las dos. Igual pasa con la mamadera.
Maruja: Es que, ¿sabes qué? O te vuelves práctica o te vuelves loca.
Cristine: Claro. También aprenden a compartir desde que nacen.
Maruja: O aprenden a defender lo suyo.
Cristine: De hecho. Son sobrevivientes.

Día uno

Maruja: Yo me hice una prueba de embarazo y luego fui con mi esposo donde el ginecólogo a que me hagan una ecografía. Entonces el doctor me pregunta «¿Tú estás en tratamiento?» y yo le digo que no. Y me dice «Porque hay dos bebés acá». Y Eduardo y yo nos quedamos anonadados. Saliendo de ahí, nadie dijo nada. No nos hablábamos. Él dijo: «Chau, me voy a la oficina» y yo: «Chau, me voy al almuerzo». Pero no duré media hora en el almuerzo al que tenía que ir. Estaba nula. No lo asimilaba.
Cristine: Yo fui a la ecografía con toda mi familia. Mis dos hermanas, mi mamá, abuelita, todo el batallón. Tenía seis semanas, era la primera ecografía, para escuchar los latidos del corazón. Me hicieron la ecografía y salieron dos saquitos. Entonces, el ecógrafo voltea y me dice: «Oye, Cristine, son dos», y yo: «¿Dos qué?… ¿dos piernas? ¿qué cosa?» Y me dijo: «Dos bebés».
Maruja: Dejas de respirar.
Cristine: Tato estaba feliz de que fueran dos, pero yo estaba en shock el primer día.
Maruja: Es que los hombres no tienen idea de la chamba que es, pues.
Cristine: Claro, y no los tienen que llevar adentro.
Maruja: ¡Exacto!
Cristine: Pero ahora ya no me imagino tener solo uno.

El infame sacaleche

Cristine: El sacaleche es lo más denigrante que existe. O sea, yo dije: «Cuando la maternidad no puede tocar más fondo, llega el sacaleche».
Maruja: Yo me sentía una vaca de Gloria.
Cristine: Es una prueba de amor. Si después de esto no me quieren, ya no sabría qué hacer.
Maruja: Eduardo era el más afanoso con que yo les diera leche materna. «Saca la leche, que les va a hacer bien», me decía. Entonces me llevaba el sacaleche a la cama y él se fastidiaba tanto con el ruidito que hace el sacaleche: eh, eh, eh. Y yo le decía: «Si quieres que les dé leche materna, aguanta pues».
Cristine: Es horrible. Pero lo tienes que hacer, pues, ni modo.

Trabajo emocional

Maruja: Todos los días me lamento porque el día no tiene más horas. Hago mi lista de las cosas que tengo que hacer, y nunca la termino.
Cristine: Para mí, la chamba emocional de tener dos es bien fuerte. Me sucede que si paso mucho tiempo con una niña luego siento que no he estado el tiempo suficiente con la otra. Trato de dividir mi tiempo entre las dos de igual manera. Es agotador: mientras pasa el tiempo y ellas se hacen más grandes, te demandan más atención.
Maruja: Claro. Estefano desde chiquito era súper pegado a mí. Emilio es recontra cancherazo, pero si yo estoy en un sitio, él tiene que estar ahí conmigo. Pero ahora que está creciendo, Emilio también me estira la mano para que lo cargue. Ahora dejo a alguno llorando o cargo a los dos al mismo tiempo. Y luego tengo que recordar: «¿A quién metí a mi cama en la mañana?». Entonces, en la noche paso más tiempo con el otro.
Cristine: Hay que balancear. Un montón de gente me decía: «Oye, con mellizos nunca más vas a volver a dormir». Me hablaban mucho del trabajo físico que era tener a las dos, y a mí lo que más me ha costado es estar emocionalmente con las dos. Porque el cuerpo se acostumbra. Te desvelas en la noche y te cansas, pero
te acostumbras.
Maruja: Tu chip ya cambia, ¿no? Ya estás acostumbrada a dormir con una oreja despierta. Pero el Día de la Madre del colegio, no me lo quiero ni imaginar. Porque, ¿sabes que no nos van a dejar tenerlos en el mismo salón?
Cristine: Ah, eso no me lo quiero ni imaginar. Pero también, no sé si te pase, pero en mi caso, son diferentísimas. O sea, tienen tres meses, pero sus personalidades son muy distintas. La gente siempre dice que la crianza hace que los hijos sean de cierta manera. Los mellizos son la fiel prueba de que eso es mentira. Yo las trato igual y son totalmente diferentes. Una es más engreída que la otra. Y con el tiempo vas a tener que ver las habilidades que tiene cada una. No sé, tal vez una es buena en las matemáticas o la otra es más artista. Vas a tener que ayudarlas a desarrollar la habilidad que tengan, y que para ti como madre sea igual de importante lo que cada una de ellas desarrolle.
Maruja: A mí me está pasando que Emilio es mucho más desarrollado físicamente que Estefano. Estefano es más chiquito, más flaquito, más fofo; Emilio ya gatea, se para solo en la cuna, jala todos los juguetes, entonces tengo que estar cuidando que no le saque la mugre al otro. Inconscientemente, lo sobreprotejo.
Cristine: Pobrecito. Pero creo que, al final, la diferencia entre tener uno y dos hijos de golpe es que tienes que pensar en dos personas a la vez. Todo te pasa al mismo tiempo con dos personas diferentes.