La pildora roja

Por Pamela Rodríguez
PamelaRodríguez

No es nada fácil. Desde que abro los ojos, cada día la vida se trata de tomar decisiones. Si voy temprano o no al trabajo, si regreso de él temprano o tarde a casa, si me quedo con los amigos hablando hasta tarde en la noche o si me voy a dormir temprano para poder llegar a las siete de la mañana al yoga, si duermo una siesta o juego en la tarde con mi hija, si me como un pan con mantequilla o si dejo pasar la tentación y también mis alergias a la levadura. Casi siempre navego con facilidad. Siempre intento ver claramente las consecuencias y apuesto con todo, desde las cotidianidades minúsculas hasta las cosas más complejas de la vida.

Pero en mi corazón solo hay una disputa reñida, que a través del tiempo a veces ha ganado un bando y a veces el otro, dependiendo de cuánto esté dispuesta a resistir ciertas cosas. Fue mi eterna batalla de la fantasía versus la realidad.

Recuerdo la primera vez que vi la película The Matrix, la escena en que a Neo le presentan la oportunidad de elegir entre dos píldoras: la azul que le permitiría permanecer en la realidad artificial de La Matriz, y la roja, que le daría la oportunidad de ver la realidad. Les voy a confesar algo, en ese mismo instante apagué la película y en los meses siguientes intenté verla unas cuantas veces más, y siempre la apagaba en ese mismo lugar. Nunca me enteré de la decisión de Neo. La verdad es que no sé si me quiero enterar.
Tal vez se haya tomado la pastilla azul de la fantasía, y se haya quedado feliz y adormecido. Tal vez se haya tomado la roja y fue más feliz aún. O puede que haya tomado la roja para ver una realidad espeluznante y arrepentirse por el resto de su vida de no haber metido la pastilla a Morpheus por el trasero. Tantas posibilidades que se abren ante las elecciones, como la vida misma.

Yo fui durante muchos años del bando azul. Hasta hace unos años tomaba alcohol con la finalidad de liberarme, adormecerme, atreverme y divertirme más. Me gustaba ese universo irracional y sin parámetros, me gustaba que mis penas se hicieran más pequeñitas y las risas más grandes en decibeles. Prefería estar en relaciones en las que me sentía segura, meterme a la piscina de escalón en escalón, estar en lugares donde me sintiera segura y con personas que me ayuden a sentirme más adormecida, sin importar la naturaleza del vínculo.

Durante otros años no supe qué camino tomar, y creo que este es el peor. La no decisión es una decisión en sí, pero es agotadora, devastadora; allí están abiertas todas las posibilidades, y los miedos se contemplan bajo la lupa. Que si tomo la azul y nunca siento, que si tomo la roja y me asusto, que si no tomo la roja y nunca veo, que si no tomo la azul y todo duele. Está bien tomarse un tiempo para meditar sobre el camino a elegir, pero la duda casi siempre es un poco más de nieve en la bola de nieve, que cuando cae en picada, se convierte en una bola gigantesca y luego no hay qué la pueda contener.

Hoy me siento diferente, hoy solo quiero píldoras rojas. Ya me lo habían advertido muchas personas que admiro que me sucedería al llegar a la treintena. Las canciones las escribo bajo los efectos de la pastilla roja; ya no quiero narrar cuentos, quiero decir las cosas como son, incluso ante mi piano que me ha aguantado tantas mentiras. Solo quiero amistades verdaderas, aunque no lleguen a sumar los dedos de una mano. Le he agarrado el gusto al sabor amargo de la realidad, al riesgo de lo crudo, a lo incontrolable de lo salvaje. No quisiera engañarme más nunca. Incluso me siento ante la libertad de ir hacia atrás y de aclarar la naturaleza de experiencias pasadas para no acumular fantasmas, para sacar las astillas de mi piel y ver con claridad si los dolores, apegos y miedos eran reales o fantasmas del universo azul.

Pero tengo algo claro; en esta nueva era de píldoras rojas no hay vuelta atrás. No sé qué le habrá pasado a Neo, pero si tomó la roja, no debe haber sido fácil. La realidad es dura por donde la mires, y tal vez me haya perdido una escena tragicómica en la que Neo va desesperado en busca del trasero de Morpheus para deshacerse de la píldora roja. Pero no creo, no porque no haya querido, sino porque cuando haces una apuesta por la realidad, no hay posibilidad de regresar. Y para algunos eso es lo mejor que nos puede pasar.