La libertad puede ser una librería

Por Raúl Lescano / Fotos de Oliver Lecca
Después de un año de haber dejado una España en crisis, Ana Bustinduy y Carlos Lorenzo decidieron apostar por sus gustos más personales y fundaron La Libre, la primera librería de barrio y la primera también de Barranco. Inician su segunda temporada apoyados en las ideas de sus clientes y confiados en sus percepciones librescas. ¿Por qué tener una librería en un país que jura que no lee?
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Ana Bustinduy y Carlos Lorenzo han fundado La Libre, la primera librería de Barranco, el distrito que se considera uno de los más bohemios de Lima y que no contaba, hasta el año pasado, con una librería. Le han puesto el eslogan «Más libros, más libres», una síntesis de lo que ha representado el proyecto que decidieron emprender después de una vida en España que fue quedando atrás después de la crisis económica, política y social que afectó al país desde 2011.

En ese entonces, Madrid se transformó en un collage de eslóganes que llamaban a renunciar a las presiones económicas y retomar las pasiones personales para reencaminar la vida. Carlos recuerda en particular uno: «Soñábamos, despertamos». El cambio no fue tan romántico. Las organizaciones de derechos humanos en las que trabajaba Ana, filóloga y abogada, se quedaron sin financiamiento. Carlos, ingeniero agrónomo, fue enviado al Perú por su empresa. Una vez acá encontraron la oportunidad de refundar su historia. «Trabajando en construcción cargaba una mochila de inquietudes éticas que no me correspondía, y no quise ser más cómplice de ese mundo», explica Carlos, que de joven apostó por una carrera que le garantizara trabajo. «En España no me hubiese animado a abrir una librería, mientras que acá vimos que todo era un poco más posible».

Una vez en Barranco, Carlos y Ana no tenían dónde conseguir libros. «Entendíamos el concepto de librería como una librería de barrio, donde hay un librero que te aconseja porque te puede llegar a conocer. La idea era ofrecer algo así», recuerda Ana. En setiembre de 2014 fundaron La Libre, una librería/biblioteca con un interés por reformular las ideas preconcebidas. En las estanterías no hay las secciones de las librerías tradicionales –Literatura universal, Historia, Humanidades, etc.–, sino que han apostado por recategorizar los libros de acuerdo a sus perspectivas: Libros singulares, Los tendrías que haber leído ya, Imprescindibles ilustrados, Acción política, Poblaciones nativas, entre otras. Durante 2014 también emprendieron una campaña en las redes sociales para «despatriarcar la literatura» –«porque además de ser el mal es bien huachafo», escribieron en la invitación– en la que convocaron a sus seguidores a compartir los fragmentos más «patriarcalazos» que hubieran leído.
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La biblioteca, a la que uno se puede afiliar por treinta soles anuales, hoy cuenta con 117 suscritos. «Eso es muchísima gente. Es una cifra que va en contra de la idea de que en el Perú no se lee. Sí que se lee, solo que hay problemas evidentes, como que el precio de los libros es muy elevado comparado con el salario mínimo», explica Ana. «Tenemos la suerte de tener aquí en la librería algunos de mis libros favoritos que leía cuando era pequeña, como la historia de por qué los elefantes se volvieron grises», dice Ana. «Son historias que van haciendo que tu imaginación se dispare y vemos que han pasado los años y siguen funcionando», acierta a estas horas de una tarde de verano en la que la mayoría de clientes que se han acercado al local son niños que bordean los diez años. «¿Ya devolvieron el libro que tenía una espada en la portada?», pregunta uno.

Para este año, Ana y Carlos pretenden acercarse a editoriales de provincias para luego poder pensar en otras editoriales pequeñas de Sudamérica. También piensan cómo ampliar el espacio de exposiciones y aumentar los círculos de lectura. En más de una oportunidad han convocado a sus propios lectores para ver qué decisiones tomar. «Desde el principio hemos visto que nosotros podemos tener ideas, pero las de la gente que venían iban más allá de lo que pensábamos solos. Es más divertido e interesante».

«Después del 15M [movimiento social que se inició el 15 de mayo del 2011] hubo un sentimiento que ha permitido que pasen cosas diferentes. Nosotros aspiramos a mejorar y dejar de pensar en el trabajo y dinero cómodo al final del mes», dice Carlos. «Abrir una librería es trabajar muchísimo más, pero llevamos la vida que queremos».
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