La fama, esa tragicomedia

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Gustavo Arrué
No quiere trascender. No quiere tener hijos. No quiere ser modelo a seguir de nadie. No sueña con ganar un Óscar. No quiere estar solo. No sabe estar solo. Pero cuando finalmente lo está [porque todos lo estamos en algún momento] a algo le teme y no sabe qué es. Esta historia comienza con una frase de su madre y termina con una obra de su padre. En medio de ello: Marco. Un actor al que Meg Ryan le dijo ‘no’ con la mirada, y que está a poco de estrenarse como conductor del programa televisivo Escape Perfecto.
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Marco Zunino acostumbra a regresar a una frase que su madre le decía y que aún conserva indeleble en su memoria: «Lo que es pa’ ti, nadie te lo quita». Se trata de un proverbio que es común escucharlo entre las personas de Puerto Rico, ese país centroamericano con ciudades tan emblemáticas como Ponce, donde Héctor Lavoe nació hace 68 años y Zunino hace 38. Cuando Juan Velasco Alvarado inició el proceso de reforma agraria, varias familias hacendadas fueron afectadas y expropiadas de sus tierras, entre ellas la Zunino Costa. La pareja de esposos abandonó Lima, vivió una temporada en Estados Unidos, y, por recomendación de un amigo cercano, caló en Puerto Rico hasta que Marco cumplió ocho meses de nacido y decidieron emprender el regreso.

«Es una de mis frases preferidas», dice Marco mientras se lleva a la boca una taza con café y se esboza una sonrisa en su rostro por el recuerdo de su madre. Estamos sentados en una cafetería dentro de un centro comercial frente al mar en Miraflores; por ratos, las miradas de las mesas vecinas apuntan a la nuestra. No es para poco. En la última década, las facetas artísticas de Zunino se han alternado, y con ello el recuerdo que la gente tiene de él: unos lo han visto en 2008 en el programa concurso Bailando por unn sueño, que finalmente ganaría; otros tienen grabado su estelar en Chicago [2012] en el Ambassador Theatre de Nueva York, cuando interpretó a Billy Flynn y se consagró como el primer actor peruano en Broadway; y también están quienes añoraron su papel como Leonardo Rizo-Patrón en la teleserie Al fondo hay sitio.

Si hoy Marco Zunino ha vuelto a la frase de su madre, es porque está en una etapa en la que tiene que establecer prioridades y asumir nuevas facetas. «Si algo no va a ser para ti, no va a ser para ti, y punto».

«Me dedico a esto desde que tengo catorce años, y hablar de fama en el Perú es tonto»

Marco, ¿y qué no es para ti en este momento de tu vida?
Hasta el año pasado estuve en Los Ángeles tomando clases de actuación y ‘audicionando’ para más de un proyecto televisivo. Pero los meses que estuve allá me sirvieron para darme cuenta de que aprecio mi carrera muchísimo, y aprecio lo que he hecho, y que los proyectos que me tienen muy entusiasmado son acá, en el Perú. No voy a negar que muchas puertas se me abrieron después de hacer Chicago en Broadway, pero tienes que hipotecar tu vida y quedarte en Estados Unidos. A estas alturas de mi vida, eso no me interesa.

Pero, vamos, no se pierden las esperanzas. ¿Y volver a Broadway, por ejemplo?
Sí, pero tampoco me quita el sueño. En una época quería ser protagonista de novelas de Televisa, luego ser estrella de Hollywood y después de Broadway. Todo el mundo se sueña ganando el Óscar y agradeciendo a papá y a mamá, pero tus prioridades cambian. Hay actores a los que no les da la gana estar ahí.

¿Qué es la fama?
Me dedico a esto desde que tengo catorce años, y hablar de fama en el Perú es tonto. Magaly se burla llamándolo Chollywood, pero tiene un poco de razón porque, a menos de que seas Paolo Guerrero que gana una cantidad de dinero impresionante, ¿qué es ser famoso en el Perú? Cuando hacíamos Torbellino, yo me movilizaba en la 73 para ir a grabar.

A pesar de que eran los chicos del momento.
Si sientes que para que tu carrera persista tienes que estar siempre en el pico de la ola, mejor dedícate a otra cosa, porque tu vida va a ser un infierno. Toda esta gente que sale ahora y hace escándalos no dura mucho.

Una vez en Nueva York, mientras Marco caminaba por las calles, vio a Meg Ryan paseando y no se contuvo. «Solo dije “¡Mira, Meg Ryan!”, y la mujer volteó a mirarme bien feo», recuerda. Cuando a Marco le ha tocado estar en la misma posición con un seguidor suyo, siempre responde de buena gana. «Usualmente los más cretinos son la gente de moda», explica, y nuevamente entran a tallar conceptos como la ‘fama’ o el ‘éxito’. Hubo un año, 2009, en que Jaime Bayly y Magaly Medina lo entrevistaron en sus sintonizados programas, y las personas no paraban de decirle: «¡Marco, este es tu año!», cada vez que lo veían. «Pero no, ese fue el año que menos chamba tuve», dice, y no contiene la risa. «Ahí te das cuenta de que el concepto de ‘éxito’ es totalmente erróneo».
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Desde noviembre pasado, Marco se convirtió en el quinto peruano designado Embajador Nacional de la Unicef en el Perú, labor que ahora comparte con Gianmarco, Gastón Acurio, Dina Páucar y Mónica Sánchez. Visitando comunidades pequeñas y empobrecidas en Huánuco, Ucayali y Ayacucho, en el marco de campañas que velan por la salud y educación de los niños, Marco recuerda la labor social que tenía desde que formaba parte del elenco de Nubeluz, y visitaban hospitales de niños quemados y con cáncer en otros países. «A veces dicen que los actores vivimos en un mundo paralelo», comenta, pero sabe que esa es una conclusión apresurada de la gente que no ve al hombre detrás del actor, de la figura pública.

¿Los artistas deben tener una opinión política constante?
Totalmente, si no, ¿quién cuestiona? Recuerdo que Alan Rickman [actor y director de cine británico] decía: «como estamos gobernados por idiotas, los actores tenemos que seguir contando historias en las cuales enseñemos cómo puede ser la vida, cómo ha sido, qué cosas hemos hecho mal, qué cosas podríamos hacer bien». Esa es un poco nuestra función, por eso me dedico a esto.

A pesar de que algunas veces las mismas autoridades intenten censurar las expresiones artísticas…
¿Te refieres a La Cautiva? Creo que lo que más rabia me dio respecto a eso es que piensen que somos tan estúpidos que vamos a comprar tremenda falacia como esa, o lo que es más preocupante, si realmente son tan estúpidos que creen que realmente una obra como La Cautiva es una apología al terrorismo.

¿La viste?
Es una obra necesaria, cuando la vi, pensé «por qué no hacemos más de estas cosas». Yo soy de la generación del terrorismo, y no podemos olvidar qué paso. Hay muchas cosas sobre la CVR que las personas no están enteradas, y en La Cautiva te cuentan realmente cómo ocurrieron los hechos. No solo los terroristas, sino también los militares hicieron mucho daño. Ojalá logren que la obra se reestrene y vaya más gente a verla.
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¿Qué impresión te dejan tus últimos viajes a diversas provincias del país?
Hace poco estuve en una comunidad, cuyo nombre no recuerdo, y mientras hablábamos con el alcalde sobre los centros de esparcimiento de los niños y cómo podíamos hacer para construir más, él veía El chavo del 8. ¡Le importaba tres pepinos!

¿Te ganó la cólera?
Esa plata la podía utilizar para otras cosas, pero no le interesaba. En cambio había construido un palacio municipal horroroso en una esquina, un edificio que parecía un baño público. Yo pensé que nuestro presidente, al entrar, iba a hacer más cambios sociales, pero parece que no.


Marco ingresó a trabajar a Nubeluz cuando solo tenía 16 años. Apenas tres años después su padre falleció, y en él recayó un papel importante dentro de su casa. Había que tomar la batuta –pensó– y hacer valer los ingresos económicos que desde adolescente había logrado. «Cuando eres chibolo, piensas así, pero luego te pasa la factura», explica, y enmudece por unos segundos. «Me lo dijeron mil veces, y yo decía que no, no, no hasta que un día me cayó todo el peso encima». Hubo un tiempo en el que se preguntaba por qué siempre tenía que cargar con las cosas que ocurrían a su alrededor, por qué tenía que solucionar, decidir, y ordenar todo. «Y luego me pregunté por qué la gente tenía que aguantar esto de mí [risas]. Ahora estoy en una etapa en la que me estoy preguntando muchas cosas, pero a la vez encuentro muchas respuestas».

¿Has aprendido a estar solo?
Envidio mucho a la gente que sabe estar sola. Estoy aprendiendo un poco más, pero no es un trabajo fácil. Hay días en los que me gusta desconectarme y no saber nada de nadie, pero cuando se trata de estar solo en mi casa, hay algo a lo que le tengo miedo y no me permite disfrutar mi soledad.

¿Sigues asistiendo a psicoterapia?
Siempre. Todo el tiempo estamos cambiando, y las circunstancias de tu vida también. Para mí la terapia es básica. Me gusta. Soy muy emocional, y cuando la emoción te gana, no suele ser la mejor opción, porque hace que pierdas objetividad.

¿Tu labor en la Unicef no ha despertado tu instinto paternal?
Creo que no me gustaría ser padre. Me encantan los niños, adoro a mis sobrinos, pero pienso que la paternidad y la maternidad es un asunto que se ha sobrevalorado al punto de que la gente siente la obligación de ser padre y madre, y no es una cosa para todo el mundo.

Mucha gente cree que solo a través de los hijos se logra trascender.
No me importa ser una imagen a seguir de algo. Hay tanta presión en esta vida con trascender y con el éxito que es horrible… Vive el momento, no demuestres nada a nadie. Con quien tienes que trascender es con la gente que amas, con tu familia y tus amigos.

Hacia el final de la tarde, cuando el sol ya se ha ocultado, Marco recuerda por última vez a su padre antes de levantarse de la mesa de la cafetería. Hace poco su hermano mayor viajó hasta Chincha para visitar la hacienda que les fue expropiada durante la reforma agraria, y se dio con la sorpresa de que los hijos de los trabajadores de su padre habían construido una losa deportiva con el nombre de la cabeza de los Zunino Costa. «Era así como mi viejo quería trascender», comenta. «A él poco le importaba ser el presidente del Perú, pero si supiera esto se habría echado a llorar en una». Marco dice que esa visión de vida se la inculcaron desde niño, y tal vez esa sea la respuesta de por qué el actor peruano con más logros en los últimos años se sacude de la fama para pasear como cualquier otro mortal en Lima.

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Dirección de Arte y styling: Sebastián Sommaruga
Producción: Pia Gonzales-Vigil
Maquillaje y peinado: Agar García