La chica de al lado

Escribe: Carlos Fuller M. / Foto: Fernando Criollo y Macarena Tabja / Dirección de arte: Sebastián Sommaruga
La heredera de un paquete genético de actores puede convertirse en Lu. En un locón. En la mujer bomba. Un aparato que monitorea su corazón intentó detenerla, pero no lo logró. Un problema de sobrepeso durante su adolescencia tampoco consiguió amilanarla. La prensa amarillista y los programas de farándula intentaron derrumbarla cuando estuvo envuelta en un escándalo absurdo. Pero ella, sabiamente, decidió callar. Entonces siguió ensayando, modelando, sonriendo, grabando proyectos con la energía que contienen sus veintiún años. ¿Hay algo que pueda detenerla?

Lucía Oxenford tiene veintiún años y el cuerpo flexible. «Exceso de colágeno», le dijeron los doctores. Podía doblar su nariz y sus dedos como si fuesen plástico. Se le nota divertida haciéndolo, de rato en rato, mientras no la ven. Su piel es muy blanca y sus ojos, muy marrones. Su lengua es tan larga que puede tocar su codo. Lucía, su piercing en la lengua y sus siete tatuajes: la estrella en su cadera, en su muñeca, detrás de su oreja o en su tobillo. El que decía amour en su nuca o el que decía pasione en su brazo o el que bajaba hasta el coxis y decía sweet dreams are made of this.

Lu, para los amigos. No para los chacales, esos periodistas que la seguían de arriba a abajo y que se escondían en la esquina de su casa para documentar su vida. No. Para ellos era Lucía Oxenford Frayssinet y les decía con furia: «¿Quién te ha dado la confianza de llamarme Lu?». «Lucía Inés» dice su pasaporte de doble nacionalidad argentina que lleva en su cartera, porque le robaron la billetera en un concierto. No le gusta que sepan su segundo nombre. Hubo también otros apodos menos amables. La podían llamar «mocosa malcriada» en los programas de espectáculos y ese era uno de los insultos más ligeros.
¿A quién le importa lo que diga la gente chismosa? Lucía es un espíritu inquieto en un metro setenta y dos que no podía contenerlo. Un locón, según su cuenta de Facebook. Una mujer bomba, según un taxista. Una vedette, según ella misma, y que no se malinterprete.