La búsqueda de una nueva tradición

Verónica Etro

Escribe: Gloria Ziegler
De niña Verónica Etro creaba títeres y pequeños vestidos con las muestras de tela que le regalaba su papá. Hoy se encarga de la línea femenina de la casa de modas que fundó Gimmo Etro. Acaba de presentar su colección de primavera-verano en el LIFWeek, donde apuesta por una técnica casi extinta para los paisley, esos icónicos estampados pintados a mano de la marca italiana. ¿Por qué a una diseñadora no le alcanza con marcar la tendencia de la temporada?
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Una diseñadora de modas dice que no le interesa crear una colección trendy y deja confundido a más de uno. No parece haber contradicción más grande. Y sin embargo, Veronica Etro –la diseñadora encargada de la línea femenina de la casa italiana que participó en el LIFWeek– lo dijo. Es que lo trendy es como la fama repentina de esas personalidades mediáticas que hoy se pasean por todos los estudios de televisión y mañana nadie recordará. Su misma fuerza parece volverlas efímeras. Y si hay algo que han sabido las principales casas de modas italianas es reafirmarse hasta convertirse en verdaderas dinastías. «Nuestra visión de la moda está basada en el balance entre moda y tradición –cuenta la menor de los hermanos Etro desde Italia–. No nos interesa crear una colección trendy, sino piezas que funcionen sin importar el paso del tiempo, piezas que la gente quiera coleccionar y usar a través de los años».

La compañía que hoy lidera con sus hermanos Ippolito [director financiero y de operaciones], Kean [el diseñador encargado de la línea masculina] y Jacobo [director creativo] fue fundada hace 45 años por su padre Girolamo Etro. De él se sabe de su fascinación por los viajes, que los estampados de sus fibras finas se inspiraban en los lugares que conocía y las historias que escuchaba, que mientras visitaba la India descubrió el paisley, ese gráfico en forma de gota que primero se convertiría en el ícono de Etro, y luego en un símbolo de la elegancia italiana; y que en poco tiempo logró competir con marcas que llevaban años en el negocio de la moda. Pero ese mismo hombre, Gimmo, también era quien llegaba a su casa con muestras de tela para que su pequeña Veronica pudiera hacer títeres y sus primeros diseños en patchwork, cuando aún era una niña. «Era divertido y colorido. Crecí rodeada de belleza, de arte y antigüedades y todo eso desarrolló mi curiosidad», recuerda la diseñadora que acaba de presentar la colección de primavera-verano 2013 en el Perú.

Es una mujer que no tolera el aburrimiento. Dice que ni siquiera lo entiende. Creció estimulada por su padre y sus hermanos mayores, estudió en Alemania, y luego en el Central Saint Martins de Londres, donde no sólo aprendió de moda sino de arte, fotografía, creación de escenografías, joyería y escultura. «Fue una experiencia de 360 grados –cuenta Veronica– y cuando volví de Londres quise unirme a la empresa y desarrollar mi idea sobre la moda desde una visión mucho más abierta, más rica. Algo que ya había nacido con mi padre y seguimos trabajando después de cuarenta años.

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Creo que eso nos ha permitido preservar la tradición y al mismo tiempo mirar hacia el futuro sin ninguna influencia externa». Porque si hay algo que los Etro han sabido mantener es el trabajo en familia. «Ese es el verdadero valor que tenemos hoy: la posibilidad de compartir la misma visión de la marca, los códigos de diseño y la apreciación de las texturas y los colores de las telas, trabajando en un mismo espacio, comparando nuestras ideas, y, de hecho, hasta tomamos decisiones todos juntos durante los almuerzos en la cocina de la empresa».

Allí, probablemente, hayan elegido las telas espesas como la seda sablé, cady stretch, algodones rígidos y drappé que utilizaron esta temporada en la colección femenina de la casa italiana. Una propuesta marcada por las imágenes de pájaros, mariposas, flamencos y lagartijas que se fusionan con el follaje, las siluetas simples y sobre todo, por el protagonismo absoluto de una técnica que ya casi no se utiliza: los estampados realizados a mano. Ese mismo recurso que permite dar una nueva profundidad y sombra a los entramados, en contraste con los generados en computadora, que hoy dominan las pasarelas. «Me interesan mucho los patrones –explicó la diseñadora–. El paisley es nuestro ADN y hasta ahora siempre ha sido un desafío crear estampados nuevos con diferentes técnicas. Cada temporada desarrollamos y reconsideramos el diseño de nuevas maneras y es muy estimulante. Y de este, en especial, adoro la poesía que esconde en los trazos del pincel».

Dice que cualquier cosa que la rodea puede ser su punto de partida: libros, fotografías, viajes, telas, música o incluso arte, como pasó esta vez con la obra del artista español Hermenegildo Anglada Camarasa y las figuras femeninas orientales. Ellos fueron la inspiración para trabajar su mirada del Romanticismo en el siglo XXI a través de pantalones de piernas anchas amarrados a la cintura, chaquetas que remiten a kimonos, tops en forma de pétalos, faldas largas y vestidos simples, combinados con piezas que sorprendieron por su estructura, como los vestidos con una sola manga y trajes de una sola pieza, como delantales. Y todo eso surgió después de una visita al museo Reina Sofía, en Madrid. «Hay que tener los ojos bien abiertos, estar atento a las sensaciones y, sobre todo, a las intuiciones», explica Etro.

Ya no siente la presión que tuvo en la primavera del 2000, cuando presentó su primera colección, pero sabe que su trabajo no se puede limitar a marcar la tendencia de la temporada. «Nosotros definimos nuestras propuestas como Nueva tradición, que es un concepto de moda que empieza con la tradición de Etro y evoluciona conforme llega a crear consciencia, dimensión y posicionamiento dentro de la industria de la moda». Y para eso ser trendy no significa nada.