Karina Calmet

Mira al cielo para no caer

Escribe: Manolo Bonilla / Foto: Marco Garro / Dirección de arte: Mencía Olivera
La actriz es también atleta. La disciplina del deporte ha hecho de Karina Calmet una mujer que demuestra en segundos el entrenamiento de un año, que carga sus zapatillas para correr donde va y que ha batido varios récords desde adolescente. Pero tiene otra disciplina: se persigna antes de correr, reza antes de dormir y lleva siempre una medalla de San Benito de Mogrovejo en el pecho. ¿Una atleta que cree en Dios puede perder algo mientras corre?

Karina Calmet ha regresado de entrenar en La Videna. En noviembre participará en el Sudamericano de atletismo y sueña con el Mundial en Porto Alegre, Brasil, del próximo año. Procura entrenar tres horas al día en medio de los ensayos de Al fondo hay sitio, serie donde interpreta a Isabella Maldini. Pero esta noche, ha llegado a la terraza de un café como si hubiera salido del gimnasio. Lleva una malla, un top celeste y zapatillas para correr. Carga una bandeja con tres barras de chocolate, dos paquetes de galletas dulces y un capuccino con crema. No hay una botella de agua. Dice que cuando hace atletismo todo lo que come lo baja rápido. Tiene 1.73 de estatura y su entrenador dice que el largo de sus piernas es ideal para superar las vallas de 86 cm. Cuando la zancada es más larga y la frecuencia más rápida, mayor es la velocidad. «Las mujeres que compiten en las carreras con vallas saltan un poquito, yo no salto. Solo las paso», explica Calmet. «Es una cuestión genética. Nací con el don para el deporte».
Los dones aparecen en los relatos bíblicos como regalos del Espíritu Santo. Y requieren disciplina y tiempo para cultivarlos. Ella dice haber nacido además con otro don: el de la interpretación. Pero esta noche ha abierto el empaque de galletas que tienen chispas de chocolate. En la muñeca lleva una de esas pulseras de hule con un mensaje que dice que «Dios es Grande». Se lo regaló la presidenta de su club de seguidores, junto con un llavero que dice que es una mujer virtuosa. «Que se comporta según las leyes de la Iglesia Católica», explica Calmet. Y ahora saca una medalla de San Benito de Mogrovejo que permanecía oculta dentro de su top, sujeta por el brassiere. Iba junto con un collar y a veces se le enredaba en el pelo cuando corría. Se lo regaló su guía espiritual. Pero prefiere no decir su nombre. No se llama Sai Baba ni proviene de la India. Es una amiga suya con la que sale a tomar café, a reírse y conversar.
Durante dos años, Karina Calmet leía el tarot. Tenía varios clientes a los que les adivinaba el futuro, la invitaban a dar predicciones en programas de televisión y hasta llegó a publicar Magia Pura, su primer y único libro esotérico, en el año 2007.
Cuando volvió a la religión católica dejó todo eso.
Algunos seres humanos abrazan el yoga, un credo, el deporte, las drogas o la comida cuando atraviesan un episodio azaroso en sus biografías. Desde Saulo en el desierto, que después sería Pablo, el apóstol, hasta Iván Cruz, el bohemio cantante de boleros que creó su propia iglesia. Necesitan un orden y un cambio en sus vidas. «Una persona muy linda, una mujer, llegó a mi vida y me dijo “oye, ¿por qué no dejas las cartas y le ofreces a Dios esto a cambio de una cosa mejor? Vas a ver que te va ir muy bien”. Pero pensaba ¿cómo voy a dejar de hacerlo si eso es lo que me da de comer?», cuenta Calmet. La que sería su guía espiritual le hizo jurar que no iba a leer más las cartas. Al día siguiente, Efraín Aguilar, el director de Al fondo hay sitio, la convocó al elenco. «¿Cómo no voy a creer en Dios? Y así empezó a cambiar mi vida. Dios no tiene por qué demostrarme nada. Hay que tener fe. Pero ahí está».