Kani Hart

El fin de año delfín

Escribe.Carlos Fuller M. / Fotos: Macarena Tabja
Tres personajes. Una adolescente de quince, una anciana de noventa y el guardián del edificio en el que viven. Tres historias que se juntan en la víspera de un fin de año particular. Lima Trece es la nueva película de Fabrizio Aguilar, el director de Paloma de papel y Tarata. Una historia que se filmó en tan solo seis semanas. Conocimos la realización de este drama desde los ojos de la más joven de sus protagonistas.

Es el final del año del fin del mundo. En Lima. Una chica llega a la ciudad y no conoce a nadie. Tesla es su nombre. Sus padres están separados. Se ha quedado con su madre, una escritora de best sellers. Una mujer muy ocupada con la promoción de su próximo libro, casi sin tiempo para preocuparse por su hija de quince años. Tesla extraña a su padre.

En Lima nadie tiene tiempo de conocer a su vecino, nadie habla con desconocidos. Mucho menos si son de otra edad o de otro estrato social. Pero Tesla se siente sola. Conocerá a su vecina, Trini, una mujer de noventa años que ha perdido a su marido. Conocerá a Guachi, el vigilante del departamento en el que vive. Un hombre que ha perdido su trabajo y que ha sido abandonado por su esposa. Lima Trece narra el encuentro de estas tres soledades. Tesla es interpretada por Kani Hart. Acaba de cumplir quince años. Y estos son los últimos días del año del fin del mundo.


El estreno es en una semana. Fabrizio Aguilar, el director de la película, aún no ha llegado. Kani Hart viene de una sesión de fotos en La Molina y no ha almorzado. Todavía tiene el peinado hecho. Conoció a Fabrizio por la tarde, en un parque cercano a su casa. Ella sabía que él vivía por ahí, pero no lo conocía. Aquel día, Kani estaba con sus amigos y vio a Fabrizio caminando junto a su esposa. Él se le acercó y le dijo, «Tú eres Kani Hart. Tú vas a salir en una película mía, vas a ser famosa». Algo así recuerda ella. Kani ya había salido antes en televisión, en programas infantiles. Ya había tenido un rol en la película Las malas intenciones. Su personaje era Jimena, la joven tía de la protagonista. Aquel encuentro entre Fabrizio y Kani ocurrió hace un año, mucho antes de que la llamaran al cásting o que supiese que el proyecto de Lima Trece existía.

El primer día de filmación, Uvaldo Huamán –que interpretó a Guachi– preparó un pago a la tierra. Era diciembre y tenían seis semanas para grabar, hasta finales de enero. Seis semanas porque ese era el tiempo que la Municipalidad de Miraflores le concedió a Fabrizio para grabar, día y noche, en el parque frente a su apartamento. A pesar del corto tiempo de rodaje, el proyecto ya tenía tres años desde su concepción. Fabrizio, junto a otros dos guionistas, estuvo trabajando en la preparación de la historia por más de un año y medio.

El escenario principal es el propio apartamento del director. También se grabó en el MALI, en el Centro de la imagen, en la Costa Verde y en Puente Piedra. Grabación todos los días, día y noche, menos feriados, Navidad y Año Nuevo. La vez que grabaron en una playa de la Costa Verde se quedaron hasta las cuatro de la mañana. En otra escena, Tesla amenazaba con suicidarse y Kani se tuvo que parar en la azotea del edificio de Fabrizio, cubierta con luces de navidad. En Puente Piedra también tuvo que estar en altura. Parada a ochenta metros, encima de un tobogán que llevaba a una piscina, mientras el agua pasaba debajo de ella. Aquel día le dijeron que ese tobogán no estaba en uso porque se había muerto alguien ahí. Ese mismo día, en Puente Piedra, y mientras grababa, Kani Hart celebró su cumpleaños número quince.


–¿Te han dicho de dónde viene tu nombre?

–Kani es un diminutivo –respondió. En verdad me llamo Tawaykani. Es un sitio en Arequipa al que me llevaron cuando era más chica. Todos los grifos y restaurantes se llamaban como yo.

–Tu personaje, Tesla, ¿qué tan parecido es a ti?

–Sí, me siento algo identificada. Mis padres también están separados. Tesla es curiosa, muy rebelde y también muy conflictiva. Ha tenido épocas de tristeza y soledad. Es reservada, oscura, sombría y lanza gritos de atención.

–¿Y qué has podido hacer para considerarte rebelde?

–Además de las peleas normales con mi mamá, no soy mucho de hacerle caso a las reglas. Solía ir al colegio en piyama. Al principio no me decían nada, pero un día todas mis amigas llegaron igual. Éramos doce mujeres con pantuflas. Ya era muy obvio, nos mandaron donde la directora. Alguna vez me escapé de mi casa, aunque solo para salir por ahí, a pasear.

–¿Eres depresiva como ella?

–No tanto. Hace poco sí. He terminado con mi enamorado de un año, es bastante para mi edad. Pero, en fin, no se acaba el mundo.
–A menos que sí se acabe el mundo…

–Claro, como en la película. Pero yo ya tengo mi lista de cosas que hacer antes de que se acabe.

–¿Como cuáles?

–Primero, haría una fiestaza en mi casa. Solo he hecho una en toda mi vida. Haría parapente. Me da miedo, pero se acaba el mundo así que no hay mucho que perder. Algo que siempre he querido, ir corriendo hacia una pileta con todas mis amigas y grabarlo. Lo subiría a YouTube. Ah, sí, me haría otro tatuaje también.

–¿Ya tienes uno?

–Sí. Unos peces Koi. Son chinos. Símbolo de perseverancia.

–Qué profundo…

–No me voy a hacer cualquier cosa. Sacárselos cuesta caro.

Fabrizio Aguilar entró al cuarto y se paró frente a Kani. Detrás había un grupo de camarógrafos y reporteros de un canal de televisión.

–¡Te cortaste el pelo! –le dijo Kani.

–Sí. Vámonos, que estamos tarde.