Vuelo sobre el océano

Especial Deportes

Por Javier Wong
El kitesurf, la disciplina de la cometa, de la tabla y del arnés, se practica desde hace 37 años. Deslizarse por el agua, además de ser un reencuentro con la naturaleza, es solo el inicio. Lo mejor viene después, cuando uno logra elevarse por el aire.
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El equilibrio de la tabla hawaiana, el uso del viento en el parapente, la velocidad del wakesurf [que utiliza un bote para jalar a una persona con su tabla], y los ollies y giros del skate: el kite combina todas estas disciplinas, utiliza sus conceptos y se convierte en un deporte nuevo. A esto se suma un elemento innovador y vertiginoso: el kite te permite volar sobre las olas; ser libre por unos cuantos segundos.

La primera vez que Jose Losno voló estaba con su amigo Raúl Gómez. Llevaban un mes practicando kitesurf, y dice que esa fue su mejor sesión; quería contar a todos acerca de este deporte. Ahora, dos años luego de aquella tarde, Losno es dueño –junto con Raúl y Mariano Breccia– de Kite Club Paracas, lugar donde aficionados a este deporte pueden hospedarse en la reserva y tomar clases para salir a navegar. La idea apareció después de visitar a su hermano en España y observó la playa de Tarifa, al sur de la península. «Vi todas las cometas en el agua y cómo giraba un negocio en torno al deporte», dice Jose, que ya tiene un año inmerso en este proyecto deportivo. «Paracas debe estar en el top cinco de lugares para entrenar y aprender en el mundo», comenta.

¿Qué se requiere para practicar el kitesurf? Primero una tabla especial, que tenga sujetadores para ambos pies. Luego un arnés que se conecta a la cintura. Parece una armadura que se adhiere al estómago y a parte del torso. Luego viene la cometa, cuyo tamaño puede variar, pero siempre estará a entre dieciocho y veinte metros del navegante. Al final lo que mueve todo es el viento. Si no corre aire, no se puede practicar kite. Por eso Paracas es un lugar privilegiado. «El agua es plana y el viento sopla a 20, 25 nudos [entre 35 y 50 kph] side off, lo que significa que viene de costado y va hacia dentro del océano», dice Losno. No te lleva directamente a mar abierto ni te regresa a la costa; te mantiene ahí dando vueltas. «Uno puede estar metido en el mar cuatro, cinco horas».

Tanto tiempo dentro del mar permite practicar maniobras o navegar tranquilo al son del viento. Las clases que imparte el equipo de Jose duran tres horas; hay dos profesores, y los alumnos usualmente se logran parar al tercer día. Lo más gratificante, sin embargo, es elevarse del agua. El kite permite realizar piruetas impensadas: giros de 360 grados, vueltas sobre la tabla, posiciones que combinan destreza y velocidad. Saber que caerás sobre el agua te permite mover el cuerpo con más libertad. La altura de los saltos varía según la destreza del ejecutante. Los aficionados comienzan saltando tres o cuatro metros; los experimentados logran elevarse quince sobre el mar.

En el 2012, cuatro exponentes del kite llegaron al Perú. Entre ellos estaba Youri Zoon, campeón mundial de ese año. Jose Losno y su equipo los hospedaron y llevaron a las playas de Paracas. Allí comenzó el espectáculo. Los cuatro kitesurfistas desarrollaban maniobras casi irrealizables. Se elevaban quince metros y hacían volteretas con la tabla, la agarraban con las manos en el aire, giraban para ambos lados. «A Youri le encantó el lugar. Se quedó enamorado; quiere venir de nuevo», dice Jose. También fueron a Pacasmayo, donde los exponentes corrieron olas con la tabla y la cometa. Todos se quedaron asombrados por las maniobras de Zoon y compañía; daba la impresión de que nunca iban a regresar al mar cuando saltaban.

Luego de ver aquello y lograr elevarse del suelo, Losno es un convencido de que el kite te engancha de por vida. «El viento que te jala, el agua que chorrea. Hay una descarga de adrenalina bastante grande», dice el hombre que también ha corrido en Colombia, Panamá y España. Sucede que el kite no es solo correr olas, utilizar el viento o mantener el equilibrio; es eso y más. Agarrar la cometa sobre el mar es el comienzo; luego vienen el salto, las piruetas: sentirse libre.