Sesentas años de complicidad

Especial de San Valentín

Por María Alejandra López / Fotos de Alonso Molina
sanvalentin1+

Denis Gonzáles Daly & Ana María Marrou

Verlos juntos es asistir a una bonita sesión de lenguaje no verbal: se guiñan, se lanzan miradas cómplices, sonríen juntos, como acordándose de alguna locura del pasado. Hace unas semanas, Ana María Marrou y Dennis Gonzales Daly cumplieron 59 años de casados. Él es atento, con buen porte y pelo entrecano; ella es risueña, tiene ojos claros y blonda cabellera. Todo este tiempo –dicen mientras posan para la foto– ha sido como un viaje constante: no solo por las estadías en Alemania, Rusia, Japón, China, Australia e incluso Hawái, sino porque han llevado, según ellos, el mejor equipaje que la vida les ha podido dar: cinco hijos –dos mujeres y tres hombres–, dieciséis nietos y cinco bisnietos. «El amor está en el aire», dice una famosa balada en inglés. Y aquí se eso se siente.

A ambos les pareció buena idea organizar una reunión familiar para festejar ese particular aniversario. Ana María preparó un lonche con sándwiches, triples, bocaditos y su clásico queque de naranja. Sabían que así atraerían mejor la atención de los más pequeños de la familia y, de paso, disfrutarían de cerca sus ocurrencias y travesuras.

Ambos están cómodos mientras los flashes de la cámara van y vienen. «Él era muy divertido, eso fue lo que más me enamoró» dice Ana María. «¡Yo no sabía eso!» responde Dennis, sonriendo. Su historia comenzó por esos azares que la vida parece tener bien preparados. Comenzaron a frecuentarse cuando el hermano de Dennis se casó con la prima hermana de Ana María. Se casaron dos años después de conocerse, allá por 1955.

Antes de finalizar la entrevista, revelan que el día del lonche, Fernando, su hijo mayor, les sorprendió con un emotivo mensaje: «La mirada que tienen las personas que están totalmente complacidas con la vida, la observo en mis padres. Eso sólo se consigue cuando valoras lo que es realmente importante, como ver correr a tus bisnietos por la sala con total libertad». Cada vez que vuelven a leer la nota de Fernando, les es imposible ocultar la emoción.