Michael Schumacher

Una leyenda de las pistas nunca pierde su gloria

Escribe César Ochoa
No solo es el piloto más exitoso de la Fórmula 1. Schumi, como lo llaman, es ante todo un hombre que no puede vivir a menos de cien kilómetros por hora. No solo lo apasionan los monoplaza, también es un veloz motociclista y experimentado esquiador. Tras su reciente accidente en Francia, su salud está grave y con pronóstico reservado. Pero aquí lo recordamos en tres facetas y como lo que es: un hombre rayo.
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El último episodio en la biografía de Michael Schumacher, el hombre que siempre vivió a toda velocidad, es el golpe que se dio en la cabeza contra una roca cuando esquiaba cerca de Méribel, en Los Alpes franceses. Sucedió el 29 de diciembre último, y desde entonces la prensa ha tejido varias hipótesis sobre cómo pasó el accidente. Aunque las investigaciones están en marcha, solo hay una certeza: si no hubiera llevado casco, todo habría terminado al instante para él, para Schumi: el siete veces campeón de Fórmula 1.

Para sus fans de todo el mundo, pero en especial para los tifosi de Ferrari, esos hinchas acérrimos de la escudería del caballito rampante, la noticia fue como un choque seco a trescientos kilómetros por hora. Schumacher quedó en coma, en estado crítico, con pronóstico reservado. Solo esas noticias han salido desde el Centro Hospitalario Universitario de Grenoble, en Francia, donde atienden al famoso Barón Rojo. Por estos días, sin embargo, un rumor se expande como el rugido del motor de un monoplaza. Schumi saldría en cualquier momento del coma inducido, estado al que los médicos lo sometieron empleando sedantes para que su cerebro descanse luego de sus dos operaciones posaccidente. En términos más veloces significa que ya podría respirar por sí solo. Sin embargo, el 17 de enero por la noche, desde Alemania llegaron voces de médicos especialistas que decían que Schumacher quedaría en coma para siempre. «Su condición todavía es estable», respondió ese mismo día Sabine Kehm, portavoz oficial del Káiser, y recomendó no dejarse llevar por especulaciones. Hasta aquí llega la crónica de esta suerte de entrada forzosa a los boxes, al stand by de un hombre que a sus 45 años no podía vivir a menos de cien kilómetros por hora.

Pero hasta aquí llega la crónica de esta suerte de entrada forzosa a los boxes, al stand by de un hombre que a sus 45 años no podía vivir a menos de cien kilómetros por hora. Antes del accidente, además de leyenda de la F1, el Káiser, como también lo llaman, practicaba esquí y montaba motocicletas de Harley Davidson y de carreras, sin contar que también amaba el paracaidismo. «Cuando te retiras, todos los días intentas llenar el vacío que deja la Fórmula 1», dijo Alain Prost, otro campeón como él, cuando se enteró del accidente del piloto alemán. Hay quienes solo pueden vivir sin frenos. Repasemos aquí tres facetas veloces de Schumacher, el hombre rayo.

Schumacher dijo alguna vez que correr en moto era más excitante que hacerlo en un coche. «Es muy diferente, tienes que aprender desde cero, y eso lo hace tan fascinante». el piloto también ama las Harley Davidson. le gusta pasear de incógnito y reunirse con sus aficionados

El piloto

Ahí estaba, raudo, a la cabeza de la carrera de Spa [Bélgica] en 1995. Los cronistas de carreras dirán que Schumacher bailaba bajo la lluvia. La espesa garúa convertía el asfalto en una pista de hielo. Pero Schumi no paró su monoplaza para cambiar sus llantas lisas por las rugosas. Todos lo hicieron, excepto él. Hacia el final de la carrera, el inglés Damon Hill apareció en su espejo retrovisor con gran ritmo. Con impresionantes quiebres, Schumacher evita ser rebasado hasta que dejó de llover. Hill se ve obligado a cambiar de llantas. El Káiser gana. Era una epopeya más para la historia de este hombre récord de la F1. Ese año Schumacher ganó por segunda vez el título mundial a bordo de la escudería Benetton. La Ferrari lo esperaba a la vuelta de la esquina.

Schumacher llegó en 1996 a la escudería Ferrari con taquicardia: llevaba veintiún años sin ganar. Años después, de un zarpazo, Schumi le daría cinco títulos consecutivos [del 2000 al 2004]. Ese mismo piloto un día ganó una carrera sabiendo que su madre acababa de morir. Era 2003 y sucedió en San Marino. Schumacher ya no era el mismo de antes, pero ese día consiguió su primer podio del año y subió a recibir la copa con un brazalete negro, y conteniendo apenas el llanto.Elizabeth, su madre, había fallecido de una enfermedad terminal a los 53 años. Pero su paso por la F1 tuvo de todo y no estuvo libre de polémicas. Fue sancionado cuatro veces por diversas conductas ilegales, como cerrar el paso o chocar adrede. «Es el más antideportivo de la F1», dijo el piloto español Fernando Alonso. Pero añadió: «Sin embargo es el mejor a la hora de pilotear, y ha sido un placer luchar contra él». Schumi se retiró en el 2012 con cifras de leyenda: 7 títulos, 91 victorias, 155 podios, 68 poles y 77 vueltas rápidas.

El motociclista

Decía que correr en moto era más excitante que hacerlo en coche. «Es muy diferente, tienes que aprender desde cero, y eso lo hace tan fascinante». En el 2008, en una carrera en Hungría, Schumacher quedó en tercera posición en una competencia amateur a bordo de su Honda CBR1000RR. Pero ese ímpetu trajo consecuencias. En el circuito de la ciudad española de Cartagena, en el 2009, sufrió un accidente. Quedó inconsciente: una costilla fisurada y fractura en la base del cráneo. También amaba las Harley Davidson, con las que le gustaba pasear de incógnito y reunirse con aficionados alrededor del mundo.

El esquiador

Cuando chocó contra esa roca, en Francia, Schumacher se encontraba disfrutando de días muy divertidos con Corina, su esposa, y sus hijos Mick [14] y Gina María [17]. Como solía decir, su vida alejado de las pistas era para compensar tantas horas que sacrificó lejos de su familia para entrenar y competir en la F1. Antes, cuando quería esquiar, se trasladaba hasta su casa de invierno en Trysil [Noruega], a 210 kilómetros de Oslo. Sin embargo, casi siempre lo hacía de incógnito. Sus amigos dicen que era experimentado, que le gustaban los descensos rápidos.

En la película SUEÑOS DE FUGA, el amigo de un preso que logra escapar de la prisión, tras pasar veinte años encarcelado injustamente, sentencia: «Debo pensar que algunos pájaros no son para vivir enjaulados. Sus alas brillan demasiado». Lo mismo se puede decir de Michael Schumacher. Él solo vive para ir más rápido.

MIchael Schumacher