Lo bello de ser uno mismo

Especial Belleza

Por Raúl Lescano / Fotos de Augusto Escribens
Andrea Cillóniz ha encontrado en el yoga, la meditación y la antropología una especie de santísima trinidad para su trabajo como coaching personal y corporativo. A través de la introspección, la conversación y la conexión con el cuerpo busca que los participantes de sus talleres se desprendan de lo que la sociedad dicta y aprecien lo que llevan guardado dentro.
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«Tomar conciencia requiere tiempo, y el tiempo en esta sociedad es muy rápido», dice Andrea Cillóniz, quien lleva diecisiete años practicando yoga y diez años haciendo de la meditación una herramienta esencial de su vida. Todo lo que ha asimilado en esos años de práctica constante se ha transformado ahora en talleres en los que fusiona esos conocimientos con el coaching personal y corporativo. En un mundo donde todo gira a gran velocidad alrededor de uno, Andrea revalora esa costumbre a veces olvidada de detenerse a escuchar a los demás y a uno mismo.

A través de sus talleres, Andrea Cillóniz ha encontrado una problemática general en las personas: la falta de coherencia entre lo que dicen, sienten y lo que sus cuerpos expresan. Siempre está pendiente de cómo se coordinan esos factores en las personas. Si de algo se trata la belleza para ella, por el contrario, es en la libertad de una persona para ser auténtica.

Después de vivir seis años en el Valle Sagrado, donde trabajó en turismo y dio clases de yoga, Andrea regresó a Lima para procesar esa conexión con la sencillez que había encontrado allá y poder llevar ese aprendizaje a más personas. «Fue una vida de campo: naturaleza, gallinas y plantas. Pero a través del yoga y de la meditación me di cuenta de que esa no era yo, que estaba viviendo así pero que yo era más grande que eso. Los roles como madre, como hippie, al final conforman una totalidad que es la esencia de uno, no solo uno de esos aspectos», recuerda. A eso se dirige el coaching de Andrea, a una aceptación de todos los elementos, los buenos y malos, de uno y de los demás. Una tarea compleja en una sociedad llena de estereotipos de éxito y belleza. «Lo bello no es lo perfecto, sino lo que está completo. No es la selección de las cosas bonitas que se ven bien, sino el complemento de todo», dice Andrea Cillóniz, en un salón de paredes y muebles blancos con vista a la huaca Pucllana de Miraflores, donde dicta los talleres.

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La búsqueda

Cuando Andrea comenzó en el yoga tenía diecisiete años y buscaba la manera de estar tranquila con el mundo. Encontró mucho más: una forma de concebir el mundo, una búsqueda de aprendizaje frente a la situación que sea y la posibilidad de relacionarse con las personas de una manera natural. Cuando terminó el colegio su exploración vocacional pasó por carreras de Comunicación y Economía que no terminó. A través de la danza y del yoga comprendió que el cuerpo era el vehículo más eficaz para vivir el presente. Después de un viaje de un mes a Indonesia, donde se enfrentó a una cultura totalmente distinta, encontró en la antropología la base de lo que hoy logra con el yoga, la meditación y el coaching: ubicar a las personas en sus contextos para poder comprenderlas y hacer que indaguen en ellas mismas.

Los talleres de yoga y meditación que da mensualmente de manera alternativa no se tratan de simples ejercicios físicos. Andrea realiza talleres que permiten a las personas buscar dentro de sí actitudes, manías o creencias que las pueden limitar. Todo a partir del cuerpo, de la respiración y de la conversación. De esta manera busca desmitificar estas prácticas del misticismo al que se las suele vincular. «Lo que dan la meditación y el yoga puede ser considerado muy esotérico, alejado, y no tiene por qué ser así. La conciencia del cuerpo que te da el yoga es un deber de cada uno. Tu cuerpo condiciona mucho tus capacidades. Si tú no eres flexible y fuerte en cuerpo, difícil que lo seas al tomar decisiones». Ahora Andrea piensa en cómo acercar más la antropología, su profesión, al coaching. Quiere llevar los talleres a equipos que estén trabajando en relaciones comunitarias, en que se necesita negociar, tener conciencia de las emociones y de los compromisos.

Ahí donde priman las confusiones, las máscaras sociales o los problemas a nivel personal o corporativo, Andrea Cillóniz encuentra qué aprender. «El caos y las dificultades son el momento para encontrar los recursos que uno tiene. Así como toda profesión te enseña a mirar el mundo desde un ángulo, el yoga y la meditación permiten ampliar las maneras como uno vive».

Cinco premisas para la vida

1. Así como el corazón late, la mente piensa. Solo tienes que dejarlo todo por un momento y permitir que la mente te lleve a donde desea o necesita.
2. Esforzarse por no demostrar lo que uno siente consume demasiada energía. Acepta tus emociones sean cuales sean.
3. Toda experiencia, por terrible que sea, siempre puede traer una enseñanza. Hay que preguntarse cuál podría ser.
4. El cuerpo condiciona las demás capacidades de uno. Aprender a conectarse con tu cuerpo. Te ayudará a tomar mejores decisiones en la vida.
5. Así como un parto es bello a pesar del dolor, la belleza es aceptarse a uno con lo bueno y lo malo.