Joyas de Familia

Joyas

de familia

Un negocio donde la palabra vale oro [o diamantes o zafiros o rubíes]. Donde vender una piedra falsa puede costar miles de dólares y un mal nombre de por vida. Muchas de estas historias comenzaron cuando aún no existía la gemología [el estudio de las piedras preciosas] y solo se tenía por arma un lente de aumento y un buen ojo. Buscamos a tres dinastías de joyeros, quienes nos hablaron del oficio de los metales y las piedras eternas. En un negocio como este, la cosa queda en familia.

Los Noriega
Aldo & Co

Cada vez que la mira, Aldo Noriega se conmueve. Una sortija mínima que le regaló a su hermana Cecilia por su cumpleaños, un 30 de setiembre. Apenas brillaba y, entonces, Aldo no tenía la infinidad de relojes, perlas y joyas que adornan su tienda en la Av. Primavera. Aldo se conmueve porque su hermana cumple años el mismo día en que comenzó su negocio, un 30 de setiembre de 1984. Un negocio al que llegó de casualidad, al ver a una mujer de su oficina vender un joyero en pocas horas. Aldo se animó y se consiguió 31 gramos de oro, el equivalente a 200 dólares, se fue al centro de lima y se mandó a hacer anillos que vendió al instante. Como se ganaba bien, repitió la operación una y otra vez.

Desde siempre, Aldo Noriega tuvo en mente trascender en el tiempo. De ser posible, dejarle el legado a sus hijos, siempre y cuando les gustase. Y ellos demostraron su interés desde muy chicos. Aún tiene el recuerdo de Franco, el segundo, haciendo anillos en el taller y chancándose los dedos. Su primera hija, Andrea, se encarga de las finanzas. Flavia, la menor de los tres, acaba de entrar, a fines del año pasado, a practicar durante el verano. Ellos apenas son la segunda generación, la joyería cumplirá tres décadas el próximo año. Sin embargo, Aldo & Co se ha ganado nombre a fuerza de seriedad, profesionalismo y decencia, según dice el patriarca. Su hijo Franco, por su parte, cree que la joyería es un mundo en constante cambio.

—La clientela ha cambiado —dice Franco—. Internet es muy importante y hay que cambiar el chip, cosa que mi papá aún no hace. Él es mucho más vehemente, quiere repetir siempre la misma fórmula y no se cansa.

Franco no se dio cuenta de que su padre estaba detrás suyo mientras decía esas palabras. Ambos se miraron y sonrieron.

Los Banchero
Casa Banchero

La factura es de la joyería Mayer Reybaud, en la calle Unión, Centro de Lima. Es de finales del siglo XIX y está expuesta a la entrada de la tienda de Miraflores de la joyería Casa Banchero. Justo debajo está el reloj de bolsillo inglés, de oro, con esferas intercambiables. Perteneció al poeta y ensayista Manuel González Prada. La etiqueta del precio dice US$ 0.00, porque es la única reliquia de la tienda que no está a la venta. Héctor Banchero padre no tiene idea de cómo la consiguieron, era muy joven entonces. Tenía diecinueve años cuando comenzó a trabajar junto a su padre en el negocio que había comenzado su abuelo. Entonces no existía la carrera de Gemología y el valor de un buen joyero se reducía a dos cualidades: su honestidad y saber utilizar bien una lupa de diez aumentos. «Es imperdonable que un joyero venda algo que no es. Por más honesto que sea. A lo mejor, lo engañaron a él, pero eso termina por perjudicar al cliente», dice Hector.

Hoy, él tiene 72 años y son sus tres hijos los que continúan la tradición familiar. Ellos vendrían a ser la cuarta generación de Bancheros que se dedican a la joyería. Héctor hijo es el administrador y ha estudiado Gemología;Ingrid es diseñadora, se encargó de la construcción del taller y realiza adquisiciones. Ambos estaban fuera del país al momento de la entrevista. Jacqueline, la menor, sí estaba en Lima. Ella estudió Gemología en el Instituto Gemológico de América, así como su hermano. Héctor Banchero padre nunca estudió Gemología, en su tiempo se aprendía con la experiencia. Sin embargo, ahora es diferente, las imitaciones son cada vez más exactas: existen joyas sintéticas. Pero tienen un laboratorio de Gemología que les da la seguridad de saber qué es lo que están vendiendo.

Subiendo por la escalera de caracol de la tienda de Miraflores nos topamos con varios retratos. Son de su padre y de su abuelo. Sus tres hijos se dedicaron a la joyería. A sus 72 años, está tranquilo.

Los Jiménez
Murguía

En los negocios siempre hay que ser un caballero. La palabra vale todo». Así lo decía el patriarca, José Jiménez, el que inició un linaje que hoy comienza su tercera generación. La joyería Murguía solía pertenecerle a Don Manuel Murguia. Pero cuando este falleció –y luego de varios años de negociaciones entre los accionistas– fueron los Jiménez quienes tomaron el mando. El año 2010, la joyería cumplió un siglo de existencia. Y aunque Don José Jiménez ya no vive, aún se mantiene aquello que sentó como base: la palabra lo vale todo. Más aún, en este tipo de negocios donde una sola compra puede significar 10 mil dólares o más, y donde una equivocación puede valer un cliente o más.

Esta tarde, en la casa de Rafael –uno de los hijos de Don José–, se ha reunido buena parte de los Jiménez que hoy dirigen las tres tiendas que tienen en Lima, en San Isidro, Chacarilla y Miraflores. Están Raúl y Daniel que, junto a su padre, llevan la tienda de San Isidro. Está Rafael padre con Rafael hijo –el menor del linaje–, quienes trabajan en Miraflores. No pudieron llegar Ana María y su padre, que dirigen la de Chacarilla. Pero los cuatro presentes se han sentado a recordar al patriarca. A Don José Jiménez. El mismo que le regaló un collar de esmeraldas a su esposa, diseñado por él mismo, que guardan como reliquia familiar. El que trabajó en la joyería hasta pasados los setenta años. Al que veían los fines de semana en las reuniones familiares, rodeado de veintiún primos.

Hasta el día de hoy, tienen proveedores en Bélgica y Estados Unidos que han estado con ellos por más de cincuenta años. Proveedores que ahora son amigos a los que visitan cuando hay una boda o un evento importante. Dice Daniel Jiménez, uno de los nietos de José, que los clientes vuelven a la tienda y le dicen, «Mi papá le compraba a tu abuelo».

Los Noriega

Los Banchero

Los Jiménez