El secreto de las supermedicinas

Por César Becerra
Los medicamentos biológicos son fármacos sofisticados que atacan las enfermedades de manera más certera. En el Perú aún no son tan conocidos como la aspirina o un antigripal. Si uno aborda la salud desde la prevención, esta falta de información puede ser determinante.
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El Día de San Valentín tiene un significado distinto para Roxana Arbe. Un 14 de febrero recibió un flechazo del destino que nadie espera recibir jamás en su vida: le detectaron cáncer de mama. Roxana, psicoterapeuta de 39 años de edad en aquel entonces, pensó en su hijo de dos años y en una coincidencia horrible: su mamá murió de cáncer cuando ella tenía la misma edad que el niño. Semanas después, los médicos determinaron que el cáncer estaba en la etapa III. Debían operarla, someterla a sesiones de quimioterapia, monitorearla durante meses. Por su estatura –Roxana mide 1.30 metros– los especialistas sabían que era un caso de alto riesgo. No tenían idea sobre cómo iba a reaccionar ante los tratamientos. El riesgo de morir después de una sesión de quimioterapia era real.

En algún punto del proceso, cuando ya había iniciado las sesiones de quimioterapia, un médico le propuse utilizar medicamentos biológicos. Roxana, como muchas personas, nunca había escuchado sobre ellos. De hecho, si usted hace un breve sondeo con las personas que tiene cerca, es muy probable que la mayoría no conozca estos fármacos. «Son medicamentos producidos a partir de células vivas», afirma José Juárez, decano de la facultad de Farmacia de la Universidad Mayor de San Marcos. «Son sustancias parecidas a las proteínas humanas y tienen propiedades farmacológicas. Se manipulan genéticamente en laboratorios para que puedan enfrentar determinadas enfermedades», agrega el especialista.

Estos medicamentos se emplean para tratar males considerados ‘catastróficos’ tales como cáncer, artritis reumatoide o diabetes. La principal ventaja radica en lo siguiente: actúan de manera específica en el organismo, sin dañar las células sanas del paciente. En términos concretos, esto se traduce en una reducción de los efectos secundarios, en una mejor calidad de vida y hasta en mayores chances de curación de la enfermedad. Es una herramienta que brinda esperanza.

Roxana Arbe, por ejemplo, sonríe. Es un día soleado de verano y han pasado casi dos años desde aquel inolvidable 14 de febrero por motivos nada románticos. Al verla así, tan contenta por compartir su historia, resulta difícil creer que haya vivido un proceso clínico tan duro. «Siempre me dicen eso. Por un lado, creo que mi actitud ha sido clave. Pero haber usado medicamentos biológicos ha ayudado mucho también. Como me ves, me siento sana».

El presente de Roxana es un caso feliz que desafía las estadísticas, pero es necesario precisar que los medicamentos biológicos, si bien mejoran la calidad de vida y luchan contra la enfermedad de modo más preciso, no representan garantía de curación en todos los casos. Aun así, son armas poderosas. «No son mágicos ni funcionan de manera inmediata. Al contrario, requieren tiempo para que actúen. Lo cierto es que son opciones que existen en el mercado, se usan y tienen buenos resultados», precisa Juárez. Otra aclaración importante radica en que los medicamentos biológicos no reemplazan a otros métodos al 100%. «Por ejemplo, en casos de cáncer, se utilizan de manera combinada con la quimioterapia o la radioterapia», asegura Raúl Velarde, director médico de Roche. «Este cóctel mejora de manera importante las posibilidades del paciente».

Alternativas costosas

Los medicamentos biológicos son caros. Esto se debe a que el proceso de elaboración de cada fármaco toma años. «El mecanismo de producción es cientos de veces más complejo que un medicamento químico convencional», señala Velarde. Tal complejidad, en términos de tecnología, tiempo y dinero, se traduce en un precio final sumamente elevado y difícil de costear para el paciente.

Roxana Arbe se llevó un susto cuando fue a la farmacia con la receta del médico. «Me anotaron la cifra en un papelito. No lo podía creer cuando leí: 8 mil 100 soles cada dosis. ¡Yo necesitaba 16 sesiones!», dice. En otras palabras, ella tenía que desembolsar 129 mil 600 soles. Es aquí donde aparece la pregunta trascendente: ¿cómo acceder a medicamentos tan costosos? Por un lado, mediante los seguros de salud. En el Perú, varias compañías ofrecen programas que contemplan la cobertura de estos fármacos. Otro camino es el seguro social. Roxana, por ejemplo, pudo acceder a los medicamentos gracias a su seguro de EsSalud. El consejo: ahora que usted sabe que existen estos fármacos, consulte a la compañía aseguradora si los ofrece. No está de más.