El rockstar de la arquitectura

Peter Marino

Por César Ochoa
Tiene el look de un tipo duro pero decora casas de famosos como Giorgio Armani o Calvin Klein y diseña las boutiques más importantes del mundo. Dior, Chanel, Lowe, Hermenegilda Zegna pelean su exclusividad, pero él consiente a todos con sus propuestas colmadas de lujo, sin repetirse a sí mismo.
Christian Dior : Front Row - Paris Fashion Week - Haute Couture S/S 2014

Peter Marino viste muy parecido al motociclista de Village People, ese famoso grupo de música disco de finales de los setenta. Botas anchas, pantalón y chaleco de cuero negros, crucifijo en el cuello, guantes con espuelas, gafas de sol y gorra como de policía. También luce orgulloso su barba de candado y un tatuaje de dragón en el hombro derecho, casi siempre descubierto. Más que un excéntrico que se codea con el jet set que gobierna el mundo de la moda internacional, es reconocido por ser uno de los arquitectos y decoradores de interiores más importantes de las últimas tres décadas. Decora casas de sus amigos íntimos –desde Yves Saint Lauren a Giorgio Armani y Calvin Klein– y las boutiques más fashion de las grandes capitales. Si Armani, Dior, Louis Vuitton o Chanel abren una nueva tienda, casi puede asegurarse que ha sido obra y gracia de este transgresor de la imagen personal y gurú de los gustos más refinados. Acaba de ser considerado por la revista americana Fast Company como uno de los cien personajes más creativos del 2013 [puesto 60], lista que lideran Dong-hoong Chang, jefe de diseño de Samsung, y Kirthiga Reddy, directora de operaciones en línea de Facebook.

Decorar el nuevo departamento de Ricky Martin en el Upper East Side de Nueva York ha sido trabajo más reciente de Pedro el Grande, como también le dicen a este transgresor de profesión. Si el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, Peter Marino transforma los espacios en templos del lujo. Para cada proyecto, convoca a artistas de renombre para que sus obras decoren sus estancias, juega con las luces, los cristales; mezcla lo clásico y lo contemporáneo. Cuando se trata de una boutique, capta el ADN de la marca y siempre sorprende, pero nunca escatima en gastos. Su leyenda personal creció como una moda. A finales de los setenta, Marino era todavía un arquitecto joven pero entusiasta de Queens [Nueva York], pero decorar la casa de Andy Warhol fue su trampolín. Su novia de ese entonces era secretaria de ese ícono del arte pop, y gracias a esa feliz coincidencia hoy el mundo tiene a un ‘tipo duro’ en las esferas más altas del buen gusto. 62 años, paseos en su Harley Davidson, vacaciones a islas Galápagos o Alaska, una esposa que lo admira y una hija llamada Isabelle componen la vida personal de Marino. Su vida laboral, sin embargo, se compone de más aristas que hay que desmenuzar si se quiere entender por qué su empresa homónima tiene casi doscientos empleados, por qué ha realizado trabajos en 33 países de tres continentes y por qué la expectativa sigue siendo desmedida cada vez que un proyecto cae en sus manos.

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La filosofía Marino

Dior, Chanel, Lowe, Hermenegilda Zegna. Marino no tiene exclusividad con ninguna marca, pues sabe cómo no repetirse a sí mismo. Sus boutiques, que corresponden al 70% de su trabajo [el resto son proyectos residenciales que no suele revelar], se han convertido en una suerte de museos de arte. Su fin último –dice– no es que la gente se asombre de lo bella que está la tienda, sino que la gente compre los productos. «Me aseguro de que los productos sean fáciles de ver, de que los espacios sean coherentes. Hago cosas muy lógicas, en las que funcionan los colores, los materiales y las texturas, que es algo con lo que las personas pueden conectar rápidamente». Para él cada firma posee un alma, una personalidad diferente, y debe percibirse ni bien se traspasa el dintel de la puerta.

Marino se mueve en un mundo de tira y afloja entre cliente y arquitecto o decorador. Él conoce bien el negocio, y confiesa que tiene cierta impaciencia. «Cuando voy a presentar un proyecto y alguien empieza con ‘no me gusta eso’, ‘por qué no cambias lo otro’, le digo: ‘Mira, llevo treinta años haciendo arquitectura e interiorismo. ¿Por qué no me escuchas? Me estás pagando mucho dinero por este proyecto; sugiero que me escuches’». Pero jamás hace ‘engullir’–como él dice– un proyecto al cliente. «En general aconsejo, hago mi trabajo lo mejor que puedo, y, si no lo quieren, pues bien».

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Creaciones personales

Sus cifras son tremendas: 30 tiendas de Chanel, 20 para Louis Vuitton, 15 para Dior. Solo por citar tres marcas. Uno de sus trabajos icónicos es la boutique de Louis Vuitton en Hong Kong, por el que recibió el Institute Honor Award en el 2007, el más importante de diseño interior estadounidense. La torre de Chanel en el distrito de Ginza de Tokio, que presenta una gigantesca fachada de cristal con luces LED, ha recibido la misma atención internacional.

La sede de Louis Vuitton de Singapur también es un establecimiento imponente: más de 12 mil metros cuadrados construidos sobre el mar a los que se puede acceder en lancha privada o por un túnel subterráneo. Además del espacio comercial, el edificio cuenta con un espacio inspirado en las cubiertas de los yates de lujo, una sala de exposiciones y una librería. Marino suele revestir las paredes de delicadas sedas y los suelos de oro oxidado, y, sobre todo, juega con la luz natural. Casi siempre mezcla materiales nobles, como la piedra, madera, lana y seda, con otros productos desarrollados con alta tecnología, como fibra de carbono. «Todos tendrán sus quince minutos de fama», dijo Andy Warhol. Uno de sus amigos, un joven arquitecto al que presentó al mundo, ha dicho que quiere seguir en boca de todos por más tiempo.