El campeón de Vale Todo que solo gana por knockout

Especial Deportes

Por Pablo Panizo / Fotos de Augusto Escribens
En las artes marciales mixtas, las reglas son simples: entra a la jaula, usa la técnica que quieras y destruye a tu rival antes que él te destruya a ti. A los veinte años, Marco Knockout Olano tiene cuatro peleas como profesional: las cuatro ganadas, las cuatro por KO, las cuatro en el primer round. El chico que perdió el respeto por sus rivales hoy es Campeón Latinoamericano Peso Welter. ¿Alguien se atreve a retarlo?
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La noche antes de pelear por el Inka Fighting Championship, el título latinoamericano de vale todo, Marco Olano había estado en casa de su novia, celebrando su cumpleaños, pero él apenas probó bocado. Estaba pálido. Había perdido ocho kilos en una semana para llegar a la balanza con el peso pactado: 77 kilos. Esa noche del 19 de mayo, en cambio, a la salida del camerino se le veía frío y seguro. «Cuando va hacia la jaula se transforma», dice su novia. «Lo ves en la mirada, en cómo camina. Marco tiene un tatuaje que dice Mata o muere. Él va a matar, de frente».

En las artes marciales mixtas [MMA] está prohibido morder, dar cabezazos, golpear la nuca o los testículos, patear a un rival en el suelo y meter los dedos a los ojos o a cualquier orificio. Fuera de ello, la consigna es golpear a tu rival tan duro que no pueda levantarse del suelo ni oponer resistencia. Su nivel de violencia causa por igual escándalo y adicción, aunque lo cierto es que no se ha demostrado un mayor riesgo de muerte que el de disciplinas más tradicionales, como el boxeo. Popularizado en Estados Unidos en los noventa, en el Perú este deporte ha crecido exponencialmente en la última década, y por los últimos cinco años las veladas del IFC han sido el máximo escalón donde ponerse a prueba entre los mejores peleadores nacionales.

Desde su primera pelea como profesional, a los dieciocho años, Knockout Olano ha subido a la jaula del IFC cuatro veces. Le bastaron dos KO en el primer round para ganar el derecho a pelear por el título nacional peso welter. Fue la primera vez que desconfiaron de él. ¿Noquear a dos peleadores y ya querer enfrentar al Tanque Puente, el más aguerrido de la categoría? Marco dijo que lo iba a retirar del vale todo y el Tanque respondió avisándole que lo iba a noquear y, ya noqueado, le iba a seguir enseñando a no meterse con sus mayores. Marco le ganó con un certero puñetazo en la mandíbula. La caída del Tanque fue tan dura que el árbitro no permitió ni un golpe más. Estaba acabado.

Ese día se ganó el derecho a pelear por el título latinoamericano. Para cuando el árbitro dio inicio a la pelea, Marco Olano, completamente concentrado, salió a noquear. El brasilero Leonardo Leozada Nogueira, nueve años mayor, experto en jiu jitsu, respondió a sus puñetazos con una potente patada a la rodilla izquierda. Marco se fue al suelo. Todo su planteamiento se desmoronó. Si algo no podía permitirse contra un maestro en piso, un especialista en asfixias con guillotinas, era ir al suelo. Desde la lona se hablaba a sí mismo. «Tranquilo, escucha a tu esquina. Coge la reja, párate». Y lo hizo. No se había recuperado por completo cuando cayó nuevamente. Tenía a Leozada encima.

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En la sala del casino Atlantic de Miraflores los espectadores preveían una victoria del brasilero. Las apuestas pagaban más de 3 a 1 a su favor. Lucho Arias, su entrenador, había escuchado las advertencias de los expertos: que no era buena idea hacerlo pelear, que tenía apenas diecinueve años, que lo iba a quemar. Pero Lucho no había pactado la pelea, sino Marco; él solo le tuvo fe al chico que llegó a su gimnasio con quince años y que ahora ve como a un hijo.

«¿Tú quieres pelear? ¿Estás seguro?», le preguntó. Marco asintió. «Entonces yo te apoyo». Ambos se sometieron a lo que Lucho llama 5-12-5: por la mañana se corre desde Surco hasta La Herradura, ida y vuelta; al mediodía se hace ejercicio cardiovascular y se entrena para la pelea; a las cinco de la tarde se regresa a Kamikaze, el gimnasio de Lucho, para una última sesión. En los intermedios Marco se bañaba, comía y dormía. No había tiempo para más. La rutina duró dos meses y Marco no faltó un solo día. Los sábados y domingos ejercitaba por su cuenta.

Esa noche de mayo, cada día de esfuerzo valió la pena. Habían entrenado juntos la estrategia de defensa: Lucho encima y él intentaba sacárselo como sea. Ahora Marco tenía a Leozada encima, intentando someterlo con una llave hasta dar palmazos a la lona y rendirse, pero extrañamente lo tenía controlado. «Lo sentía y me decía a mí mismo: yo entreno con gente más fuerte. Lucho es más fuerte».

Marco intentó sacárselo y lo hizo volar. Se lo sacó tan bien que le perdió todo el respeto. Quedó de espaldas y él aprovechó para lanzarse a sus piernas y dejarle claro que no le tenía miedo ni a él ni al suelo. Nuevamente de pie, Marco Olano sacó provecho de sus puños, su mejor arma, y lo boxeó por un rato, esperando ese momento en que Leozada quisiera tomarlo por sorpresa para llevarlo nuevamente al piso. El brasilero intentó entrar, pero la tercera fue la vencida y Knockout Olano lo recibió con un codazo en la cien que lo mandó a dormir. En el suelo le dio un puñetazo, dos puñetazos, el tercero cayó sobre el árbitro y el cuarto también. Leozada estaba noqueado y el peruano era el nuevo Campeón Latinoamericano Peso Welter del Inka Fighting Championship.

Esa fue su última pelea. Knockout no sube a la jaula hace casi un año, esperando una propuesta que signifique un reto para él. Viéndolo posar con su cinturón de campeón, Lucho repite lo que le dijo cuando llegó a Kamikaze: «Mira, yo te voy a servir de guía, pero si tú quieres seguir con esto tienes que irte al extranjero. Tienes las características para pelear en el UFC». El Ultimate Fighting Championship [UFC] es el circuito más importante de este deporte. El único peruano que ha llegado al UFC es Tony de Souza. Su última pelea fue en 2007, pero todavía es un referente entre los aficionados al vale todo. A Marco le llegan mensajes desde Brasil para entrenar en el campamento de vale todo, el paso inicial en el camino a este circuito. La fecha todavía no está decidida, pero Marco sabe que ese es su lugar.

Sentado sobre la lona, escucha a Lucho decir que caer luchando también es una victoria. Pero Marco Olano responde: «Yo nunca pienso en perder. Nunca».