El arte de meditar sobre una tabla de surf

Especial Deportes

Por César Ochoa / Fotos de Alonso Molina
Gracias a dos profesoras de yoga, una nueva disciplina ha llegado a las playas de Lima: el paddle yoga consiste en realizar posturas de esa práctica milenaria sobre una tabla de paddle surf. No solo fortalece el cuerpo y permite un contacto con la naturaleza, sino también es un constante reto por lograr el equilibro total.
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A la altura del kilómetro 56 de la Panamericana Sur hay una pequeña bahía rodeada de cerros rocosos que forman una playa de olas tranquilas, como las del Caribe. Es temprano y el viento todavía sopla despacio en este lugar apacible cerca de Pucusana. Reni Bickel –rubia, ojos pardos verdosos– ingresa al mar cargando su tabla de paddle surf, práctica que consiste en surfear impulsándose con un remo. Con ella viene Lara Vicich –castaña, sonrisa amplia–, y ambas empiezan a remar hasta unos quince metros de la orilla. La calma a esa altura del mar es como la de una laguna. Seguras de que el agua tiene una profundidad adecuada, sueltan pequeños cubos de concreto que tienen atados a sus paddles y actúan como anclas. Entonces comienza la magia: usan sus tablas como si fueran colchonetas y ensayan diversas posturas de yoga, milenario sistema de ejercicios que ayuda a tonificar el cuerpo, controlar el peso y reducir el estrés.

«¿Yoga sobre tabla de paddle?», se preguntó Lara, hace poco más de un año, cuando vio en internet la foto de una chica que practicaba paddle yoga: la fusión de esas dos disciplinas. «Para mí fue una sorpresa», cuenta Lara esta mañana, antes de entrar al mar. Tras seguir la pista a esa imagen se enteró de que el paddle yoga es muy difundido en lugares como Hawái, California, México y Puerto Rico, aunque su origen es incierto. Casi como un acto reflejo, envió la foto a Reni, profesora en el estudio del yoga que ella dirige. «Es una surfista tenaz, y pensé que podría interesarle». Así emprendieron el proyecto de fundar Paddle Yoga Perú, una tarea que les tomó un año y que en diciembre pasado tuvo su primera clase. «Teníamos que practicar, conseguir el auspicio de las tablas, buscar los lugares donde se darían las clases», dice Reni, y luego señala que incluso tuvieron que idear su propio modelo de ‘muerto’, que es como llaman a ese cubo de concreto que hace las veces de ancla. «Incluso logramos que una empresa local fabricara tablas especiales para paddle yoga: anchas y largas», señala Reni, mientras conduce camino a la playa con un par de paddles sobre el techo de la camioneta.

Reni está parada de cabeza sobre la tabla apoyada en sus codos. Aunque el agua la mece y el viento sopla, mantiene su postura. Está concentrada. A diferencia del yoga convencional, el paddle yoga exige desarrollar el equilibrio: así se fortalecen los músculos que se esfuerzan para mantener las posturas. «Es una desconexión con el mundo: uno realmente entra en contacto con la naturaleza, fluye con ella», dice Lara. Asegura que la sensación de la flotación ayuda a aliviar la pesadez que el día a día genera en la mente.

Las nubes todavía cubren el sol y en el cielo hay un gran alboroto de gaviotas. Cuando empezaron las clases, Reni y Lara tuvieron más de cien alumnos, desde adolescentes hasta ancianos. Realizan sus sesiones en Ancón, Barranco y Santa María por las mañanas y las tardes, a la hora del sunset. Las clases comienzan con un calentamiento en la orilla, continúan con veinte minutos de remo y treinta minutos de yoga más una relajación final: la respiración profunda. «Mis alumnos me preguntan por qué salen tan desestresados, y les respondo que es porque tuvieron una desconexión total», dice Lara. «Sobre el agua no hay celulares ni preocupaciones ni nada: si piensas en eso, te caes», dice mientras ríe. Caerse de la tabla está dentro de la rutina del paddle yoga. De hecho hasta a Reni y Lara les ha pasado. «Si te caes, tienes que superar ese retroceso, volver a subir e intentarlo de nuevo», señala Reni. El paddle yoga es sobre todo una disciplina que te enseña a volver a levantarte.

El yoga siempre ha sido un complemento para los deportistas extremos. Reni nació en Suiza y descubrió el surf en su adolescencia. Sigue viajando por el mundo en busca de olas extremas. Lara hacía bicicleta de montaña y surf en Estados Unidos. Ambas encontraron en el yoga esa disciplina ideal para fortalecer el cuerpo y relajarse.

‘Fortalecer’ [tonificar] es una palabra clave en el paddle yoga. La oscilación de la tabla hace que cada postura, por más simple que sea, exija un esfuerzo adicional. «Es una práctica que avanza paso a paso. Tiene que estar supervisada siempre para evitar lesiones», señala Reni, y asegura que no solo se han inscrito en Paddle Yoga Perú personas que conocían la disciplina, sino también quienes empiezan de cero. La mayoría son deportistas, y es natural que el paddle yoga les haya impactado, pues son personas que siempre buscan nuevos retos. Flexibilidad, fuerza, equilibrio, relajación. Todo en una sola disciplina.

En una sala de yoga normal, el profesor indica cada postura directamente, pero sobre el mar cada indicación es a viva voz, y para ello ambas tienen que ser específicas. «Hay muchos tipos diferentes de yoga, pero aquí nunca se caerá en la rutina», señala Lara. Asegura que Paddle Yoga Perú brinda las tablas para las clases y que no es necesario contar con una.

El sol ha salido, las olas rompen con más fuerza y el viento es más veloz. Luego de salir, Lara asegura que sus alumnos, al comienzo, siempre tienen mareos. «Nadie se espanta por eso –dice–, al contrario siempre regresan».