Amor opuesto

Especial de San Valentín

Por María Alejandra López / Fotos de Alonso Molina
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Wilson Mufarech & Mónica Rey

En pocos días cumplirán treinta años de casados y reconocen que se sienten emocionados, como cuando esperaban su primer aniversario. Cuando uno los ve interactuar, es fácil darse cuenta de que Mónica Rey y Wilson Mufarech son, como dicen los románticos, la prueba de que los polos opuestos se atraen. Mónica viste una blusa turquesa con estampados florales. Wilson viste una camisa amarilla más bien sencilla. Es solo el comienzo de los contrastes. Él se considera un hombre tranquilo. Ella asegura ser más vivaz. «Yo la vi primero, pero ella no se acuerda» dice Wilson, acordándose de cuando se conocieron. «¡Eso dice él», le responde Ana María, y se ríe. Ese “tú eres A, yo soy B” ha hecho de su relación un divertido juego que ya lleva tres décadas.

Mónica trabajaba en una agencia de viajes y amaba estar en el aire. Wilson le tenía miedo a los vuelos. «Nuestro primer viaje juntos fue en la luna de miel. ¡Ahí le quité el miedo a los aviones!» dice Mónica. «Ambos tenemos diferencias, pero muchas cosas en común. Queríamos formar una familia, ya no éramos unos niños, éramos mayores y quisimos construir este sueño juntos» dice Mónica mientras observa a su esposo. «Cuando te enamoras de alguien, el físico te atrae, pero lo que te conquista totalmente es lo espiritual», dice Wilson.

Durante la sesión de fotos, una sincronización mutua revela que se complementan muy bien. «¿Puedo posar en su hombro?» pregunta Mónica. Wilson la toma de las manos, como suele hacer desde que se enamoraron. «Debí ponerme la otra camisa», interviene Wilson, con buen humor. «¡No hubiéramos combinado bien!», le responde Mónica. Están jugando otra vez.

Los hijos de los Mufarech, como hijos de dos personalidades distintas, han tomado caminos diversos. El mayor es ingeniero civil; el siguiente, arquitecto; el otro, comunicador; la cuarta hija, psicóloga; el quinto estudia Administración y, la última hija, Derecho. Los nietos, confían, pronto llegarán. «Hay momentos difíciles, pero hemos vivido otros muy bonitos y valen mucho más», asegura Mónica. Para ellos el matrimonio no es el “y vivieron felices para siempre”, sino el inicio de un camino que hay que aprender a trazar juntos, por encima de cualquier diferencia.