Tres formas de hacer cine

Tres formas distintas [y exitosas] de hacer cine en Latinoamérica
Un director que prefiere el silencio, un actor que finge no serlo y una directora que experimenta con sus novelas.

Carlos Sorín, Armando Espitia y Lucía Puenzo fueron los invitados especiales del 17° Festival de Cine de Lima, y conversaron en exclusiva con AS sobre sus más recientes películas.

Entérate de lo que nos contaron en esta cobertura especial.



Por Piero Peirano
Fotos de Fernando Criollo
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Carlos Sorín


Carlos Sorín


«Los gestos y los silencios comunican más que las palabras»

El director argentino Carlos Sorín, ganador de San Sebastián y presidente del jurado del reciente Festival del Cine de Lima, filmó en la Patagonia una historia que había comenzado a pensar hace casi diez años. A esa historia la llamó Días de pesca y en ella regresa a ese tipo de relatos cotidianos, pero sobre todo esenciales, que son parte de su estilo.

Por Piero Peirano
Foto de Fernando Criollo




Los personajes de Carlos Sorín sonríen con miradas tiernas, que conmueven. Es algo que sabe lograr este director argentino de 69 años que, a través de gestos y silencios, en cada una de sus cintas propone un tipo de cine que busca formas más apropiadas para decir algo. En Días de pesca, filme ganador del premio SIGNIS en el Festival de San Sebastián 2012, un padre va en busca de su hija para corregir los errores del pasado, tal vez sin saber que en ese viaje también se descubrirá a él como un hombre nuevo, un hombre con ganas de vivir.

¿Cuánto importa el silencio en Días de pesca?
Yo juego dramáticamente con el silencio y las omisiones, para que el espectador llene esos espacios; eso le da un respiro para que pueda reflexionar. El silencio tiene un papel importante: una falta de respuesta que va acompañada de una mirada puede ser tan enfática como una sinfónica. Por eso pienso que los gestos y los silencios comunican más que las palabras. No siempre lo que uno dice es lo quiere decir, ni lo que siente.

Trata de contar solo lo necesario.
Yo traté de contar lo mínimo posible en Días de pesca para que el espectador pueda completarlo. Esa es la intención. Lograr lo más con menos; movilizar la menor cantidad de recursos narrativos y expresivos para lograr el mayor efecto. Es como en la terapia que usan en la homeopatía, que trata algunas enfermedades con pequeñas dosis. Esa fue la propuesta en esta película.

En cuanto a la historia, ¿cree que hay un regreso en Días de pesca?
Sí. En Días de pesca vuelvo al tipo de relatos de Bombón el perro, Historias Mínimas y El camino de San Diego. Y retorno también a la Patagonia. Su historia viene de la época posterior a Historias Mínimas [2002], y fue cambiando un poco en todo este tiempo. Pero fue bueno, porque las cosas maduran y uno hace la película.

¿Cuando decidió que debía hacerla?
No lo sé. A veces cuando pasan los años para un proyecto, la distancia hace que uno vea cosas que al principio no veía. Con eso no digo que hay que dejar de reposar la historia como los vinos, pero sí que cuando comienzo un proyecto tengo que estar seguro y entusiasmado con la historia. Todo el proceso de trabajo conlleva mucho desgaste, y si no partes con una dosis alta de entusiasmo, corres el riesgo de llegar mal hacia el final.

Las personas siempre viajan en sus películas.
En este caso, el de Días de pesca, es como una falsa road movie. La película empieza cuando el protagonista prácticamente ya hizo el viaje y llegó. Pero, más allá de eso, creo que esta idea del viaje tiene que ver siempre con la ruta. Y eso porque cuando se filma en la Patagonia la ruta es un elemento esencial; es todo.

«El proceso de hacer una película conlleva mucho desgaste. Si no partes con una dosis alta de entusiasmo, corres el riesgo de llegar mal al final»
Días de Pesca (2012)► Días de Pesca (2012)
Bombón: El Perro (2004)► Bombón: El Perro (2004)
Historias Mínimas (2002)► Historias Mínimas (2002)

En Días de pesca se mencionan lugares como Machu Picchu, la Isla del sol y el lago Titicaca. ¿Conoce esos lugares?
Conozco todos esos lugares y sobre todo el Perú. Viajé a Perú durante muchos años, pues le hacía la publicidad a la aerolínea AeroPerú. Además, te cuento algo: en el guión de Días de pesca, originalmente los mochileros que debían aparecer eran peruanos, pero no encontramos peruanos y sí colombianos, así que tuvimos que hacer un cambio.

¿Cómo fue su labor con los personajes?
En esta película hice un mix. El personaje del padre no lo podía hacer con un «no actor», por la cantidad matices y la sutileza que tenía en cada gesto. Fue una gran suerte elegir a Alejandro Awada, porque es un gran actor. No tuvimos que hablar nada. Entendió desde el inició hacia donde debía ir su personaje.

¿Cómo fue su trabajo con los «no actores»?
Cada caso es distinto: no hay método, porque no son actores. El entrenador de box, por ejemplo, era una maravilla, pues el timing que tenía era increíble. Tenía una fluidez y un encanto…. Pero partes con la idea de que el personaje se está haciendo a sí mismo. El guía de pesca, por ejemplo, enseña a pescar tiburones desde hace 35 años. Yo escribo las escenas, pero cuando pongo en marcha la situación, ¿qué le puedo decir si hace 35 años está pescando tiburones? Solo dejo que sea él mismo.

¿Le gusta ver sus películas?
No, generalmente. En el caso de Días de pesca, su estreno fue en Toronto; la sala estaba full y llegamos al festival sin haberla visto antes con público. Era la primera vez que la veíamos con tanta gente, entonces estaba muy nervioso y uno pierde totalmente la noción de lo que hizo.

Era como verla por primera vez.
No sabes qué pasa. Uno tiene una visión muy neurótica de su propia película. Con ella fuimos a San Sebastián, Pekín, Brasil, Uruguay, Panamá, Houston, Calgary [Canadá] y Perú. Sin embargo, ahora no veo la película, solo la presento y ya. Veo dos minutos y me voy. Empiezo a ver errores, más que aciertos. A veces, luego de muchos años, la veo como un espectador más.

¿Cómo fue la experiencia en el Festival de cine de San Sebastián, donde ganó el premio SIGNIS?
Fue realmente espectacular. Hubo un lleno completo y una ovación interminable. Soy muy local en San Sebastián. Pasó con Historias Mínimas y El camino de San Diego, ambas ganaron premio del jurado, y con Bombón el perro, que ganó el premio de la crítica internacional.

¿De qué tratará su próximo proyecto?
Estoy trabajando en eso. Trabajo simultáneamente en dos o tres proyectos. Pero espero estar filmando en la mitad del año que viene.

¿Escribe un guión?
Primero escribo una pequeña sinopsis, para ver cómo va todo, y después empiezo a hacer un guión muy tentativo, que no es todavía la primera versión.

¿Qué le gusta de hacer películas?
Creo que terminarlas; cuando termina el último día del rodaje. Pero también me gusta mucho la edición. A veces, en el balance, en un rodaje los momentos ingratos pueden ser en mayor cantidad. Pero no es tan importante cuando esta es la pasión que uno tiene.

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Armando Espitia


Armando Espitia


«Lo más importante es confiar en el director»




El actor mexicano Armando Espitia tuvo que vivir nueve semanas en un pueblito de Guanajuato para convertirse en el personaje principal de Heli, la nueva cinta de Amat Escalante [Mejor Director en Cannes 2013], ganadora del 17° Festival de Cine de Lima, que narra la historia de amor entre una niña de doce años y un cadete de diecisiete, en medio de un paisaje de desolación y violencia.

Por Piero Peirano
Foto de Fernando Criollo


La gente piensa que el protagonista de Heli no es actor y está bien. Eso es bueno para Armando Espitia que, con solo veinticinco años y un rostro adolescente, tenía como reto parecer una persona normal en la pantalla. Como nosotros, como cualquiera, como Armando, que ahora, tras pasar por el Festival de Cannes y estar en Lima por primera vez, aparecerá pronto en dos nuevas películas: Los bañistas y Trece cielos, de los directores Max Zunino y Jesús Mario Lozano, respectivamente. Sobre la segunda dice que trata un tema similar al de Heli. Aunque aclara que Heli es diferente, sobre todo por una razón: en ella todos los personajes están al servicio de la imagen.

¿De qué trata Heli?
Creo que la película trata sobre crecer. Alguien me dijo que trata de ser hombre, de cómo se convierte un niño en hombre, y creo que de eso se trata.

¿Qué es lo que más recuerdas de la película?
Había unos paisajes en Guanajuato, unos cerros de piedras grandes a los que iba a escuchar música cuando tenía tiempos libres. Estaba en un momento de la vida raro; quería estar en un lugar abierto y justo apareció la película. Creo que el camino a mi cerrito, esa sensación de estar solo, es lo que más recuerdo.

Leí que llorabas en algunos momentos del rodaje.
Lo que pasa es que me prohibieron muchas cosas. Cargo mis libros, mi diario y mi violín a todos lados, y Amat me sugirió que no lo hiciera. «Sé otra persona durante una semana», dijo. Así que estaba metido en el papel y me sentía como reprimido, sin leer o escribir, y entonces lloraba. Yo creo que llorando fue como salió el personaje.

¿Es importante tener mucha cercanía con el director?
Yo creo que fue esencial. El día que Amat decidió que yo haría el papel me dijo «vamos a hacerlo». Y dejé la carrera de actuación en la universidad para hacer la película, algo que le preocupaba mucho, pues cambiaría mi vida. Pero yo pensé que si lo haría, tenía que hacerlo con todo. Al final, me costó trabajo, pero valió la pena. Lo más importante es confiar en el director. Es algo que me deja la película.

¿Amat Escalante te dio algún material previo para tu preparación?
Un día fui a su casa y me puso una película de Robert Bresson. También me dio un libro con algunas citas del director francés; recuerdo una que decía que «el mejor actor es el que no actúa». Bresson hacía cuarenta tomas y Amat comentó que no me espantara si hacíamos cuarenta tomas también. «Lo vamos a vencer», dijo.

«Mi objetivo en Heli era igualar el tono de los no actores. Y como me dijo un día el director: si preguntan si eres o no actor, ese será el éxito con tu personaje. Creo que se consiguió, porque la gente piensa que no era un actor»
Heli (2013)► Heli (2013)

¿Cómo fue esa primera proyección en el Festival de Cannes? ¿Dicen que algunas personas se fueron de la sala por las escenas de violencia, como esa en la que golpean con un palo a un hombre amarrado de las manos?
Yo vi la función de prensa en la Sala Debussy, una de las salas donde se pueden ver las películas del festival, que estaba muy llena, y habrán salido de cinco a diez personas. No fue para tanto.

¿Cuán especial fue Cannes para ti?
Cuando lo viví creo que no lo entendí. Fue muy rápido. Pero queda el recuerdo. Unas semanas después que regresé y vi el video, era como un sueño. Pero después todo vuelve a la normalidad.

¿Que sientes al verte en pantalla?
Lo disfruté una vez. Es un placer ver que en medio de paisajes tan maravillosos y de una historia increíble, estoy yo. Es como si te hicieran un buen retrato. Pero la verdad no me gusta verme. El objetivo era que igualara en el tono a los no actores y, como me dijo un día Amat, si preguntan si eres o no actor, ese será el éxito con tu personaje. Creo que se consiguió, porque la gente piensa que no era un actor.

¿Es difícil trabajar con «no actores»?
Me costó trabajo. Yo quería hacer todo lo me habían enseñado, pero luego fui adaptándome y lo hicieron muy fácil. Me enseñaron a asimilar sin necesidad de investigar. Llegaban a conmoverse naturalmente y me ayudó a darme cuenta que donde vives es en la acción.

¿Siempre quisiste ser actor?
No lo sé, creo que es algo que siempre supe. Desde niño mi papá quería que hiciéramos deportes, pero yo no era muy bueno con ellos. Así que mi mamá encontró una sinfónica de niños cerca de mi casa y empecé ahí a los siete u ocho años. Eso me hizo conocer las artes y me di cuenta que me gustaba ese mundo. La música me dio una conciencia de lo que significaba.

¿Te gusta hacer teatro?
Me encanta el teatro desde muy joven. Cuando tenía quince años dejé la preparatoria y decidí hacer teatro. Entonces me metí a una compañía teatral dentro del D.F.; en paralelo trabajaba en tiendas de ropa o zapaterías. Íbamos de localidad en localidad con muy pocos pesos.

¿Has hecho más teatro que películas?
He hecho más teatro, pero ahora me colé en las películas. Mi maestra de actuación me decía que tenía más energía para el cine, que podía ser parte de ellas.

¿Has pensado que tal vez luego de Heli te llamen para hacer películas en Hollywood?
No lo he pensado, pero me gustaría hacer otra película en otro lugar. La gente cree que a partir de Heli voy a tener más trabajo. Por ahora solo tengo varias invitaciones en México.

Allí ya estrenaron la película, justo hace una semana.
Y la fueron a ver muchas personas. Le ha ido muy bien. Creo que a los mexicanos, por alguna razón, la película no les parece tan violenta.

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Lucía Puenzo


Lucía Puenzo


«La edición de una película es muy similar a la literatura»


La novelista y directora argentina Lucía Puenzo, ganadora de premios en los festivales de Cannes y Montreal, presentó Wakolda en la competencia oficial del Festival de Cine de Lima. En esta, su nueva película y una adaptación libre de su novela homónima, el doctor nazi Josef Mengele llega a la vida de una tranquila familia de la Patagonia para mostrarnos su lado más perverso.

Por Piero Peirano
Foto de Fernando Criollo


Las primeras novelas de Lucía Puenzo trataban sobre chicas y niños que crecían en medio de conflictos y rencores, contadas siempre con un estilo intenso y lleno de energía. Para esta directora y escritora argentina de 36 años, hija del famoso cineasta Luis Puenzo, la literatura no solo era un lenguaje para narrar una historia, sino también supuso la posibilidad de llevar su trabajo a otro nivel: el cine. Y es que allí, ella experimenta con algunas de sus novelas [dos para ser exactos], dándoles una nueva forma; como en Wakolda, su último filme, donde Puenzo nos lleva al tiempo en que Josef Mengele, ese doctor nazi que mandó a cientos de judíos a morir en los campos de concentración, vivió en la Argentina.

Wakolda es la segunda novela que adaptas.
Mientras escribía Wakolda no sabía si la quería filmar. Pero hay algo que tiene la novela, con un personaje que mira el mundo como un gran laboratorio, además del paisaje, que la hacen muy interesante para el cine.

¿Te gusta adaptar tus novelas?
Para mí son como experimentos. Creo que lo hago porque me divierte, porque están en el terreno de lo experimental. Es agarrar una historia que ya tiene una forma y una identidad, y probar algo diferente. Eso pasó con El niño pez, porque en la novela el narrador es un perro con mucho sentido del humor, y en la película solo es un personaje secundario.

Quien narra la película en El niño pez es una chica que tiene un perro.
Claro, en la película es la chica quien cuenta la historia. Eso generó un cambio en la trama, pues El niño pez se transformó en una cinta de género, en un policial.

Tus historias no tienen una narración lineal. ¿Trabajas mucho en la edición?
A mí me encanta estar en la isla de edición. Para mí es la oportunidad de volver a reescribir lo que hicimos. Allí estoy con el editor, que es como un hermano y con quien siempre trabajo, en el cuadro a cuadro, y muy conectados durante ocho semanas. Creo que la edición de una película es muy similar a la literatura, pues se agarran pedacitos de cosas, que pueden ser imágenes o tomas, y se reordenan. Creo que ahí se hace la película.

«Escribo todos los días. Siempre con la claridad de saber para qué lo hago. Cada frase surge sabiendo si va a ser literatura o cine, pues son lenguajes absolutamente diferentes»
Wakolda (2012)► Wakolda (2012)
El niño pez (2009)► El niño pez (2009)
XXY (2007)► XXY (2007)

¿Cómo haces para trabajar entre la literatura y el cine?
Salvo cuando estoy filmando, escribo todos los días. Siempre con la claridad de saber para qué estoy escribiendo. Cada frase surge sabiendo si va ser literatura o cine, pues son lenguajes absolutamente diferentes. Además leo muchísimo y sin parar. Soy muy lectora. Ahora estoy leyendo La isla de los ciegos al color, de Oliver Sacks.

Las mujeres tienen un papel principal en casi todas tus películas.
Son las que llevan la historia hacia delante, pero también hay personajes hombres muy fuertes. Los hay en mis tres películas y en Wakolda, sin duda, también los hay.

En ella destaca la figura de Josef Mengele, ese doctor nazi que experimentaba con niños, quien es acogido por una familia argentina. ¿Cuánto de ficción hay en tu historia?
Wakolda tiene una mezcla enorme de datos históricos y datos ficcionales, que podrían haber sido reales. Lo que sí es real es que Mengele estuvo en la Argentina y que la impunidad era tan grande que estaba en la guía telefónica con su nombre: José Mengele. Además se sabe que tenía una farmacéutica y viajó a Bariloche. La ficción es que vivió con esa familia argentina. Pero lo que vemos pudo ocurrir, porque en la película están muy claras sus perversiones.

¿Cómo fue recibida la película en el Festival de Cannes? Ya antes habías estado con XXY [2007], con la que ganaste el gran premio de la semana de la crítica.
Muy buena. Fue muy feliz esté viaje a Cannes. Y eso porque una cosa es estar en la semana de la crítica y otra en la competencia oficial. Llegamos con la película recién terminada y no se movió nadie en la proyección. Al final hubo un aplauso muy cálido que duró varios minutos y la película se vendió mucho. Fue una bendición lo que pasó ahí.

Ahora irás a San Sebastián.
Esta es la segunda vez que voy a ver Wakolda con gente. A mí me sorprende siempre, no sé qué pasa durante la proyección. No me gusta ver mis películas. Las veo ocho mil veces en la isla de edición. La veo el día del estreno y ya no las veo más.

Viajaste mucho en estos últimos meses para presentar la película. ¿Viajar es una parte normal en tu vida?
Yo creo que sí, siempre fui muy viajera. Desde muy chica, desde que terminé la secundaria, y siempre viaje sola. Con amigos y amigas y recorrimos Latinoamérica entera. Entre los dieciocho y veintiuno viajé de mochilera. Ahora sigo viajando, aunque de otra forma. Subo a un avión y descanso; estoy en otro país y descanso. Hay algo en la idea del viaje que me resulta muy relajante.

¿Conocías el Perú?
Pasé por Perú, aunque no vine a Lima. Entré por La Paz y luego seguí por Puno. Esta es mi primera vez en Lima. Ahora iré a Puerto Maldonado. Allí está mi mamá, que tiene una escuela de medicina alternativa en Buenos Aires y hace seminarios en muchos países de Sudamérica, como Perú. En la selva peruana tiene comunidades y personas que hacen una labor similar a la suya. Allí me mostrará dónde trabaja.

¿Qué estás haciendo ahora para el cine?
Este es un año donde no estoy filmando, pero estoy escribiendo mucho. Como te contaba, el cine tiene otro abordaje. Es más pensar en una estructura dramática sabiendo cual va ser el principio y el final.

¿Tienes claro cuál será tu próxima película?
No lo sé. Tengo una que tiene el guión muy encaminado, para filmar en Antioquia, Colombia. Y hay otro proyecto sobre la fotógrafa Tina Modotti, en México. Estoy con esas dos.

Haces cine y literatura. ¿Qué te gusta más?
Me gusta escribir literatura, pero me divierte mucho también estar en un rodaje. Me la paso muy bien filmando, me gusta editar y filmar.