Stephanie Day

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Alonso Molina

Stephanie Day está en el Daytona Park, y mira con atención lo que queda de ese parque de diversiones de otros tiempos: juegos abandonados, en ruinas, cubiertos por una gruesa capa de polvo. «¿Te imaginas lo que sería armar una fiesta acá?», exclama emocionada esta mañana. Acaba de llegar para la sesión de fotos y le ha fascinado esa idea.

Una atmósfera tétrica inunda el lugar, pero Stephanie lo cambia todo con su alegría.

Ahora da pequeños brincos hasta llegar a un carrusel con pequeños animales de madera y se queda viéndolos. «Este lugar me gusta porque me recuerda lo infantil que puedo ser a veces. Siempre se puede jugar hasta en lo más serio», dice la que fue una de las modelos más reconocidas de la ciudad, pero que ahora solo quiere dedicarse al diseño de modas, carrera que siguió.

Stephanie se considera infantil pero de una manera positiva, como ella misma dice. Cuando le toca divertirse y pasarla bien, lo hace; y cuando hay que tomar una decisión importante, se detiene a pensarlo bien sin perder esa sonrisa que hoy brilla bajo el sol.

Desde niña a Stephanie le gustó jugar. Cuando tenía quince años, solía llegar a su casa con las piernas llenas de moretones por los partidos de fútbol o básquet que jugaba en su colegio. Eran deportes de contacto que podrían haber resultado duros para cualquier adolescente de su edad, pero que a Stephanie le encantaban. «Creo que de chica era un poco rebelde y me inclinaba hacia deportes masculinos, pero a medida que fui creciendo mi cuerpo cambió y el modelaje me ayudó a apreciar más mi lado femenino», dice.

Stephanie nunca imaginó que una foto en la sección de sociales de una revista sería su entrada al modelaje. Una amiga suya le contó que conocía a alguien que la había visto en esa sección y que le interesaba que ella se presentara al concurso Ford Models del 2007. La idea le pareció divertida, y Stephanie se presentó a probar suerte sin muchas expectativas. Quedó en segundo lugar. «Ese fue como mi trampolín a la fama», recuerda. En poco tiempo, la adolescente se convirtió en una experta caminando en tacos, y sus piernas dejaron de lucir amoratadas porque los partidos de fútbol fueron pasando a segundo plano. Su ascenso fue rápido, pero entre pasarelas, campañas para marcas famosas y editoriales de moda, la diversión se fue agotando lentamente.

Cuando tenía dieciocho años, Stephanie Day, una chica de casi metro ochenta de estatura, que había modelado para Benetton y desfilado para diseñadores como Sumy Kujon o Aní Álvarez Calderón, pensó en dejar el modelaje. «Era un mundo bonito, glamoroso e interesante –dice Stephanie–, pero para poder gozarlo tienes que ser alguien, es decir, tener los cimientos bien consolidados. Y a los quince años no estás totalmente formada como ser humano, menos para el mundo superficial de las modelos». A los veinte, Stephanie Day dejó de modelar. Ya no se sentía motivada, y a ella jamás le ha gustado hacer las cosas a medias sin esfuerzo de por medio. Entonces prefirió dedicar sus días a la pasión que la llenaba desde hacía un tiempo: el diseño de modas.

¿Cuál es el sueño de esta joven que se graduó de la escuela Mod’Art con una colección de cinco outfits unisex que impresionó a sus profesores? Pues tener su propia marca de ropa, explotar en sus creaciones el tejido artesanal y las fibras peruanas. Tener un mensaje de conservación medioambiental.

Tathata –palabra escrita en sánscrito, una lengua tradicional de la India– significa ‘lo que es’. En el budismo, esto quiere decir que los cambios constantes de la vida son lo que son y hay que aprender a aceptarlos.

Stephanie Day nombró así a la colección con que se graduó porque su trabajo fue producto de esos tres años en la escuela, de los cinco años que conoció de cerca el mundo del modelaje y de cada pasaje significativo de su vida. De todos ellos ha aprendido. «Es lo que es», sonríe Stephanie, la joven que hoy deslumbra a la cámara con su espíritu libre e infantil; la que, dentro de pocos años, se subirá de nuevo a las pasarelas. No para modelar, sino para ser aplaudida por lo que haya creado hasta ese día.