Pamela Gonzales

Escribe: Carlos Fuler / Fotos: Marco Garro

«¿Te imaginas lo que sería tener una tienda acá, en Soho, de acá a diez años?». Eso fue lo que le dijo Pamela Gonzales a su hermana, Romina, mientras caminaba por Nueva York en busca de telas para su primera colección. Entonces no tenía idea que un año después, en 2012, sería la inauguración de su tienda ahí, en Soho. No diez años después, sino tan solo uno. Así ocurren las cosas en la vida de Pamela Gonzales. Un día es una estudiante de Psicología; al otro, una diseñadora autodidacta. Un día diseña prendas para vender en Lima; al otro, se presenta en el New York Fashion Week. «A veces siento que mi vida es un poco como una película. Me ocurren cosas repentinas. Paso de un extremo malo a uno bueno en un segundo». Y eso es algo bueno. Porque si no fuese así, lo más probable es que el día de hoy no sería diseñadora de modas y no tendría una marca con su nombre y no se hubiese presentado en aquella semana de la moda y, mucho menos, tendría aquella tienda en uno de los barrios más exclusivos de la capital de la moda. No. No hubiese logrado nada de eso si es que la vida no viniese, de pronto, a hacerle algo a Pamela.

Algo como lo que ocurrió el día del accidente. Aquel día, Pamela tenía dieciocho años y era aún una estudiante formal de Psicología en Lima. Así como le aconsejó su padre. Ella le dijo que quería ser diseñadora, pero este le respondió que estudiara una carrera «seria», y así lo hizo. Y llevaba seis meses haciéndolo.

Entonces cayó. Un golpe en la cabeza, un derrame cerebral, cuatro días de coma, un mes y medio internada, dos meses más en su casa. No podía bajar las escaleras, no podía voltear la cabeza, no podía caminar, no podía estar cerca de radiaciones: no laptop, no celulares, no música, no televisión. Fue ahí que se lo preguntó: «¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Qué hubiese pasado si es que aquel día moría?». En su tiempo libre, Pamela Gonzales comenzó a dibujar y lo recordó. Aquella felicidad que ninguna otra cosa en el mundo le había dado. Fue ahí que le dijo a su padre que intentaría preparar una colección para venderla. Algo momentáneo. Dejó la universidad por seis meses. Hasta el día de hoy no regresa.

Primero vino un atelier en la avenida Los Conquistadores, en San Isidro. Luego constantes viajes a Nueva York en busca de telas. Varios meses de ensayo/error para crear su primera colección y postularla en shows de moda estadounidenses. Fue en setiembre de 2012 cuando presentó su primera colección en el Nolcha Fashion Week de Nueva York, la sección dedicada a diseñadores emergentes. Fue en octubre de ese mismo año que inauguró la tienda que lleva su nombre en el 311 West Broadway, en el barrio de Soho. Ahí donde ella y su hermana lo habían soñado como algo lejano. Fue ella, Romina –la escultora– quien se encargó del diseño de la tienda con su material favorito: el vidrio. Las decoraciones del techo, los maniquíes, los espejos, los colgadores. Todo hecho de vidrio. «¿Te imaginas lo que sería tener una tienda acá, en Soho, de acá a diez años?». No. Hoy Pamela ya no necesita imaginarlo.

Producción: Daniela Pereira  Styling: Alessandra Mazzini
Make up & Hair: Sara Nuñez  Asistente de producción: Micaela Payet
Agradecimientos: Pamela Gonzales, Cristina Benavides, Alexandra Santivañez y Miraflores Park Hotel
Locación: Suite Presidencial Miraflores Park Hotel, Av. Malecón de la Reserva 1035 Miraflores, Lima 610-8300