Paloma Santa Cruz

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Alonso Molina

Fue hace tres años. Un día, en su colegio, a Paloma Santa Cruz le dejaron una tarea: debía crear un producto o proyecto que reflejara una pasión suya. Esa era la indicación principal. Si bien no estaba segura de qué quería crear, Paloma al menos tenía dos cosas en la cabeza: el sueño de convertirse en médico y especializarse en Pediatría, y la pasión que le despertaba ayudar a los niños. Ayudarlos de la misma forma como su familia lo ha hecho desde 1990, a cargo del Hogar Angélica y Pedro de Osma Gildemeister, un albergue infantil ubicado en Ñaña, en la periferia de Lima. «Con ellos nació mi amor por ayudar, y cada vez que en mi colegio hacían servicios comunitarios, ofrecía el albergue para que todos fuesen a pasar el tiempo con los niños y colaborar».

Paloma –sonrisa fácil y rostro salpicado de pequeñas pecas– conoció el albergue desde los cuatro años, cuando sus padres empezaron a llevarla a los clásicos almuerzos navideños que los niños organizaban en agradecimiento cada fin de año, en diciembre. A medida que crecía, Paloma se interesaba por compartir más tiempo con los niños de todas las edades que vivían en Ñaña; al igual que con los pequeños con síndrome de Down que, desde el 2004 hasta hoy, son cuidados en la Guardería Casa Belén de Osma del centro de Lima.

Pero, entonces, ¿qué debía crear Paloma para ese proyecto escolar? Sabía que no podía inventar una medicina para curar cualquier enfermedad que padecieran los niños, pues apenas tenía quince años y aún no era la doctora que imaginaba ser. «En cambio sí podía escribir; es algo que me encanta. Por eso decidí crear un cuento para niños».

La literatura no solo es un gusto de Paloma que nació desde que era una niña, sino también fue la única opción que la hizo dudar sobre su vocación para la pediatría. Por estos días, antes de que en agosto próximo tome un vuelo hacia Washington para estudiar Medicina en la Universidad de Georgetown, Paloma está completando el bachillerato internacional de su colegio y tomando cursos de Literatura. Hace poco presentó una monografía sobre la corriente existencialista en el mundo de las letras, y usó dos libros favoritos: EL TÚNEL, de Ernesto Sábato, y EL EXTRANJERO, de Albert Camus. Pero Julio Ramón Ribeyro es quien más la ha sorprendido: cada vez que lee sus cuentos, se sumerge en aquellos relatos. Cuando leyó, por ejemplo, Los gallinazos sin plumas quedó doblemente conmovida: la historia de los pequeños hermanos que salían a las calles de Lima a colectar deperdicios le recordaba a más de un niño huérfano con los que jugaba en el albergue.

Martín es el título del cuento de Paloma Santa Cruz. Martín es un pequeño pajarito de la selva que nació con un defecto: no puede volar, pues sus alas atrofiadas no se lo permiten. Un ave que no puede volar está condenada a una lenta agonía cuyo dolor lo refuerza una familia que se avergüenza de ella y le da la espalda. Solo sería hasta después de que la familia nota su error, cuando empiezan a ayudar y valorar más a Martín, hasta que un día logra extender sus alas y volar. «Quería inspirar a los niños a que nunca se rindieran», sonríe Paloma.

Ella tampoco se rinde. Siempre quiere hacer algo más sobre lo que ya hizo, como guiada por una emoción inagotable que trazará su futuro. Por eso, cuando publicó las ediciones impresas de su cuento, donó la mayoría de ellas a un colegio de escasos recursos a cuarenta minutos de Cieneguilla, así como a varios hospitales de Lima donde hubiese niños. Por eso también sabe que no ha sido suficiente ese voluntariado que hizo el verano pasado en el área de Pediatría del Hospital de la Maternidad, donde vio a niños enfermos desde los tres meses de nacidos. Y sabe que no ha sido suficiente con hacer sonreír a los niños que viven en los albergues de su familia, a pesar de que lo ha hecho más de la mitad de su vida. Por eso Paloma regresará al Perú después de graduarse. Es una promesa que se ha hecho a si misma.

Dirección de arte y styling: Boris Ponce
Produccion: Mariana Chamot
Asistente de producción: Luciana Gamio
Maquillaje: Sono Salon