Nicole Gramegna

Por Raúl Lescano / Fotos de Rene Funk

Nicole Gramegna tiene una melliza. De pequeñas su madre siempre las vestía igual. Cada vez que su mamá regresaba de viaje, Nicole ansiaba ver qué ropa les traía a ella y a su hermana. Pero pronto, a los ocho años, dejaron de ser el espejo de la otra. Su hermana optó por los jeans, los polos y las gorras. Nicole, por los vestidos y los zapatos de charol. Con el tiempo, Nicole se transformó en una especie de asesora de moda de la familia cada vez que había una ocasión que requería la opinión del buen gusto.

Así como la moda puede ayudar a diferenciar a las personas, Nicole cree que también puede ayudar a combatir las diferencias injustas. Con el tiempo espera perfilar su moda y sus conocimientos a las labores sociales. «El arte es un incentivo para que la gente se desarrolle como persona, como país», dice Nicole, ahora diseñadora de modas. Las ganas, los trabajos y el pedido de talleres de arte de los niños del puericultorio al que fue hace poco demuestran a Nicole que el potencial está ahí, oculto.

A los dieciséis años pasó la Navidad en el Camp Rising Sun, uno de los principales programas de Louis August Jonas Foundation, una organización norteamericana dedicada a formar a jóvenes líderes. Nicole fue la representante peruana en un campamento de cuatro meses con ochenta mujeres de distintas partes del mundo. Aquella Navidad, antes de la cena, cada una de las participantes tuvo que sacar de una caja un papelito que indicaba a qué clase social pertenecería esa noche. A Nicole le tocó ser pobre. Las de la clase alta veían sus mesas llenas de lomos fileteados, vinos finos y postres. Las de clase media olían las lentejas, carnes y los refrescos que les servían. Nicole y su grupo tuvieron que conseguir agua de una laguna para acompañar el plato de arroz que les tocaba. Una vez que todos estuvieron listos nadie pudo comer cuando vio el plato del otro.

Para Nicole, que estudiaba en Toquepala, en el colegio norteamericano de la minera donde trabajaba su padre, la vida ya era una especie de campamento al estilo estadounidense. Su infancia ahí la recuerda como una vida sana donde jugaba tenis con sus amigos en lo que parecía un club de golf gigante. Así que ese viaje a Clinton, en las afueras de Nueva York, no fue tanto una experiencia turística sino una lección de vida, que, ahora, recuerda constantemente para delinear su futuro.

Hasta hace poco, Nicole pensó viajar a París para hacer un posgrado, pero ha decidido postergarlo. «La gente piensa que uno termina de estudiar diseño de moda y pone su marca de ropa, pero no es así de fácil. Son necesarios una serie de conocimientos y experiencias que solo saliendo de una escuela no los tendrá. Tienes que pisar el campo de trabajo. A veces se aprende más en una fábrica que en una escuela». Ahora Nicole trabaja en la fábrica de Carolina Store. Si bien se graduó de la escuela Mod’Art con una colección minimalista de vestidos blancos y elegantes, en la fábrica se dedica a analizar conceptos de uniformes para distintas empresas. Para llegar a los diseños de alta costura para boutiques, Nicole sabe que el camino correcto es la experiencia, conocer al detalle los términos de acabado que día a día examina pensando en dar el siguiente paso y seguir dibujando los diseños que imagina cada vez que se pone sus infaltables audífonos.

En el campamento de líderes, Nicole tuvo que escribir una carta para ella misma que le enviarían de vuelta una vez que cumpliera veintiún años. La carta le llegó el año pasado, y no puede contener su risa al leerla. Habla de una pareja formal, de hijos, de terminar una carrera. Si pudiera escribir ahora otra carta para recibir de acá a unos años, hablaría más bien de una marca propia y de un proyecto
para visibilizar el potencial artístico de niños de bajos recursos.

Fotos: Rene Funk
Produccion: Luciana Gamio
Direccion de arte y styling: Boris Ponce
Maquillaje: Paola Chiarella para Sono Salon

Agradecimientos:
Showroom Dasso / Versace / Butrich / Lola / La Pulga