Micaela Méndez Wagner

Escribe.Carlos Fuller M. / Fotos: Adrián Portugal

El pelo es una cascada castaña que pareciera no tener final. Pero sí tiene. Micaela Méndez Wagner está ahora recostada en el suelo; pantalón negro, chaleco de jean. Su pelo se esparce en el piso blanco del estudio de fotografía como tinta en el agua. El pelo fluye libre ahora, antes no.

Hoy tuvo clases. En el Villa María las mechas se guardan con una cola o con una trenza. Ahora son las cuatro de la tarde, ya acabó el colegio. Y, como tantas otras veces, Micaela ha pedido permiso para irse antes de la hora de salida. Eso viene haciendo desde los quince, cuando comenzó a modelar. Ahora tiene dieciséis y ya ha recorrido una pasarela luciendo vestidos de los diseñadores Ani Álvarez Calderón, Andrés Sardá y Claudia Jiménez. Caminando con su 1.77 de estatura –más los centímetros que la alargan los tacos–, llevando esas prendas que no fueron pensadas para niñas de dieciséis.

Cuando modela o posa frente a una cámara, como ahora, Micaela Méndez Wagner es irreconocible. Mirada decidida, el pelo y el cuerpo dominados. Antes, no. Antes del maquillaje y del peinado y de los flashes, ella se sienta calladita en una silla esperando a que alguien le hable. Porque Micaela no siempre fue la imponente modelo. Hubo un tiempo en el que ni siquiera usaba tacos y la obligaban a maquillarse.

Micaela odia las barbies. Desde siempre. Incluso cuando vivía en Venezuela e iba al nido. Prefiere recordar las playas del país donde nació o las tardes frente al Super Nintendo con sus primos o jugando a las peleas con su padre.

Mono: así la apodaban de niña, porque le encantaba treparse a los árboles. O jugar al fútbol.
Pero este deporte no lo practicó hasta que llegó a Perú, a los ocho años, y ya siendo una alumna del colegio Villa María. Cuando no hacía eso, salía a correr tabla. Podía hacer todas esas cosas, pero no sabía caminar en tacos. Mientras sus amigas morían por la ropa y el maquillaje, ella prefería vestirse en jeans anchos sin ningún tipo de pintura en el rostro. Cuando su padre mandaba de Venezuela alguna prenda para familiares varones, ella se la terminaba quedando. Era más cómodo. Al llegar la época de los quinceañeros, su madre prácticamente la obligó a maquillarse.

Fue ella la que la inscribió a Micaela en la escuela de modelos de Mónica Chacón, con la esperanza de que explorase más su lado femenino, sin saber qué pasaría después. Sin saber que participaría en el concurso Elite Model Look Perú y que quedaría entre las catorce finalistas. Que, en su primer desfile, luciría prendas Emporium, del diseñador peruano Jorge Salinas. O que, como el año pasado, la llamarían para desfilar en el LIF WEEK para cinco diseñadores diferentes: Andrés Sarda, Ana María Guiulfo, Claudia Jiménez, Ani Álvarez Calderón y Moda & Cía. Vestidos de noche y lencería. «Creo que al estar metida en este mundo he aprendido a interesarme más por la moda. He aprendido a maquillarme mejor, a combinar mi ropa», dice Micaela mientras descansa de la sesión de fotos. Sentada en su asiento con el maquillaje aún puesto y la mata de pelo enorme por todos lados.

Producción & Styling: Daniela Pereira
Make up & Hair: Chiara Traverso
Asistente de producción: Micaela Payet
Agradecimientos: Pulga La Tienda, Berlín 290 -3 Miraflores, Telf: 4454349, www.pulgalatienda.com
Ropa: Bodie estampado Camote Soup/ Camisa denim celeste Powerpop/ Chaleco denim desgastado Sara Helen/ Short denim tachas Sara Helen/ Sostén encaje negro D.A.G/ Sostén pequeño encaje hueso Rot.