Gabriela Urmeneta

Escribe: Carlos Fuller / Fotos: Ronald Martínez

Alejandra Álvarez es muy cariñosa.
Gabriela Urmeneta no tanto.
Alejandra usa cerquillo.
Gabriela prefiere el pelo largo y suelto.
Alejandra es fashion. Siempre lleva lentes, cartera y miles de accesorios en el pelo.
Gabriela no es fashion. En invierno usa chullo para hombre.
Su madre dice que se viste como uno y suele obligarla a ponerse maquillaje.
Alejandra ama el teatro y el cine. Sobre todo las películas animadas y las historias fantásticas.
Gabriela no tiene mucho interés ni por el teatro ni por el cine ni por la televisión. Solo mira películas que la mantengan despierta. Como The Fast And The Furious.
Gabriela es amiga de Alejandra.
Alejandra tiene una discapacidad intelectual: síndrome de Down. Gabriela la conoció trabajando para Best Buddies, una ONG dedicada a la creación de amistades entre estudiantes universitarios o escolares, y jóvenes con habilidades diferentes. Para ser amigos.

Pero, ahora, Gabriela Urmeneta no está con su amiga. Ahora Gabriela está de pie, al centro de un parque de San Isidro, llevando solo una falda larga de gasa y una blusa sin mangas. Es una tarde de invierno: a diez grados centígrados, una garúa leve cae. Gabriela está en una sesión de fotos, una como las que ha hecho para el catálogo de Kidsmadehere o la editorial de Fashion Lab. Este año ha comenzado a modelar. Y, mientras la fotografían, Gabriela se enfría. La garúa escarapela la piel de sus brazos. Descubiertos, helados, frágiles como estalactitas. Todo en Gabriela parece débil y ligero como una pluma, porque las plumas flotan. Así como cuando ella era niña y soñaba con ser un astronauta. Así como los lunes, miércoles y viernes cuando se va a nadar. Lo hace desde los seis años. Y no porque le guste el agua, sino porque le gusta sentir su cuerpo flotar. Como una pluma.

Así flotaba a los siete años, una tarde, en una piscina, cuando, de pronto, ocurrió el accidente. Se acercó otro chica de su edad para jugar con ella. Era una niña con síndrome de Down y quería abrazar a Gabriela. Son muy cariñosos pero, a veces, no controlan muy bien su fuerza. Y aquella niña no lo supo hacer. Gabriela se estaba ahogando y no la quería soltar. Tuvieron que meterse a la piscina para sacarla a tiempo.

Desde entonces, tuvo miedo. Y seguiría teniéndolo durante muchos tiempo, hasta su último año en el colegio. Por iniciativa propia, Gabriela siempre tuvo interés por ayudar a otras personas. Se prestaba como voluntaria para colectas de la campaña Ponle Corazón, que asiste a enfermos de cáncer. También trabajó en Un Techo Para mi País y participaba en competencias de natación para recaudar fondos para el Puericultorio Pérez Aranibar. Y fue en aquel último año que su tutor le propuso unirse a la ONG donde él trabajaba: Best Buddies. A pesar del temor, Gabriela aceptó. Entonces, conoció a Alejandra.

Ahora, Gabriela está sentada en un taxi con un chullo en la cabeza y dos casacas encima. Se la ve pequeñísima con tanta ropa encima. Y piensa en Alejandra. En las cosas que hace con ella.

«Es bravazo. Puedo llamarla cualquier día y visitarla. Si hasta nos hemos peleado, como con cualquier otra amiga. Vamos al cine o al teatro o a las fiestas de otros chicos. La otra vez fuimos a ver La Bella y la Bestia. Es graciosísima, por cómo habla, cómo le responde a la gente. Pero, eso sí, es súper nice. Va vestida con sus lentes y su cartera y sus accesorios. También le gusta nadar, como a mí. Hasta ahora no lo hemos hecho juntas, pero creo que sí podría. Antes tenía miedo, pero ya no».

Gabriela se ríe cuando recuerda las veces que salen a comer juntas. Dice que Alejandra se come todo y, tal vez, ni le deja. Como la vez que fueron a comer pizza al Jockey Plaza, que, al terminar, salieron a caminar por la parte de atrás del centro comercial, entre los autos, hasta perderse. Era tarde, habían andado mucho. Entonces, Gabriela le dijo a Alejandra que estaba cansada. «Ya, amiguita, ya vamos a llegar», le respondió. «Tranquila, siéntate acá», apuntando a una vereda. Y ahí se sentaron las dos, una al lado de la otra. Gabriela recostó su cabeza en el hombro de Alejandra y esta le comenzó acariciar el pelo lentamente. Y, a pesar de que Gabriela dice no ser una chica cariñosa, en ese momento, en la tarde y entre los autos, pensó que no, que después de todo eso no estaba tan mal.

Producción & Styling: Daniela Pereira
Asistente de producción: Pia Gonzales-Vigil
Make up & Hair: Carla y Claudia Cillóniz para C&C MakeUp Artists&Stylists / 967784142 / 954777115
Ropa: Tienda Pulga Berlín 290 – 3, Miraflores / FB: Pulga la tienda Perú