Claudia Oliveira

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Erasmo Wong

Claudia Oliveira quiere más tiempo. Lo quiere desde hace siete meses, cuando Emil nació y se convirtió en lo más importante de su vida. Por eso ahora toma decisiones en función del reloj: mientras más rápidas y sencillas sean las fotos o pasarelas que tendrá, mucho mejor, porque así pasará más tiempo junto al niño que esta mañana salta inquieto en su regazo.

Tiempo es lo que menos le ha sobrado a Claudia Oliveira en su veloz vida. Dejó su natal Iquitos a los quince para irse a Suiza a vivir durante siete meses. Un año después regresó al Perú y quedó primera finalista del concurso que la agencia Ford Models hizo en el país; a los veinte años se independizó de su familia, y a esa edad también fue elegida mejor modelo del 2009 por El Comercio; y en el 2012 fue la imagen del LIF Week edición verano. Ahora Claudia sigue viviendo rápido, pero los motivos han cambiado.

¿Cómo ordena su vida esta modelo de cuerpo esbelto y ojos pardos para no descuidar a su hijo? «Siempre hemos acoplado a Emil a nuestras vidas; por él nunca hemos dejado de hacer cosas», dice Claudia, refiriéndose a ella y su esposo Erasmo Wong, el fotógrafo del que quedó enamorada a los pocos días de conocerlo, en febrero del 2011, padre de Emil, con quien huyó a Nueva York a vivir durante cinco meses; el mismo que también sabe de vivir veloz, tomando fotos desde Cuba hasta Rusia, pasando por Namibia y Tailandia.

Sus días son agitados, pero Claudia siempre consigue crear momentos memorables. «Me encanta desayunar con él y Erasmo en la cama», explica la modelo. Desde niña Claudia siempre ha disfrutado de esos momentos pequeños en apariencia e inmensos en significado. Sencillos, pero entrañables. Como aquellos carnavales que jugaba en Iquitos hasta terminar empapada de agua y pintura. Como cuando, junto con Erasmo, salía temprano de su casa en Chelsea –en el West Side de Manhattan– para fotografiarlo todo, y solo se detenían a almorzar comida tailandesa. O como los días con Emil en el balneario de Asia, donde la familia de Erasmo tiene una chacra repleta de cultivos y animales que andan por doquier.

Mucha gente no entiende cómo Claudia se da tiempo para ser modelo, diseñadora de su marca de ropa Wild Diamond, madre y esposa al mismo tiempo. Recuerda aquella vez, durante una sesión de fotos, cuando le preguntaron por qué no dejaba a Emil con una nana para que pudiera trabajar más tranquila. Ella respondió que todo trabajo podía esperar, pero su hijo no. Él es su tiempo y mucho más. «Con él –dice Claudia– he aprendido que el amor es infinito. Incondicional e infinito».

Producción: Mariana Chamot
Maquillaje y Peinado: Roberto y Giordano
Ropa y accesorios: MNG