Gabriela Gastelumendi

Escribe: Rodrigo Alomía / Fotos: Kami Velvet

Esta tarde Gabriela Gastelumendi está echada sobre un sofá largo de terciopelo rojo. Es del mismo color del labial que lleva. Solo que sus labios emanan un rojo más intenso que combina perfectamente con su piel blanca, apenas cubierta por un polo negro a tiras que descubre algunos tatuajes en sus brazos y sus piernas desnudas que están suspendidas en el aire. Ensaya otra pose para la cámara. Alborota sus cabellos castaños con sus manos y sonríe. Un lunar, cerca de su labio superior, es como la cereza del pastel. Esta tarde, cuesta creer que Gabriela no se considere sexy.

Es es una chica conocida por ser un músico underground, rebelde, que se considera poco femenina. Un chibolo, como ella misma se describe entre risas. Tuvo que aprender a ser sexy pues se lo exigía la telenovela en que actuaba, Avenida Perú. Era algo nuevo para ella, la muchacha que ya tantos fanáticos había recogido como vocalista de la banda de rock peruana Las amigas de nadie. Muchos de ellos se defraudaron de verla en una faceta mediática que contradecía su figura indie-rockera, y que tuvo como clímax su aparición en el reality show Combate. Las piedras venían de todos lados y no eran sencillas de esquivar.

«Yo estaba firme en mi decisión, pero los fans se alocaron. Pensaron que me había vendido cuando en realidad estaba experimentando algo nuevo. No pretendí ofender ni dañar a nadie. En todo caso, a la única que podía haber dañado era a mí misma», dice Gabriela. Quizás esas facetas y giros que da a su vida hacen de Gabriela una mujer atractiva: tener ese deseo por la vida, el querer sentirlo todo, tocarlo todo, hacerlo todo. Años atrás, cuando aún era una escolar, Gabriela habría sentido vergüenza y preferido dejar de hacer las cosas por miedo a lo que dirían los demás. Así era ella. Siempre al tanto de que sus conocidos no tuvieran algo con qué molestarla. Así, la niña se refugió en la música que escuchaba su padre. Entre Caetano Veloso hasta Mozart, pasando por Led Zeppelin, el enamoramiento de Gabriela y la música la llevó a escoger el Conservatorio de Lima en vez de la Arqueología o la Medicina Forense, dos carreras que también quería seguir. Pero la decisión fue otra: quería ser cantante lírica.

La chica que se metió a clases de clown para aprender a disfrutar de lo que quisiera sin depender de la aprobación de los demás. La que algunos ven como rebelde por pararse detrás de un micrófono para hacer rock, y otros como una bomba sexy que enamoró a la televisión. Ni uno ni lo otro. Gabriela solo quiere tomarse las cosas con calma; regresar a la televisión, pero alejada de los realities, y seguir cantando a todos lo que piensa. Ser todo y ser ella al mismo tiempo.

Maquillaje y peinado: Sono Salon
Producción: Pia Gonzales Vigil
Asistente de Producción: Cathering Chang
Ropa y accesorios: La pulga e Isadora