Alejandra Lulli

Escribe Carlos Fuler / Fotos Ronald Martínez

Desde hace varias semanas, en los revisteros de las cafeterías se han visto flyers negros engrapados a las portadas de las publicaciones. Dicen: «Punto Tessuto», en tipografía blanca, seguido de: «Lujo & Calidad Para La Alta Costura». También se ha visto a una mujer castaña de ojos celestes llegar a las cafeterías con un engrapador en la cartera. Su nombre es Alejandra Lulli. Y aquellos flyers le han valido varios clientes y un celular que no para de sonar. Ella es importadora de telas italianas de lujo. Ha provisto a diseñadoras como Ani Álvarez Calderón, Claudia Jiménez y Ana María Guiulfo, quienes se quedaron impresionadas con la calidad de las piezas que les trajo. Igual de impresionados habían quedado los profesores de Alejandra cuando, al graduarse, presentó una colección con material de la misma calidad. Pero eso había ocurrido tres años antes, cuando ella aún no tenía idea de que las telas se convertirían en su obsesión.

Era fines de 2011. Luego de tres años estudiando Diseño de Modas en el instituto Mod’Art, Alejandra Lulli se graduaba y debía preparar la colección que se presentaría en el desfile final. Aquel año, y durante dos meses, pudo viajar a Italia en busca de telas e inspiración. Estuvo en Roma, en Venecia y en Florencia tomando fotografías y haciendo apuntes. Su enamorado se reía de ella porque la veía fotografiando puentes florentinos, los acabados de los balcones y hasta las manijas de las puertas. Pero para ella tenía sentido porque Alejandra veía las texturas y las formas y se imaginaba las mismas en sus prendas. Fue ahí que se contactó por primera vez con la compañía textil Piacenza, aquella que provee de telas finas a casas de alta costura como Burberry, Lanvin o Chanel.

De aquel viaje trajo veinticuatro metros de tela, lo suficiente para las cinco prendas de su colección. Se demoró un mes en prepararla y Alejandra se graduó como primer puesto. Sus profesores le preguntaron de dónde había obtenido aquellas telas. Fue entonces que ella lo pensó: si tanto habían gustado, tal vez podría venderlas acá, en Lima. Después de todo, en Sudamérica no existe un lugar donde se pueda obtener cachemira 100% puro. No existen las telas de lujo que usan los diseñadores europeos.

La idea siempre rondó por su cabeza. Incluso cuando dejó el Perú para irse a vivir a Milán. Y fue en un viaje a Lima que se decidió por traer una importación muy pequeña: cincuenta metros de tela, como para ver si podía haber clientes. No solo vendió todo, sino que las diseñadoras le pedían veinticinco metros de una sola variedad. Fue así que, a fines de 2012 –y por teléfono, desde Milán– hizo los trámites para crear la empresa importadora Punto Tessuto. Para enero de este año llegó por avión su primera importación. Mil metros de tela. Casi cuatrocientos kilos. Lanas finas, cachemiras, baby alpaca, sedas, cashgora, angora y lana para sastre. Por ello está de visita en Lima. En marzo, Alejandra regresa a su hogar, en Milán. Y cada día, hasta entonces, termina a las once de la noche, luego de infinitas reuniones con diseñadores locales. Apenas tiene tiempo para salir a tomarse un café. Pero cuando está ahí, sentada con la bebida en las manos, siempre hay tiempo para rebuscar entre los revisteros y sacar el engrapador.

Producción: Daniela Pereira
Styling: Alessandra Mazzini
Make up & Hair: Chiara Traverso
Locación: Casa García Alvarado. Larco 311, Miraflores.
Agradecimientos: Ana María García Alvarado e Ingrid Woll
Ropa y Accesorios: Rot. Dag. Camote Soup en Tienda La Pulga en Miraflores