Alejandra Bambarén

Por Pablo Panizo / Fotos de Augusto Escribens

No recuerda bien si fue el día que cumplió veintiuno o el que cumplió veintidós. En la vorágine de diseñar, confeccionar y vender la ropa de Mírala, la marca que creó junto con su socia Stefanía Noriega, los últimos años han pasado demasiado rápido para Alejandra Bambarén. Fue, en todo caso, uno de esos días en los que uno se levanta con ganas de hacer lo que suele aplazar. Alejandra cogió sus pinturas, fue hasta Miraflores y tocó la puerta de la casa que había visto un tiempo atrás: grafiteada, por un lado, y descuidada, por otro; era una buena oportunidad para hacer su primera pinta en la calle, y la dueña aceptó sin problemas. Pintó un gato, un perro y un ratón hablando desde una nube que salía de sus cabezas abiertas. El mensaje no lo recuerda con exactitud, pero sí sabe que pintar generó en ella lo mismo de siempre: una sensación de libertad plena.

Hoy, a sus veinticinco años, Alejandra sabe que dedicarse al diseño de modas fue una decisión inteligente. Dice que es maniática, pero luego se corrige. Es en realidad perfeccionista, y se preocupa por cada detalle. Quizá por ello Mírala no solo ha logrado consolidar una personalidad propia, algo vital en el mercado independiente, sino también que ha permitido a Stefanía y a ella ingresar al gigantesco mundo de las tiendas por departamentos para quienes diseñan y confeccionan prendas a pedido.

Sin embargo, con Mírala reservado como el espacio independiente para dar rienda suelta a su creatividad, y la confección para grandes tiendas como una oportunidad de obtener mayores ganancias, en Alejandra han despertado las ganas por hacer de la pintura algo más que un hobby al que dedicó siempre horas de descanso. Impulsada por el primer mural que hizo en Miraflores y pintas que llegaron luego [desde una terraza en un techo hasta el mismo baño de su departamento, donde pintó un jardín inspirado en Alicia en el país de las maravillas] ha creado junto con su novio y su hermano La Lata, una empresa dedicada a pintar todo lo que se pueda pintar. Desde guitarras hasta frontis de restaurantes pasando por sillones o cuartos.

«Ver arte en la calle es mucho más bonito que ver todo gris. A cualquiera le hace bien pintar; te permite ser tú mismo por un momento», piensa Alejandra. Es difícil saber si se disfruta más pintando o diseñando ropa, probablemente en el fondo sean algo muy parecido: diseña para ofrecer a sus clientes ropa con la que realmente se sienta cómoda, con la que se identifique; pinta para permitir a la gente disfrutar de la calle

Producción: Nicole Bazo y Michaela Salazar De Souza-Peixoto
Asistente de Producción: Luciana Gamio
Maquillaje y peinado: Paola Chiarella y Patricia Llontop
Agradecimientos: Zapatos Lola / Coco Jolie / Topshop /
Neff Headwear / Stance / Pacsun / Steve Madden / Black Velvet / Bebe