El sonido desnudo

Escribe: María Jesús Zevallos / Foto: Fernando Criollo
¿Pueden el hombre y la naturaleza hacer las paces gracias a la melodía de una guitarra? El músico peruano Andrés Prado dice que sí.
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El Teatro Municipal de Lima fue el lugar de encuentro de la banda Perujazz con dos artistas invitados. Uno de ellos fue Andrés Prado, el guitarrista peruano conocido en el mundo por proyectos como SHAMÁNICO [2012], en el que explora sonidos ritualistas de la selva, y el otro fue Andrés Prado Quintet, un grupo de jazz contemporáneo que Prado conforma con músicos estadounidenses.

Pero, si le dieran a elegir, el músico de pelo largo y figura delgada, preferiría vivir tocando su guitarra para la naturaleza. «He encontrado un auditorio fascinante en San Bartolo», cuenta Prado, casi susurrando, como dice todas sus palabras. Allí, en ese balneario al sur de Lima, el guitarrista se sienta y toca frente a los pelícanos, frente al mar. Es algo que ha llegado a disfrutar mucho por estos días. «Esta idea de tocar en un sitio cerrado para nosotros mismos, los humanos, es como encarcelar la intensidad de la energía creativa». Para él, la conexión con la naturaleza es lo que impulsa al artista a crear. «Se cantaba para hacer llover, se cantaba para curar; todo era uno».

Andrés Prado ha viajado por el mundo con su guitarra. Estudiando guitarra clásica y luego evolucionando hacia la guitarra eléctrica en el jazz, el peruano ahora busca la reconciliación de él mismo con lo que lo rodea a través de la música. «La guitarra es un método canalizador», dice Prado, vestido de negro y rodeado de sus guitarras acomodadas en sus estuches. «Es un instrumento de cuerdas que te permite tocar las otras cuerdas verdaderas, las cuerdas del alma». En eso se basa la esencia de la música, asegura Prado: en encontrarse a sí mismo. Siempre tratando de escuchar la voz propia, sin imitar.

Tocar en la selva, tocar en la costa, frente al mar, en las montañas, en las cuevas –explica el músico– es la comunión que él busca siempre en su vida. A Andrés Prado, la naturaleza le muestra cosas. «Siempre vemos cómo nos puede servir, mas no cómo podemos ser parte de ella», dice Prado, y sonríe. «Y eso te lo puede dar el arte».