Después de La Haya, los negocios continúan

Juan Carlos Fisher

Escribe: Luis Felipe Gamarra / Foto: Marco Garro
En los próximos días la Corte Internacional de Justicia dictará el esperado fallo respecto al diferendo marítimo entre Perú y Chile, marcando punto final a un litigio que lleva cinco años en un tribunal, pero más de un siglo en el imaginario de dos países. Juan Carlos Fisher, Presidente de la Cámara de Comercio Peruano Chilena, analiza este desenlace desde la voz de los empresarios.
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Juan Carlos Fisher Tudela nació en Viña del Mar, en Chile. Alguna vez soñó con ser cantante, como aquellos que escuchó de niño en el parque Quinta Vergara. Pero en 1973, a los diecisiete años, y a solo dos meses de que el General Pinochet encabezara uno de los regímenes más feroces de América Latina, el padre de Fisher emigró con su familia al Perú, donde los esperaba otra dictadura. Fisher nunca llegó a ser cantante. Sus talentos lo condujeron al sector privado, donde se desempeñó con éxito en el mundo de los seguros. Precisamente, estas habilidades lo llevaron hasta la Cámara de Comercio Peruano Chilena, donde terminó como Presidente, quizá en el momento más complejo entre los dos países desde la Guerra del Pacífico. No obstante, para Fisher, en este lapso, el vínculo entre el sector privado de ambos países no solo se ha mantenido, sino que se ha profundizado. Pues así como los políticos les corresponde esperar con serenidad el fallo –sostiene Fisher– a los empresarios les toca seguir trabajando al margen de a qué país se le dé la razón.

En 2008, cuando se presentó la demanda contra Chile ante La Haya, ¿se generó algún tipo de preocupación entre empresarios de ambos países?

No. Si bien fue una situación que pudo enturbiar la relación, nunca hubo una verdadera preocupación. Existen dos temas que les preocupa a los empresarios: seguridad jurídica y apertura para las inversiones. Como ambos factores han existido en todo este proceso, nunca hubo por qué alarmarse. Si en algún momento se retiraban los embajadores, o se llegaba a un clima que generaba impases entre las dos diplomacias, tal vez. Pero nunca se llegó a nada parecido.

¿Qué significa, para la clase empresarial de ambos países, el hecho de que los políticos tanto de Perú como de Chile, se hayan reunido para declarar que se respetará el contenido del fallo?

Para nosotros es una consecuencia lógica de lo que ya habían anunciado los dos presidentes desde el principio. Tanto Piñera como Humala han manifestado en más de una oportunidad que se respetará la sentencia en todos sus alcances.

Si le dan la razón a uno u otro, ¿no se afectarán las relaciones comerciales?

No. Si gana el Perú, los supermercados chilenos no se van a ir. Si gana Chile, la familia Brescia no va a vender la cementera que les costó 600 millones de dólares. Lo que nosotros miramos son los 20 mil millones en intercambio comercial. Existen importantes inversiones no solo de chilenos en el Perú, sino de peruanos en Chile, como las de los Brescia, los Romero y los Graña. Existen lazos entre los grupos económicos. Este vínculo no se va a acabar por un fallo.

El Grupo Angelini, de capitales chilenos, invirtió 80 millones de dólares en una planta para procesar derivados de la anchoveta en la frontera con el Perú. En este caso, ¿no se podría generar un impase? Si le dan la razón al Perú van a perder mucho dinero.

Eso se lo tendrías que preguntar a los voceros del Grupo Angelini. Pero el negocio de la pesca es una inversión voluble. Es un tema que depende no solo de una frontera marítima, sino del curso migratorio que siguen los peces. La pesca es una timba. Lo importante es que las reglas del juego para los negocios no van a cambiar en ninguno de los dos países. Simplemente se pone solución final a un tema que estaba pendiente para el Perú, no según Chile, a través de un árbitro imparcial.

¿Cómo ven en Chile a los empresarios peruanos?

Como miran a cualquier inversionista que viene de un país con una economía que crece por encima del 6% desde hace una década, con desarrollo sostenido, estabilidad jurídica y reglas claras. El capital no tiene bandera. Cuando se hace bien, es atractivo venga de donde venga.

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Inversiones bilaterales

El año 2012, mientras el abogado Alain Pellet acusaba al equipo chileno de inventar límites marítimos, la inversión peruana en Chile alcanzó un máximo histórico de 7 mil millones de dólares. Entre las últimas inversiones peruanas en Chile, Fisher destaca las adquisiciones del Grupo Brescia, que, además de Cementera Melón, sumó a su portafolio la empresa Tricolor. Graña y Montero compró Vial y Vives Ingeniería y Construcción, así como Compañía Americana de Multiservicios. El Grupo Romero, presente en Chile a través de las firmas BCI, The Food Links y Terminal Arica, agregó dos fichas más a su cartera: IM Trust y Salmofood. Estas compras se suman a otras incursiones, como las de Belcorp, Intradevco, y las mineras Volcan, Hochschild y Milpo, sin enumerar la apuesta gastronómica, que suma 264 restaurantes, con inversión por encima de los 300 millones de dólares. A la relación empresarial, se suma el TLC, así como la Alianza del Pacífico. Para Fisher, suficientes elementos como para que ambos países respeten un fallo en un sentido u otro. Sin embargo, no son razones para eliminar ese recelo que poseen miles de peruanos contra sus vecinos.

A muchos peruanos les incomoda que los chilenos siempre estén intentando apoderarse de la gastronomía peruana.

Eso es una reverenda estupidez. ¿Acaso alguna vez hemos visto a un embajador de Italia quejándose de que existan pizzerías en el Perú que le ponen nombres peruanos a las pizzas? ¿Acaso un embajador del Japón reclama por qué nos apropiamos de sus maquis inventando uno acevichado? El hecho de que una empresa neozelandesa le ponga a uno de sus productos ‘suspiro de limeña’ debe ser tomado como un honor, no como una afrenta.

¿Los empresarios, así como los políticos, están preparando una agenda pos Haya?

Nunca hubo una pre, un durante ni un pos. Los empresarios hemos seguido en nuestros temas, al margen del litigio, profundizando las relaciones comerciales entre los dos países. Desde hace años, sin importar qué pase en La Haya, hemos venido trabajando una agenda de profundización de los lazos entre empresarios e intelectuales para tratar temas de interés para ambos países.

¿Cuál sería el peor escenario para los empresarios?

Nos preocupa más que se alteren las reglas del juego, que se desconozcan los TLC, que se retroceda todo lo avanzado en materia económica. No existen bases para pensar que los países no respetarán el resultado de la corte de La Haya. Existen varios pronunciamientos en ese sentido.

Hay roces entre ambas sociedades. ¿Cómo se analizan en la cámara el resentimiento de algunos peruanos contra los chilenos?

Este es un tema sensible. Pero diría que, salvo en el fútbol, es un tema manejable. El peligro está cuando esto se usa en forma inescrupulosa por políticos oportunistas. No existe nada peor que políticos que alientan la enemistad metiendo el dedo en la llaga del patrioterismo. Pero son temas que no tocamos. El empresario busca la oportunidad de negocio. Existe una cadena de supermercados, que fue de origen chino, que la compró un chileno de familia germana-ítalo-argentina, cuyo gerente hoy es un mexicano. ¿De qué estamos hablando?

El juego político

En el año 2007, el entonces candidato Ollanta Humala, trató de marchar a la frontera con Chile para lo que él denominó una “jornada patriótica” que consistiría en elevar la bandera peruana en el morro de Arica. En 2011, aún como candidato, Humala prometió en Tacna que si llegaba a la presidencia, iba a comprar un pedazo de ese mismo morro, para «demostrar a los chilenos que los peruanos tenemos dignidad». Fisher no olvida estas imágenes, pero trata de ser lo más diplomático al recordar este escenario.

¿Cuando el candidato Humala, que promovió una marcha rumbo a Arica, llegó a Presidente, fue un momento tenso para las relaciones empresariales entre ambos países?

Debemos ser cautos. Los empresarios somos conscientes de que lo que se dice en campaña no necesariamente se repetirá si se llega a la presidencia. Son hechos que tomamos en cuenta, pero sabemos que en el calor de las campañas electorales se dicen y se hacen cosas que quedan allí. En su momento, no fue un tema de debate ni preocupación entre los empresarios peruanos y chilenos. En estos dos últimos años nos hemos reunido empresarios, intelectuales y ex jefes de las Fuerzas Armadas de Chile en Arica, y nos hemos abrazado en el morro. Más que eso, imposible.

¿Les sorprendió a los empresarios chilenos el cambio del Presidente Humala?

Sí, pero también les sorprendió a muchos empresarios peruanos.

¿Las medidas de Humala para promover la inversión le parecen oportunas?

Son medidas fantásticas, elementos positivos. No hay ningún empresario en contra de eso.

Pero el Presidente Humala expresa frases infelices respecto a los empresarios, tildándolos de corruptos, panzones y abusivos. ¿Cómo lo toman los inversionistas chilenos?

Como en las campañas electorales, recogemos estos dichos en su contexto, al calor de un mitin. Son deslices que se pueden cometer, y los perdonamos. Yo preferiría que los políticos se manejaran en forma diferente, sin este tipo de entredichos, que le hacen daño a la sociedad. El Presidente Humala es el jefe de Estado, y debe comportarse como tal.

En este proceso, ¿cuál ha sido el logro más importante en las relaciones empresariales?

El desmitificar por fin que la inversión peruana no era bienvenida en Chile. Eso nunca fue cierto. Solo nos faltaba sostener una coherencia económica como la que hemos venido impulsando los últimos veinte años, para tener empresas sólidas capaces de emigrar a otros países. Estamos en camino a eso.