La Rosa Náutica

Por Nabil Katabi/ Fotos de Oliver Lecca
¿Dónde puede existir una vista al mar más espectacular? No hay. Con muchos años recorriendo el mundo y los mejores restaurantes de varios países distintos continentes, estoy seguro que no hay mejor vista que la que tiene la Rosa Náutica.
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Lima tiene esta joya que, tranquilamente, podría estar construida en el muelle de Brighton, Inglaterra. La Rosa Náutica reposa, desde 1983, en la costa limeña.
Para tener una visión única, el comensal debe ubicarse en las ventanas de uno de los tres salones principales. El problema [o la ventaja] es que una vez pegado a esta vista, la comida pasa al segundo plano.

La Rosa Náutica tiene clásicos como el ceviche espigón, las conchas a la parrilla, el arroz en luto o la tartita de lúcuma con enrejado de Alaska, que son muy logrados. Pero las fallas superan los éxitos, y es probable que el público, esencialmente turístico, no se dé cuenta que un ceviche mixto con una crema sour, un saltimboca al pomodoro o un pollo a la mandarina, no tienen mucho sentido en este local.
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El servicio sufre de deficiencias. Cómo se puede esperar veinticinco minutos por un ceviche. O recibir cinco conchitas a la parilla en una mesa de tres. ¿Qué hacen los mozos distribuyendo ricos panes de quinua, como hechos en casa, con auriculares durante todo el servicio? ¿En realidad reciben instrucciones permanentes desde la cocina? Es difícil de creer.
La carta también sufre de ‘larguitis’: empieza con los platos del día, pasa por las rondas, las bienvenidas, los ceviches, los tiraditos, las entradas calientes… y termina en pastas, arroces, carnes de pluma, guisos y platos de olla, de la parrilla y postres. Un recorte de la mitad de platos es imperativo.

La bahía de Lima, la isla San Lorenzo, La Punta, los surfistas corriendo olas, las aves del Pacífico; sea bajo el sol de febrero o bajo el cielo gris de agosto, La Rosa Náutica ofrecen un escenario extraordinario para cualquier comida.
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Sería también extraordinario que la carta sea simple, dirigida al mar, con sabores precisos y sin complicaciones innecesarias en los platos como el Pulpo San Martiño: tajado sobre cremosa salsa de limón, confitado con jengibre y cebollas de cambray, hojas de menta para refrescar y choclos tiernos.

Mientras tanto, siempre nos queda comer un ceviche de lenguado con un chilcano, mirando el lejano horizonte marítimo: simple y hermoso.
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