¿Cebiche Fast Food?

Por Nabil Katabi / Fotos de Oliver Lecca
Hijo de Olaya es una cebichería al paso a pocos metros del óvalo Gutiérrez y una nueva opción para los aficionados a la comida marina.
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El restaurante queda en la avenida Comandante Espinar, habitada por locales profundos y estrechos, colmada por una gran variedad de oferta gastronómica. Azahar, comida árabe; La Parmesana, productos italianos; La Pava, sánguches contundentes; y muy cerca Café Café, New York Burger, Starbucks, La Lucha, TGI Friday’s , Mc Donald’s y Chili’s.

En medio de esta múltiple oferta de comidas rápidas, Hijo de Olaya lleva un concepto nuevo y refrescante: un cebiche al paso que está abierto incluso hasta de noche. Un lugar en el límite de Miraflores y San Isidro con espíritu de puesto de mercado y con la misma dinámica; ahí donde el trabajador come sentado en una barra y en tan solo diez minutos para volver a la jornada.

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Los cebiches son buenos. El pescado es fresco, la sazón picante [sin que el ardor ataque el paladar] y no lleva Ajinomoto. Cuando lo probé, el pescado del día era perico, cuyas virtudes gustativas comienzan a ser reconocidas por los comensales. Además es una buena opción alternativa ante la corvina o el lenguado, que se venden a precios estratosféricos. Todo sale rápido. Y, aunque al cebiche mixto le faltaron langostinos, sus pequeños y delicados caracoles estuvieron deliciosos.

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El chilcano de cortesía llegó después de los cebiches, un ligero caos que va con la decoración industrial, los temas de mercado y la música rock a volumen alto. Aunque este concepto ya está desarrollado en Lima, en Hijo de Olaya ha sido bien ejecutado con elementos como balanzas, lámparas de almacén y ajíes que cuelgan, una gigantografía del terminal pesquero y la cocina a la vista. La carta es reducida y está visible en la entrada, un pizarrón al estilo de los carteles del Grupo 5.

La propuesta más contundente es el súper combinado Teo: cebiche Olaya de pescado, chicharrón de calamar y chaufa Alianza Lima. Esta combinación XXL pocas veces vista en un mismo plato define sin duda el local: trozos de pescado crudo sobre el arroz chaufa con un ligero sabor dulce que combina muy bien con el ceviche, aunque el chicharrón de calamar salió con un crujiente muy grasoso.

No hay vino ni cerveza en Hijo de Olaya, solo chicha, agua e Inka-Cola. ¡Podría quedar bien el concepto cebiche-bar y unos grados más de alcohol!

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