Criaturas de papel arrugado

Edición 135

Escribe: César Ochoa / Fotos: César Campos
Un papel arrugado puede ser el arranque de furia de un origamista frustrado, pero también una obra de arte. El español Luis Matías Santos es capaz de decorar escenografías con pliegos arrugados o convertir una simple hoja de periódico en un fiero minotauro, un ornitorrinco o un hongo hiperrealista que unos caracoles se comieron

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La esposa de Luis Matías Santos trabaja en Indecopi, una entidad que vela por la justa competencia y derechos de los consumidores. Todo el día está entre folios, documentos e informes: puro papeleo. Luis Matías también trabaja con papeles, pero su oficio, dice, es más divertido: el origami. «Origami hiperrealista», para ser exactos. Una técnica que no se encarga de hacer esos clásicos avioncitos, barquitos o gallitos, sino minotauros furiosos, dragones alados o duendes legendarios. O hasta un Hamlet que sostiene una calavera. Y todo con un simple papel, una sola pieza que muta a formas insospechadas.

Todo empezó como una terapia. Luis Matías nació en Valladolid [España], y descubrió el origami a temprana edad, entre los cuatro y cinco años, cuando su madre notó que cuando su hijo al concentrarse en doblar el papel dejaba de ser ese niño hiperactivo que le ponía los nervios de punta. Desde entonces, Luis Matías ha dedicado su vida a domar pliegos en sesiones que sobrepasan las ocho horas diarias totalmente abstraído del mundo. Si le das un papel que tiene una cara negra y la otra amarilla, hará un tigre con rayas. Si lo ves en el bus o en una sala de espera, estará con las manos ocupadas. Él pliega, despliega, repliega y sobre todo arruga el papel, pero jamás lo corta o le unta pegamento. En su filosofía, eso sería hacer trampa.

«El origami es el arte más puro», dice Luis Matías. «Cuando haces una escultura de piedra, tallas; cuando trabajas con arcilla, añades barro. Nosotros, no. Con un papel conseguimos todo lo que queremos», subraya con un marcado acento español. Este artista del papel, sin embargo, va más allá. Forma parte del colectivo francés de origamistas llamado Le Crimp, que se traduce como ‘arruga’. Y eso es precisamente lo que hacen todo el tiempo en medio del campo, donde tienen su taller. Arrugan el papel con pliegues milimétricos hasta formar lienzos que parecen telarañas que se abren como flores. Con estas sábanas de papel adornan museos, obras teatrales y cualquier tipo de escenografía. Le añaden efectos de luces y sonidos. Los han llamado Los anarquistas del papel por hacer del papel arrugado verdaderas obras de arte.

Por estos días, mientras se prepara para una convención de origamistas en Zaragoza [donde presentará junto con Le Crimp un tornado gigante de quince metros hecho de papel arrugado], está experimentando con agua y yeso como sustancia para endurecer los pliegos. Bajo ese concepto está haciendo una colección de brazos que se secan en el microondas y que será un juego de ajedrez en que cada pieza se representará con señas de los dedos.

A veces, luego de estar todo el día plegando, Luis Matías no puede dormir. Cuando cierra los ojos sigue doblando papeles en su mente. Y si de pronto encuentra la fórmula, el camino para llegar a una forma determinada, se levanta de la cama a seguir creando. Es obsesivo. El origami es su forma de vida. Su primer hijo nacerá en junio y desea –en clave de humor– que no salga «arrugado».

El origamista que escucha hip hop en francés mientras trabaja, hace un tiempo aceptó realizar un dragón que le tomó dos meses de trabajo. Dice que no volverá a aceptar un trabajo así. Y no porque tenga pereza, sino porque no produce en serie. Él valora cada pieza en su real dimensión. No es para menos: hay toda una vida de especialización detrás de cada obra. De hecho, una vez hizo unos coloridos hongos de papel arrugado que se parecían tanto a los reales que terminaron siendo devorados por los caracoles. Fue el mejor elogio de su vida.