TOC TOC

Por Bruno Ascenzo
bruno176

Yo no quería estar en TOC TOC. Yo quería estar en Hairspray. Mi amigo Fisher (Juan Carlos para los desconocidos) estaba escogiendo los elencos para ambos montajes, y mi persona, soterradamente, complotaba junto a la de Gisela Ponce de León para convencer al susodicho de que me incluya en el elenco. No lo logramos. Por más de que me aprendí los pasitos y hasta le atiné a algunas notas de la canción, mis amigos de Los Productores me recitaron con absoluta verdad teatral el temido «no eres tú, soy yo» de los actores: «no nos llames, nosotros te llamaremos». Jesús Neyra hizo el personaje y me dejó en claro porqué yo no podía pretender ser la versión nacional de Zac Efron. Aplausos merecidos para él.

Días después me escribe Fisher y me cita a almorzar. «Quiero que estés en mi próxima obra», me dijo. «No quisiera que me ofrezcas trabajo por lástima», le respondí. Se rio. Me explicó sabiamente que a veces los actores creemos que podemos hacer de todo y que eso no es así, y que no ser elegido para determinado personaje no pasa por las razones de falta de talento que los torturados intérpretes siempre nos achacamos sobre las espaldas, si no por muchas otras decisiones que un director debe tomar en determinados momentos. Además, reza el dicho, hay que confiar en que cada obra encuentra a su propio elenco. Y le creo. (Y lo compruebo años después). Y le agradezco la sinceridad. «Lee el texto y me cuentas si te provoca», añadió obligándome a pagar el ceviche ingerido.

Quién hubiera dicho que el personaje y la obra que no quería hacer terminarían siendo tan importantes en esta caminata a la que a veces llamamos carrera.

Este es el cuarto año que hacemos TOC TOC. El 12 de julio de 2012 estrenamos y el pasado jueves 12 de febrero volvimos a pisar la rayada alfombra del teatro para hacer la función número doscientos. Bueno, ‘volvimos a pisar’ es mucha gente. Yo no pisé nada. Y no digo más porque spoileo.

Cuatro temporadas en Lima. Una en la Biblioteca Nacional. Tres en el Luigi Pirandello. Ninguna función cancelada. Dos temporadas en Lima Norte. Arequipa. Piura. Cuzco. Ciento veinte mil espectadores. Dos giras por venir. Siete actores originales y catorce como familia extendida.

Conocemos nuestras rutinas. Melania es la que llega más temprano. Es la más puntual de todos. Gianella, mimetizada con Blanca -su personaje-, regala handsanitazer y perfume energizante a todo aquel que pase por detrás del escenario. Wendy me grita ‘¡CAMBIATE!’ antes de empezar cada función, intentando derrumbar mi extraña manía de no ponerme el vestuario de Otto hasta que empiece la obra. No podríamos empezar sin ese grito de batalla. Melissa aún conserva el guión original de la primera temporada. Histórico. Alfonso siempre tiene una historia que vale la pena escuchar, y Carlín –con su buzo de bolsa de basura y sus zapatitos de tela blanca con horma de goma para pisar suavecito- no deja de buscar -y encontrar- el preciso momento para originarte un intenso ataque de risa que, como corresponde, nadie del público debería notar.

No es común tener la posibilidad de hacer una obra por tanto tiempo. Seguir descubriendo sus secretos y delineando aún más sus personajes. Mucha gente nos pregunta hasta cuándo seguiremos. Ni nosotros lo sabemos. Creemos que esta podría ser la última temporada. Pero para qué te digo que sí, si no. Desconocemos mayormente. Lo único que tenemos claro es que este grupo de trastornados pacientes nos adoptó y nos hizo sentirnos parte de algo grande. Entre ensayos, viajes y temporadas nos fuimos descubriendo también fuera del escenario. Y nos caímos mejor. Nos permitió emocionarnos y emocionar. Crear vínculos. Cultivar amistades. Nos permitió ser parte de un grupo. Uno de esos que recordaremos siempre por las sonrisas, peleas, soroches, caídas, olvidos de letra, ataques de risa y hasta lágrimas contenidas detrás del escenario.

Amigos trastornados que se van corriendo a sus casas después de cada función para continuar con sus disparatadas vidas, y que volverán a reencontrarse al día siguiente frente a setecientas personas que como nosotros también quieren reír a carcajadas. Acompáñanos en el teatro. Si te la pierdes, el del trastorno eres tú.