No te dejes engañar

Cuando caes en la cuenta de que los costosos productos de belleza no son la única salida para alcanzar el bienestar físico ni mucho menos espiritual

pamela

Esta mañana salí a comprar a una tienda por departamentos. La aventura tenía la intención de ser corta: iba en busca de un lápiz de labio color anaranjado coral que se me había acabado. Entré con el propósito de ir directamente a la casa de maquillaje donde suelo comprar ese, mi color favorito, pero como tenía algo de minutos para pasear me dejé llevar por los carteles publicitarios que tenían encima los stands de productos de belleza. «Piel más firme y limpia en 10 días», «Te verás como hace 10 años», «Que tu piel brille como nunca ha brillado», «No más celulitis», y cosas por el estilo que me permito parafrasear porque todas tenían el mismo tono de vendedor inescrupuloso.

Luego pregunté por los precios de esos productos y me asusté. ¡Lo que se puede gastar alguien en una crema es impresionante! Verdaderamente las mujeres (y los hombres cada vez más) estamos dispuestas a invertir sumas exageradas de dinero en comprar esas cremas que prometen, bajo juramento de eslogan, devolvernos el aspecto de nuestros años pasados o hacernos perfectas en cuestión de segundos y hacernos brillar como nunca antes.

Pensé que nuestra cultura es bastante curiosa. Nos hemos acostumbrado a pagar sumas de dinero exorbitantes por cosas que alivien nuestros síntomas. Preferimos pagar por una pastilla para los dolores de cabeza, o tomar una pastilla ansiolítica, echarnos una crema para devolvernos el brillo en la piel o levantarnos flacidez antes de preguntarnos si hay otros caminos para lograr resultados más reales. Pero no, preferimos pagar por la engañosa inmediatez, por la ruta fácil, por ahorrarnos el sacrificio de analizar a conciencia los caminos que elegimos tomar para sacar adelante nuestra existencia.

¿Es realmente necesaria una crema que le devuelva el brillo a tu piel? Yo creo que no. Las personas de mi entorno, quienes están muy comprometidas con búsquedas más profundas en el campo físico y espiritual, poco compran esos productos. Y no es necesariamente por austeridad, sino porque vivimos en una época en que la información desmitifica una buena parte de los engaños que hemos seguido con fe ciega, como el calcio en la leche de vaca, la exclusividad proteica de la carne animal, el dogma religioso, y ahora también las cremas de belleza.

El brillo en la piel se puede alcanzar, como alguna vez me enseñó mi prima Carla Pimentel –mi gurú de estética y nutrición– a través de la alimentación. Si alguien gasta cientos de soles en una crema para el brillo de tu cara y luego se dedica todos los días a tomar alcohol, está cayendo en una inexplicable incongruencia. El alcohol matará, oxidará y deshidratará no solo tu piel, sino todo tu organismo, al afectar la hormona antidiurética y acabar con la vitamina A almacenada en la piel, y hará que pierdas la elasticidad. Carla me dio una gran lección cuando me hizo botar las cremas en las cuales invertía para mi cuidado estético y en su reemplazo me enseñó a tomar extractos de verduras y frutas, batidos de superalimentos (alimentos con un especial y alto contenido de macronutrientes y micronutrientes), y a cuidar y concientizar cada cosa que ingería para entender sus efectos en mi organismo. Aprendí que la piel tiene una forma de brillar desde adentro, y no solo cuando está bajo el efecto instantáneo y fugaz de una crema comercial.

Por otro lado creo que no somos lo suficientemente agradecidos con la naturaleza y no reconocemos sus bondades y regalos. Casi me da un infarto al ver lo que costaba una crema desmaquilladora. ¡Tan cara y tan innecesaria! Acaso las personas que compran no conocen el aceite de coco? Nunca tendrás que comprar una crema desmaquilladora si descubres ese producto. Es más, el aceite de coco, regalo de nuestra naturaleza, no solo quita el maquillaje sino que es uno de los mejores reparadores e hidratantes para la piel. Y también alimentan la piel el aceite de almendras, y de jojoba, de palta, de sésamo, solo por nombrar algunos de los productos de belleza que he probado mejores que las trampas marketeras como las que vi en aquella tienda.

Es una buena época para existir si de derribar mitos se trata. La naturaleza y la conciencia ofrecen un camino absolutamente válido no solo para la belleza, sino también para la espiritualidad, para el desarrollo holístico de los seres humanos. No digo que sea el único, pero funciona. Pero seguro, cada vez que alguien toma conciencia de esto, hay una industria que comienza a temblar, cuyo CEO va directamente a su departamento de marketing a ver de qué otra manera nos puede seguir atrapando en sus anzuelos, planeando campañas de marketing que nos vuelvan a esclavizar. No te dejes engañar.