Sola es imposible

Por Pamela Rodriguez

pamela167El 2014 me ha dado dos nuevos hijos que debo cuidar y atender diariamente. No son de carne y hueso, pero no por eso exigen menos de mí. Se llaman Anima y La Sanahoria.

Anima es la marca de ropa que dimos a luz a principios de este año con mi mejor amiga de toda la vida: la modelo Anahí Gonzales. Anahí y yo somos mujeres muy diferentes, pero son esas diferencias las que han enriquecido nuestra amistad y nuestro vínculo en Anima. A veces bromeamos con que ser socias es más como ser esposas que mejores amigas; nos peleamos, negociamos, debemos ponernos de acuerdo y, aunque a ratos parece difícil e incluso imposible, siempre logramos sacarnos una risa y volver a ser las mismas amigas que somos desde que teníamos ocho años.

El trabajo creativo de Anima es intenso. El mundo de la moda se mueve a una velocidad vertiginosa: antes de que la temporada comience, ya se está trabajando en la siguiente. Pero al lado de Anahí todo resulta sencillo porque también supimos elegir al equipo correcto. Roxy, Maria Fe, Milagros, Sara y Neil son nuestros acompañantes en esta aventura y ahora, después de casi un año, ya todos tenemos claras nuestras funciones y, sobre todo, una meta en común: hacer que Anima sea la marca de nuestros sueños; la tienda que nos gustaría encontrar en cualquier ciudad del mundo en términos de diseño de moda, ambiente, música y atención.

La Sanahoria abrió sus puertas hace poco más de un mes. Es la más pequeñita de mis bebés, pero me hace sentir una madre elefante: tardó más de dos años en gestarse. En este proyecto me acompaña mi prima Mariana García, hija de la hermana de mi papá, con quien crecimos en una familia/tribu muy unida. Mariana es una de las personas que más admiro en el mundo. Su capacidad de trabajo solo la he visto en presidentes de empresas multinacionales: manda emails a las cuatro de la mañana, contesta los que le mando de manera inmediata y, la verdad, ¡no sé cuándo duerme!

Pero Mariana y yo no solo contamos la una con la otra, sino también con toda la familia. A menudo, mientras montábamos la tienda, se llenaba de integrantes de los Rodríguez-Arnaiz, que nos ayudaban a pensar y a ordenarnos, y aplicaban su criterio frente a las decenas de problemas que se presentaban todos los días. Las hermanas de Mariana y su cuñado, el primo Ignacio, fueron fundamentales. Ahora que el local abrió, se incorporaron otras personas al equipo, y no sabría decir cuál es más simpática, eficiente y capaz. Alessia, Ariana, Amarilis, Gustavo, Felipe… todos han sido claves para que el proyecto fluya con naturalidad. Forman un equipo que propicia un ambiente inspirador y alegre, y contribuyen a que La Sanahoria sea una experiencia mágica.

Con frecuencia las personas me preguntan cómo me doy abasto para hacer tantas cosas a la vez. Con esta columna quisiera responderles: uno nunca hace nada solo. Es imposible. Todo gran proyecto se debe a la suma de sus partes, y la unión del talento humano permite que las ideas más maravillosas puedan cristalizarse. Sin cada una de las personas que menciono en estas líneas ni Anima ni La Sanahoria serían posibles. Y yo no puedo más que sentirme afortunada de tener tantos compañeros de viaje.

Los mejores proyectos de vida son como barcas a remo en las que cada uno de sus tripulantes, desde su posición, asume su responsabilidad. Lo único que hay que tener claro es la dirección en común, y eso, en ambas iniciativas, no solo está claro, sino también lleno de amor. Larga vida a mis nuevos bebés.